martes, 24 de abril de 2018

SORPRESAS REVOLUCIONARIAS EN UNA MISIÓN

TRANSCRITO DESDE LA REVISTA LIBERAL Y JACOBINA DE CARETAS 

EN LIMA EL ROSTRO "HUMANO" DE UNA NUEVA IGLESIA
Un sacerdote- el Padre Rouillo- entre las luces de la ciudad. Otro- el Padre Ampuero- frente a las fábricas, sumergido en el mundo del trabajo. Un laico- el ingeniero Héctor Gallegos-Parado en frente a la Catedral, desde donde lanzó el domingo el Pregón que anuncio el lanzamiento de la Misión Conciliar. Una Iglesia nueva, agresiva, lanzadas a las calles y barriadas, profundamente revolucionaria, con laicos en los púlpitos y sacerdotes frente a las cámaras de televisión, pretende crearse un nuevo rostro. Un rostro comprometido en el quehacer del hombre, que disuelva la vieja y alejada imagen de una institución distante, paternal, delicada a los rituales y a la mística. El mensaje del Vaticano llega a Lima. Las decisiones del último concilio, reafirmadas por Encíclicas violentas, deben cumplirse. Caretas en esta nota refleja el inesperado cambio, señala sus dificultades, penetra en la pugna interior de las que quieren dar el salto y los que se aferran a viejas tradiciones.


¿SILENCIO?

La Iglesia sale de los claustros, abandona la Clausura, quiere dialogar con los hombres, reasumir el mensaje evangélico; luchar desde la pobreza, con la pobreza, contra la pobreza. La nueva Iglesia se decide por su Misión Social y quiere que los católicos hallen a Dios a través del prójimo, sin distinción de ideologías: que es el mensaje enviado del Vaticano.
LA IGLESIA YA NO QUIERE QUE SOBEN A LOS SANTOS
El último domingo la Plaza de Armas fue escenario- una vez más- de interés, sin embargo, no fue esta vez la política concreta y cotidiana: una institución más amplia, internacional, lanzo el mensaje de su propia renovación. “El Vaticano vino a Lima”, pregono el Ing., Héctor  Gallegos luego que el Cardenal Landázuri inauguró el innumerable, sorpresivo, diverso programa de actividades de la Misión Conciliar. Como simbólico anticipo de un cambio de actitud, la tradicional procesión de Corpus Christi, se realizó con un ritual inusitado; en lugar de seguir los fieles al Santísimo, fue el santísimo el que dio vueltas a la plaza en donde se había celebrado una misa cantada, con participación laica.

Este lanzamiento culmino una serie de misterios y febriles preparativos que al decir del Padre José Michenfelder – del centro de información Católica- unirán en una sola a dos palabras hasta ahora incomprensiblemente antagónicas Revelación y Revolución.

El último domingo 20, en los 700 lugares de culto con que cuenta el Arzobispo de Lima, hubo cuatro personas en cada puerta. Todas llevaban en sus manos talonarios de tres colores diferentes. A cada uno de los que entraba les entregaban  un papel con una oración: la de la Misión Conciliar. Muchos la habían guardado “por si las moscas”, otros porque les gusto; la mayoría “porque no se tira la Palabra de Dios”.
Pero todos ignoraban que esa plegaria ahorraba explicaciones para la gente que estaba realizando un censo: el de asistencia a Misa, ordenado por el Padre Augusto Bauzeville, cabeza sociológica del clero limeño.
Como las Iglesias suelen tener muchas puertas, más de 4 mil personas, encabezadas por 78 estudiantes de sociología de la U. C. – que a su vez habían adiestrado 700 responsables- cumplieron esa misión apostólica. Los colores de los talonarios permitían diferenciar sexos y edades. Una estratégica marca en el papel registraba el índice de los que llegaban tarde. Dentro de la Iglesia, mientras tanto, otros observadores anotaban el número de comulgantes.
No era la primera vez, en los últimos meses, que la Iglesia se lanzaba a la calle intentando escudriñar la opinión pública, los escalones de la fe, la mentalidad  de los limeños. Un gigantesco censo- único en el mundo- acabar de acumular 400 mil fichas en las oficinas cubiertas de mapas de Bauzeville. Durante un mes, más de tres mil voluntarios, visitaron barrios residenciales y barriadas llevando el saludo personal del Cardenal Landázuri- “que quería tomar contacto directo con sus fieles “– asediando a amas de casa y trabajadores con preguntas que abarcaban desde condiciones de salubridad hasta el grado de acercamiento con la fe.
Estos inusitados esfuerzos eclesiásticos tratan de crear bases de orientación para lo que se ha dado en llamar “la salida de la Iglesia al mundo”; la Misión Conciliar, que comenzara a lanzar su prédica sobre Lima en los primeros días del mes próximo.


LA IGLESIA: UN PRODUCTO MODERNO     
Los propósitos de L Iglesia Peruana no son pequeños: pretenden cambiar la mentalidad de los fieles, promover una verdadera conciencia cristiana, es decir social y preocupada por el prójimo, romper con los viejos esquemas de la beatería y acercar al seglar y al sacerdote para que actúen juntos. Para que comprendan- de acuerdo a lo pactado en el Concilio Vaticano II y a las encíclicas posteriores- que como Dios se encarnó en Cristo, la Iglesia debe estar en el mundo humano, con sus problemas reales, encarnada en el dolor y  la pobreza. Para lograr estos fines no desdeñará los medios de difusión de masas- radio, televisión y cine- y está embarcada en una explosiva campaña publicitaria con lemas tales como: “Un producto moderno que fue fabricado hace veinte siglos”… El mensaje  de Cristo con mentalidad de hoy para los hombres de hoy y la Lima de hoy.

Se prevé también la participación de los Dolton en un testimonial definidamente yeah- yeah, por cierto y los miembros  del         clero, como lo demuestra nuestra caratula, no desdeñarán aparecer ante las cámaras con bellas modelos minifaldicas, como Mani Rey y la canalcuatrisima. Cuando se cerraba esta nota, un sacerdote golpeaba las puertas de la habitación de Carmen Sevilla, pidiéndole colaboración en la campaña cuidadosamente planeada por una agencia muy laica de publicidad: Protzel international.

Ya el decreto sobre los medios de comunicación social del Concilio Vaticano Segundo, afirmaba: “Entre las maravillas de la tecnología que Dios ha dispuesto que el genio humano descubra en Su creación, aquellas que tienen un efecto poderoso sobre el pensamiento de los hombres son las que interesan más a la Iglesia. Estos son los inventos que facilitan la comunicación de noticias, el conocimiento y la ciencia”.
La Iglesia peruana no ha perdido el tiempo. Radio Santa Rosa – vocero "tradicionalista” y conservador – y la más moderna y postconciliar Radio Luz, lanzan cotidianamente sus mensajes sobre Lima. La poderosa emisora de Puno y la repartición de radios a transistores, entre los campesinos no desmienten la nueva vocación comunicante. No en vano el 5 de mayo se celebró en lima la Jornada Mundial de Medios  de Comunicación Social.
El Padre Juan Cruz – un pasionista español que vino especialmente a promover la Misión – explico entonces a CARETAS. Había – todavía hay- un dualismo entre la Iglesia y el orden temporal. La misión tratara de solucionar ese divorcio. Queremos una Iglesia encarnada”. Para lograrlo, Juan Cruz no vacila en utilizar una terminología que, antes del Concilio, hubiera parecido irreverente a vulgar en boca de un religioso: Hay que vender a Dios y el pulpito ya no sirve. Ocupa el noveno lugar entre los medios de comunicación sociales. Por tanto, es ineficaz”. La Iglesia utilizara entonces medios más populares y penetrantes. La palabra de Dios no se mancillara ciertamente por ello.
DAR LA CARA
Hablar desde esas hornacinas adornadas – pontifica el Padre José  Rouillon, uno de los tres asesores latinoamericanos de la Juventud Estudiantil Católica Internacional- es contraproducente. Crea distancias. Inclusive durante la misa lo justo es dar cara al auditorio. La mirada promueve el dialogo y la Iglesia se ha agotado de monologar”.
Para gran parte de los laicos – y para un gran sector del clero- este repentino afán de cambio resulta sorprendente. Las conciencias tranquilas abundan. ¿Qué es lo que hay que modificar? Si hasta con ir a misa, no hacer el mal, confesarse y comulgar bautizar a los hijos; educarlos en la creencia en Dios. Si se necesita ayuda y consejo allí está la Iglesia Madre, protectora y cuidadosa de sus ovejas; y los santos, mediadores del favor divino. Llevar una vida correcta, no comprometida por nada presuntamente malo, no cometer pecados demasiados mortales, temer al infierno, desear al cielo. Esto es, para la mayoría de los católicos, cumplir con Cristo. Y precisamente contra esa mentalidad pasiva arremete la Misión Conciliar. Necesitamos cambiar la conciencia de los cristianos- declaró Monseñor Mario Cornejo, Obispo Auxiliar de Lima- el peruano tiene un sentimiento católico arraigado, pero nada más. Está acostumbrado a ir a la Iglesia a pedir. No se siente miembro activo de ella. Apenas si es un buen cliente de Dios”.
Más cáustico aún, el Padre Francisco Ampuero – Director de las Hermandades del Trabajo- catequizo en la ascética sala del Convento de los Descalzos: Están equivocados los que creen que la salvación se logran masajeando a San Martin  de Porres. En Lima hay más superstición que religión auténtica”.
CATÓLICOS DE LA “A” A LA “E”
Por eso la monumental encuesta del Padre Bauzeville, cuyos resultados totales recién se conocerán cuando más de un millón de tarjetas perforadas hayan pasado por las fauces de la IBM, divide su muestra en

A-  Hostiles
B-  Alejados
C-   Indiferentes
D- Practicantes
E-   Militares.
Los hostiles y los militantes son pocos, poquísimos. La curva se acentúa mucho en los alejados y aún más en los indiferentes (aquí los que bautizan a sus hijos, se casan por la Iglesia y piden la extremaunción). Un 20 por ciento más de practicantes (aquellos que hemos descrito en “dar la cara”) completa el cuadro. Lo que en verdad quiere la Iglesia actual es que sus fieles sean militantes. Y para lograrlo necesita – como dice Mons. Cornejo – cambiar un estilo que durante siglos conformó al clero y a los fieles”.
Ese estilo, esa manera de ser católico tan peculiar, tan barrocamente supersticiosa, fue sondeado por CARETAS en una rápida encuesta grabada el domingo último en la puerta de los templos. De las muchas entrevistas realizadas, se señalarán algunas respuestas que pueden considerarse típicas de lo que la Iglesia quiere modificar.
A la primera pregunta: ¿tiene usted un santo de su devoción? Contesto un empleado de 29 años: “Según las circunstancias, según las necesidades, porque –usted sabe- cada uno tiene su especialidad”.
La mayoría manifestó su adhesión a San Martin de Porras, porque “es muy milagroso” y a San Hilarión “para cuestiones de plata”.

No es que el clero considere necesario desterrar esta mística ingenua, sino hacer comprender que hay una misión cristiana más profunda: Descubrir a Dios –declaro el Padre Rouillon – a través del otro del prójimo, de la definida acción social. Orar en ese contexto, sintiéndose parte del mundo, haciendo el bien para todos sin distinción de ideologías”.
La segunda y tercera preguntas de nuestro cuestionario trataban de sondear cual era el concepto de mal y bien de los entrevistados: ¿Cuál considera usted el pecado más grave? ¿Cuál la virtud más importante? Sorprendente fue la respuesta a la primera pregunta dada por Maruja Chávez –de 22 años.
Para ella lo peor no podía sucederle a alguien era no ser católico”. Mientras que para Elsa Hembler -24 años- el peor pecado era faltar al sexto mandamiento (“No Fornicar”) y la máxima virtud la castidad.
No parecieron muy seguros los entrevistados en cuanto a responder a una cuestión clave: ¿Qué es más importante ir a misa o realizar un acto de autentica caridad?
Frente a esa mentalidad simplista –lo que los teólogos nominan “catolicismo externo -los sectores más renovadores de la Iglesia se colocan armados de dudas, de preguntas, de necesidad de cambio.
LA VUELTA AL EVANGELIO
Los orígenes de esta necesidad que para los suspicaces equivale a esa capacidad de acomodo”, a esa “inteligencia jesuítica” que tendría la vasta institución, fueron sin embargo señalados con claridad por los sacerdotes entrevistados. Si bien para todos la renovación comienza con Pio XII, es el Concilio el que plantea los problemas del mundo.
“Éramos muchos y de todas partes –explica Monseñor Cornejo- y por vez primera intercambiamos experiencias, comprendimos el grado de nuestros errores”.
Para Rouillon, la Iglesia se reencuentra ahora con la original palabra de Cristo, retoma su mensaje. Juan Cruz opina lo mismo: Es una toma de conciencia, una renovación del apostolado”.
Esta postura no pretende permanecer en terrenos abstractos. Ojear un boletín de la Juventud estudiantil católica puede destrozar el corazón de los que creen –por ejemplo- que la Iglesia es un instrumento de lucha contra la izquierda, o un bastión de las tradiciones. En Nuestra Acción 1967” numero marzo-mayo, se acumulan las siguientes recomendaciones, fruto del “trabajo de reflexión” del año anterior: “Necesidades seleccionadas 1967. 1) Una juventud que no se preocupa por el cambio  de estructuras (de una sociedad egoísta a una sociedad comunitaria); 2) Una generación que no se preocupa en buscar su realización y personalización a través de su educación “. Entre la múltiple bibliografía los jóvenes de la JEC  deberían  leer este año títulos como: “El desarrollo Económico”, “Los países subdesarrollados”, “Los cristianos en la Revolución”, “Por la Revolución Africana”, “Subdesarrollo y Estancamiento”, “Dialéctica del Desarrollo”.
¿CONCIENCIAS CONFORTABLES?
Rouillon, por su parte, no desmiente hablando, el influjo de la preocupación social suya y de su gente:
” Es preciso cambiar la concepción de la empresa y ponerla al servicio del hombre. Para ello es indispensable que desaparezcan las Sociedades Anónimas en donde se oculta el capital. Es necesaria también la creación de frentes obreros con conciencia de clase. No podemos olvidarnos más que la razón de ser de la Iglesia es el mensaje de Cristo: No anunciamos negocio ni reino personal. Cualquiera que lea el Evangelio y las encíclicas deberá comprender que la opción son los pobres”.
  Para Rouillon no se ora ni se predica  el evangelio concreto y como resultado los católicos –especialmente los pudientes- viven con lo que intrépidamente llama “conciencia confortable”. Este confort despreocupado de la conciencia justificaría la famosa frase de Lenin: “la religión es el opio de los pueblos”. La solución estaría dada por el cambio de mentalidad: “Un vuelco de los valores individualistas –dinero, apariencia, absolutismo de la propiedad- hacia el respeto por la persona, la democratización de la enseñanza, la desaparición de las clases sociales”. Rouillon cree que este vuelco es patrimonio de la juventud, afirma también que a nivel mundial los jóvenes toman posición en contra de la guerra, en contra de la división de los pueblos, por la unión del hombre universal, que es el símbolo de Cristo.
Estas declaraciones pueden parecer aventuradas y hasta poco religiosas. No es así. Rouillon no niega el valor de la adoración y la plegaria, pero piensa que la trascendencia tiene un nuevo sentido, que la oración se enriquece, “se colorea” en el contacto con el mundo.  


LA HERMANDA EN EL TRABAJO
No menos drásticos estuvo, frente a Caretas, el Padre Ampuero.
Después de Pablo VI ya que nadie puede acusarnos de comunistas”, Mas de 25 mil obreros conocen  ya la labor de las hermandades del trabajo y comprenden que más allá
“de esa vaina de las procesiones”. Para Ampuero la existencia de  injusticia social es un hecho innegable, Discrepa con lo que el comunismo niega, pero no con lo que afirma. Con 15 laicos (5 mujeres y 10 hombres) y un ayudante –el Padre Pedro Cantella- a censado fábricas y oficinas, indagando el estado material y moral de los que trabajan. Es partidario de la predicación dialogada, discutida. “Porque si la Iglesia se aleja, ellos se alejaran aún más”. No se cansa de repetir una frase de Pio XII que ilumina su tarea: Es de lamentar  que la materia  salga ennoblecida de las fábricas  y el hombre embrutecido”. Entre los 46 principios que rigen el quehacer de las hermandades –desde conferencias hasta vacaciones:
 “20- Propugnamos una justa participación en la riqueza que producimos  y afirmamos  que defraudarnos  en nuestros derechos sagrados es un delito  contra la dignidad de la persona”.
22- pedimos la supresión de privilegios y concesiones exclusivistas que destrozan el orden económico, social y cristiano”.
29 –Acusamos de traición a cuatro trabajadores, por coacción o por propio interés no defiendan, en sus puestos de responsabilidad, los derechos de sus hermanos”.
Este cúmulo de santa violencia desorientará seguramente no sólo al católico tradicional, al confortable, sino al suspicaz, al que tiene siempre en boca palabras como las de la señora que vi entrar  a todos los padres de la misión a una reunión previa, en la cuadra 24 de la Avenida Brasil:
“- ¿Qué ocurre hoy…? –preguntó.
“- ¿Qué el Señor Cardenal se reúne con sus sacerdotes…
“–Ah… algo estarán tramando…”.
EL QUE HACE EL ANGEL HACE A LA BESTIA
Después de todo, no le faltaba razón. La Iglesia está tramando su nuevo rostro, armada de paciencia pero al mismo tiempo, entusiasta. El salesiano Alejandro Cussianovich reconoce que falta tiempo para el momento en que pueda decirse francamente: esta es la cara de la Nueva Iglesia. “La vida nos ha tomado de sorpresa”, afirma. “Todavía sufrimos de angelismo y olvidamos la frase de Pascal: Qui fait 1” ange fait la bete”.
Cussianovich, asesor de las juventudes en el Callao, también realizo el sueño de su encuesta propia. Descubrió que los alumnos reprochaban  -en un 85 por ciento- a sus maestros su incapacidad de educar, de responder a la palabra a la palabra humana  en lugar de dar lecciones áridas. Señalo que un 80 por ciento de adolescentes acusaron de culpables de la delincuencia juvenil a un ente importantísimo pero poco respetado: el vínculo entre Padres e hijos, esa relación deteriorada por el criollismo y la incomprensión.
Son los propios Padres católicos los que dicen a sus hijos –insiste Cussianovich- que no se preocupen por quimeras, que el sacrificio no vale la pena, que cada cual se arregla como macho, como individuo en competencia selvática. Pero esa juventud que en un 45 por ciento fue incapaz se señalar virtudes positivas en las personas mayores es, para  el salesiano, la que portará la buena nueva, el evangelión. La que no hará traición al bautismo.
Ellos construirán la ideología a través de la acción revisada y gargarizarán menos que nosotros”.
LA LECCION DE MAR DEL PLATA
Concretamente, los tres puntos esenciales de la Misión Conciliar serán:
1-   Renovación de la conciencia cristiana.
2-   Vigorización de la vida cristiana.
3-   Plan Pastoral de Conjunto.
Es en este último parágrafo donde se concentrara sin lugar a dudas la discusión interna, la contradicción latente en la Iglesia misma. El Plan Pastoral de Conjunto, incluye la actuación de los laicos, los sacerdotes y la jerarquía en una sola obra común. La humanización, que implica la trascendente divinización del hombre. Pero sucede que los que han seguido de cerca los avatares de la Iglesia en Latinoamérica después del Concilio, no olvidan las posiciones encontradas que se delinearon en la Décima Asamblea Extraordinaria del Consejo Episcopal Latinoamericano  (CELAM) que se reunió en Mar del Plata (Argentina) entre el 11 y 16 de octubre del año pasado. La retórica Declaración de Mar del Plata decepciono a los que esperaban entonces el nuevo rostro “y demostró que el choque de las dos líneas de pensamiento reveladas por el Concilio Vaticano II no había dejado de tener vigencia.
La ideología de las dos corrientes en pugna puede sintetizarse así:
La Pasiva, que predica la necesidad de una Iglesia modalista, entregada a la Liturgia y a la caridad. Sus cultores temen ver a la Iglesia comprometida en cualquier  tipo violento de cambios sociales.
La activa, “resuelta a que la Iglesia promueva al hombre”, aliente las reformas de  estructuras que los países americanos necesitan.
El mismísimo Pablo VI, en su mensaje al CELAM se encargó de refrendar la posición de los activos”, recordando a los prelados que se reunían “para examinar la presencia de la Iglesia  en el desarrollo y la integración de América Latina, puesto que es el tema éste que interesa a las naciones deseosas de participar en la comunidad de los pueblos con toda su vitalidad y el peso de su fuerza”. La penetrante audacia del texto papal cosechó fervorosos adeptos. Además del revolucionario brasileño Monseñor Helder Cámara,  Obispo de Recife y Olinda, figuraron brillantemente Marcos MacGrath (Panamá), Eugenio de Araujo Sales (Brasil), José Dammert (Perú), Ramón Bogarin (Paraguay) y los argentinos Vicente Zazpe, Alberto Devoto y Jerónimo Podestá.
Pero los conservadores consiguieron obstaculizar los impulsos de sus colegas; su desinterés por los 2 grupos de estudio, el silencio público solicitado a Helder Camara, el secreto con que sellaron sus conclusiones, fueron algunos índices de su actividad. La declaración final sufrió  sus embates. Ocho párrafos desaparecieron  en la version oficial y final del comunicado.
En ellos habían reproches a los conservadores y ciertas precisiones explosivas: por ejemplo, el apoyo a la reforma agraria y la convocatoria a todos los sectores, sin distinción de credos, para la obra de integración y desarrollo de América. Los ocho pasajes mostraban, en fin, una Iglesia devota hasta la humildad  y el sacrificio: la nueva version del comunicado lavó este sentimiento hasta borrarlo casi por entero.
EL DESTINO DE LOS PRECURSORES
¿Ocurrirá algo similar en la Iglesia Peruana, movilizada por la activa misión conciliar, sacudida por el entusiasmo de su clero joven? Hace poco un obispo conservador declaró tajantemente: “que no había hecho llegar el mensaje del Concilio a sus fieles porque no estaban capacitados para escucharlo”. El Cardenal Landázuri, sin embargo, que  siempre ha mantenido una postura paternal y equidistante entre las tendencias en pugna, parece esta vez lanzarse hacia la humanización de la Iglesia de su país.
El fruto –declaró pausadamente su vocero, Monseñor Cornejo- se verá con, los años, cuando tengamos una Iglesia menos marginal, más social, más puesta en el mundo y todo un estilo sea cambiado”. Más importante que la Misión misma seria para la jerarquía limeña la labor posterior, el afianzamiento de los logros, el dialogo incesante.
Los antecedentes no son demasiados alentadores. En distintas épocas llegaron a Lima padres progresistas –europeos todos, indignados ante la indiferencia y la miseria – que trabajaron en barriadas y formaron discípulos. A ninguno de ellos le fue bien.

En 1959 el sacerdote francés Louis Joseph Lebret –contratado por el gobierno de Prado por su curriculum como economista y sociólogo- fue considerado demasiado audaz y no se le renovó el contrato. Había declarado – entre muchas otras cosas- : “El mayor mal del mundo no es la pobreza de los necesitados sino de la inconciencia de los satisfechos
Ese mismo año llegó el ya famoso abate Pierre, fundador de Emaús, y fue prácticamente raptado por la Misión de Lima, que lo sumergió-se dijo que premeditadamente –en actos fríos y protocolares. Eso no le impidió sin embargo catequizar con abrumadora lucidez: La libertad que permite que nuestros hermanos mueran de hambre, que permite que más de la mitad de un país viva en la miseria, esa libertad es una farsa”. Cuando volvió en el 63 predicó ante azorados hombres de negocios reunidos por el IPAE-Instituto Peruano de Administración de Empresas- en el hotel de turista de Paracas: Muy pocas grandes fortunas no tienen un origen sucio. La riqueza embrutece”.
 Y se dejó que ningún peruano fuera a colaborar con sus misioneros europeos. Si bien la situación ha cambiado bastante y varios núcleos de limeños se han unido a la obra, el hecho no impide que los católicos progresistas olviden el injusto exilio del Padre Protain, otro francés desaforadamente cristiano. En una carta que CARETAS público en 1960- un año antes de su poca explicada defenestración- decía: “Sufrimiento moral de una sociedad que no encuentra en Dios la solución de sus problemas económicos y no encuentra en los demás sino una especie de compasión  enfermiza, un desprecio ostensible o una indiferencia cruel”.
La dura misiva terminaba advirtiendo que la reforma social habría de hacerse de buen o mal grado: “O los cristianos se deciden u otros los obligarán por la fuerza”. El Vaticano lo ha decidido. El clero joven y los sectores renovadores esperan el cumplimiento del mensaje de Cristo: la evangelización. Muchos laicos se incorporarían con fervor a la obra. Esperan solamente que los múltiples remisos no se opongan, que la mentalidad tremendista abandone el antiguo sermoneo, que tanto la jerarquía como el último y más perdido de los fieles comprendan la urgencia de los últimos mensajes papales.
EN LIMA: ¿HOMBRES O PALOMAS?
Un índice de las pequeñas pugnas, del duro trabajo que tendrá el sector liberal para llevar adelante la transformación, lo dan ya hechos pequeños pero significativos. En un proyecto de afiche anunciado la labor misional, un hombre semidesnudo, parecido a los que promociono  el arte socialista, mira inquisitivamente el espacio sosteniendo en su caída mano izquierda una pequeña cruz. Otro muestra una mano abierta, anhelante. La aprobación de los bocetos –que aún no está decidida – ha llevado más de quince días de deliberaciones y objeciones de buenos padres que preferirían las palomas tradicionales.
Es obvio que “el gran cambio” deberá comenzar por la Iglesia misma. Es obvio también que en provincias gran parte de los obispos pertenecen a la línea conservadora. No todos –ni mucho menos- comparten la claridad del Monseñor Dammert  (Cajamarca), o del Obispo de Puno.
El 10 de julio se reunirá en Lima el Sínodo de Obispos. La agenda, aun no confeccionada, prevé la reforma de la liturgia.

No se ha hablado aun  -a pesar de que el movimiento actual ha sido alentado profundamente por la Encíclica “El progreso de los Pueblos”- de incluir ninguna declaratoria de conjunto. La reproducción textual de un corto dialogo entre el enviado de CARETAS y Monseñor Cornejo puede echar  mucha luz sobre el asunto:
CARETAS: ¿Una declaración del obispado reafirmaría la moral  de los sacerdotes y el laicado  en este reencuentro?
Monseñor Cornejo: Mi opinión personal no tiene valor… usted sabe, esas declaraciones… siempre quedan diluidas… ¿Usted cree realmente importante?...
CARETAS: SI.
Monseñor Cornejo: Esas declaraciones…en fin.
“EL PROGRESO DE LOS PUEBLOS”
Pero a pesar de la resistencia que los observadores prevén dentro de la misma institución, es indudable que la resistencia al cambio –tema esencial de la sociología moderna- será sin duda superada por la acción en sí. Es preciso recordar  al respecto que en el Perú la democracia  cristiana es un partido de izquierda. Ya muchas de las religiosas que- bajo la sabia dirección  de la Hermana Miriam Gamboa- realizaron la encuesta gigante, han pedido todas sus pocas horas libres para el trabajo en las barriadas. Estas monjas, que acostumbraban visitar asilos y hospitales descubrieron que el mundo externo también necesitaba de sus servicios.
No solo los moribundos, los vivos piden por nosotras”, declaró una.
Los llamamientos de la Iglesia está haciendo no carecen de autoridad y vigor. En su acuciante invitación al laicado a participar en la Misión parafrasea: “No todo el que dice Señor, Señor, entrara en el reino de los cielos; sino el que HACE la voluntad  de mi Padre”… (San Mateo, 7).
La última encíclica daba instrucciones precisas al respecto. Y es difícil que los conservadores –también llamados “los antiguos”, por el clero iluminado- puedan resistirse a ciertas aseveraciones terminantes de la última encíclica. “Postula Pablo VI”.
Publicistas, a vosotros corresponde poner ante nuestros ojos el esfuerzo realizado para promover la mutua ayuda entre los pueblos, así como también el espectáculo de las miserias que los hombres tienen tendencia a olvidar para tranquilizar sus conciencia: que los ricos sepan al menos que los pobres están a sus puertas y aguardan las migajas de los banquetes” (83- Hombres de Buena Voluntad).
Y como si toda esta ironía angustiada no bastara, termina el mensaje papal con palabras pocas difundidas que –sin embargo- ya nadie podrá negar como Mensaje de la Iglesia:
“De todo corazón Nos os bendecimos y Nos hacemos un llamamiento a todos los hombres para que se unan fraternalmente a vosotros. Porque si el desarrollo es el nuevo nombre de la paz, ¿Quién no querrá trabajar con todas sus fuerzas para lograrlo? Sí. Nos os invitamos a todos para que respondáis a nuestro grito de angustia, en el nombre  del Señor.” (Párrafo final, 87, Bendición).
Esa es la bendición y el pedido del Vicario de Cristo en la Tierra. A ella responden, o –lentamente- responderán, los verdaderos cristianos del Perú.

Juan Carlos Martelli.
FUENTE: CARETAS MAYO 29-JUNIO  9 DE 1967. PAGiNAS 21-28.

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viernes, 6 de abril de 2018

LA RELIGIÓN DEL HOMBRE




Una sola Iglesia y dos doctrinas
A la hora de poner por obra la doctrina que el Concilio Vaticano II expreso de manera pastoral, no dogmática, el esfuerzo de adaptación de la misma no solo alcanzo al modo  de exponerla, sino, además, a la propia sustancia de la revelación. Se aspiraba a algo más que a Exponer la verdad revelada de una manera más comprensible para todos, pues se echó mano de un lenguaje sutil y ambiguo para procurar presentar una doctrina nueva, conforme con los gustos del hombre contemporáneo.
Un vistazo, aunque sea rápido, al ambiente católico actual lleva a la convicción  de que lo que esta vigor después del concilio Vaticano II es una nueva doctrina  (nova et non nove: no tan solo expresada de otro modo sino nueva en si misma), esencialmente distinta  de la que se reconocía  a titulo exclusivo, antes del sínodo de 1962 – 1965, por doctrina  dogmática  de la Iglesia  única de Cristo (1).
La Iglesia, sin embargo, ha de subsistir semper eadem (siempre la misma) hasta el fin del mundo; de ahí que el sujeto Iglesia sea el mismo tanto antes  como después del Concilio Vaticano II. Su objeto o doctrina, en cambio, puede aquella enseñarlo de dos formas diferentes: dogmática y, por ende, infalible; o bien pastoral y, por tanto, no infalible.
Lo cual explica que en la doctrina que el Vaticano II enseño no dogmática, sino pastoralmente, puedan hallarse novedades en ruptura con la tradición, sin que quepa inferir de ello que la Iglesia dejara de existir o que perdiera su continuidad apostólica, que se extiende desde San Pedro hasta el último papa reinante  elegido según los canones y aceptado  por la Iglesia universal (docente y discente). De ahí que la Iglesia de hoy, en el año del Señor de 2011, sea la que fundo Cristo sobre Pedro, y que Benedicto XVI sea papa elegido canónicamente y aceptado  por la Iglesia.
De no ser así tendríamos un “tercer  Testamento” de sabor Joaquinita, y Benedicto XVI sería el jefe de una novísima iglesia “conciliarista”, no un papa del Nuevo Testamento, el cual es eterno y, en consecuencia, durará ininterrumpidamente hasta el fin del mundo con sucesión apostólica  formal. Eso no obstante, la doctrina propuesta en el post- concilio  Vaticano II, que es pastoral, no dogmática, presenta puntos de discontinuidad con la tradición apostólica  y con el magisterio de la Iglesia: con el dogmático que define y obliga a creer) y/o con el constante (ubique, semper et ab ómnibus).

EL CULTO DEL HOMBRE
Se exalta en el Vaticano II la dignidad de la persona humana como principio absoluto e intangible, a cuyos derechos se someten el bien y la verdad. Esta concepción inaugura la religión del hombre y el culto de la falsa libertad antepuesta a la verdad (2). Y hace olvidar la austeridad cristiana y la beatitud celestial (3).

 El mismo principio deja de lado la ascética cristiana y es indulgente hasta con el placer  sensual visto que el hombre debe realizarse plenamente en la tierra (4). La religión del hombre exalta al amor y antepone el placer al deber, por lo que justifica a este título los métodos anticonceptivos y se muestra favorable incluso a la homosexualidad. Tocante a la vida pública, la religión del hombre no admite a la autoridad y propugna el igualitarismo propio de la ideología marxista pese a ser contrario a la enseñanza natural y revelada, que atestigua la existencia de un orden social y jerárquico exigido por la naturaleza misma de las cosas.
 Este principio preconiza también, en el ámbito religioso, un ecumenismo que ponga de acuerdo todas las religiones en beneficio del hombre (5), así como una Iglesia transformada en instituto de asistencia social. De ahí el interés excesivo por la promoción social. De ahí, asimismo, la secularización del clero, cuyo celibato se considera absurdo; igualmente se considera como rarezas el habito talar y el género de vida que tiene el sacerdote, cosas ambas que se ligan íntimamente  a su carácter de persona consagrada, en exclusiva, al servicio al altar. El sacerdote se reduce en la liturgia a mero representante del pueblo o “presidente de la asamblea” (6). Salta a la vista que la relajación moral y la disolución litúrgica no pueden coexistir con la inmutabilidad del dogma.

RELATIVISMO Y MODERNISMO DE LOS “NEOTEOLOGOS”
Igualmente se comportan los neoteólogos postconciliares. No están atentos a la realidad, cuya expresión puede variar con tal que se represente como es.
Desean satisfacer la mentalidad moderna. La puesta al día de la Iglesia estriba para ellos en la adaptación de su doctrina a dicha mentalidad.
Y así como el hombre moderno ha formado su pensamiento en un ambiente cultural completamente volcado en las apariencias, en el subjetivismo y los fenómenos, y hostil a la metafísica. Así y por igual manera la Iglesia, al decir de los neoteólogos, debe conformar su doctrina con tal modo de pensar si no quiere desaparecer: un modo para el cual ni siquiera el dogma se libra de evolucionar de un significado a otro, de manera contradictoria, en función de las exigencias culturales de la época en que se formula.

INMUTABILIDAD Y DESARROLLLO  DE LA VERDAD REVELADA
La verdad revelada  se comunica al mundo en un lenguaje humano. Este lenguaje no es mero simbolismo figuración por más inadecuado que sea (7): expresa objetivamente el misterio de Dios aunque no manifieste toda su riqueza inagotable. He ahí la razón de que las fórmulas dogmáticas no puedan evolucionar mudándose de significado. Dice San Judas  Tadeo que la fe, una vez trasmitida, lo es “para siempre” (8). Es inmutable e invariable. No admite adiciones, sustracciones o alteraciones intrínsecas y heterogéneas. Puede ser explicada y escudriñada detenidamente, pero no transformarse de una manera intrínseca y heterogénea, igual que el ser vivo se desarrolla y perfecciona, más sin dejar de ser nunca él mismo.

 IMPORTANCIA  DE LAS “FORMULAS DOGMÁTICAS
De ahí que sea de suma importancia mantener las fórmulas que, con la asistencia del Espíritu Santo, la Tradición y los concilios  dogmáticos fijaron para expresar  exactamente la verdad revelada. Tal lenguaje dogmático puede sufrir alteraciones  accidentales eodem sensu eademque  sententia, en el mismo sentido y en los límites del dogma; mas no puede modificarse  sustancial e intrínsecamente de modo heterogéneo, de forma que diga hoy lo contrario de lo que decía ayer (9).
Ahora bien, a los que asistimos  después del Concilio bajo el signo de la “puesta al día” es, ni más ni menos que, al desprecio tanto de la moral  como de las formulas dogmáticas tradicionales. Un ejemplo: el Concilio de Trento consagró  el vocablo “transubstanciación”, contra el “simbolismo” protestante (recuperado por el modernismo), para denotar el cambio total de la sustancia del pan y del vino en el cuerpo y la sangre de Jesucristo.
 Dicha voz nos da una idea exacta de lo que sucede en el altar,  objetiva y realmente, en el momento de la consagración  en la Santa Misa, y nos asevera que Jesucristo está presente real, física y sustancialmente  en el Santísimo Sacramento, aun después de consumado el Santo Sacrificio. La palabra  transustanciación”, sin embargo, en cuanto termino aristotélico, que no concuerda con las corrientes filosóficas actuales, no solo no figura  en la Institutio Generalis del misal reformado de Pablo VI, que se promulgo en 1970 (10), sino que la rechazan abiertamente los teólogos de la nouvelle theologie, entre los cuales descuella Schillebeeckx.
La sustituyen  por “transinificacion” o “transfinalizacion”, con lo que ponen en tela de juicio el misterio de la Eucaristía y de la presencia real.  En la práctica, además, se han eliminado los signos de adoración y de respeto al Santísimo Sacramento, como la comunión  de rodillas, con el velo; la bendición con el Santísimo; las visitas al sagrario, etc.

SUBVERSION DOCTRINAL
Si la palabra  cambia y no se emplea un sinónimo, se modifican también el concepto  y la doctrina. Es lo que ocurre con los nuevos  terminos acuñados por los teólogos “puestos al día”, lo que tiene por consecuencia la vacilación de la misma  fe. La nueva terminología introduce de hecho una nueva doctrina “pastoral” heterodoxa. No estamos ya en el cristianismo autentico, sino en ruptura con la tradición apostólica (11). Tal es el caso del decreto sobre la libertad religiosa (Dignitatis Humanae, 7 de diciembre de 1965), que se halla en patente contradicción con la tradición apostólica y el magisterio constante  de la Iglesia tal y como se resumían  en el derecho público eclesiástico preconciliar.
La doctrina católica ha enseñado siempre la subordinación  del Estado  a la Iglesia, una subordinación idéntica a la del cuerpo respecto del alma (12). Esta doctrina conoció atenuaciones accidentales: poder directo in spiritualibus e indirecto in temporalibus ratione peccati; o bien, poder directo asimismo in temporalibus, pero no ejercido, sino dado al príncipe temporal por el pontífice romano. Sin embargo, desde el 313 (edicto de Milan, que marco la cesación de las persecuciones y el ingreso de los cristianos en la vida pública), ningún papa, padre eclesiástico, doctor de la Iglesia, teólogo o canonista aprobado por la misma enseñó la separación entre ésta y el estado. Siempre se condenó tal separación. La Dignitatis Humanae (DH en adelante) enseña  “pastoralmente “que el hombre <> (DH, n 2,3, 6 Y 33).
A la objeción según la cual la DH quiso empeñar  la infalibilidad al declarar  que <<la libertad religiosa está realmente fundada en la dignidad misma de la persona humana, tal como se la conoce por la palabra revelada de Dios y por la misma razón natural>>  (n 2, se responde que el derecho DH no quiso definir que la libertad religiosa fundada en la dignidad de la persona humana fuera una verdad revelada, ni quiso obligar a creerlo como condición para salvarse.
Declaró sólo  pastoralmente” el “derecho a la libertad religiosa en el fuero interno  y en público”, un derecho inexistente según la tradición apostólica, por otra parte, como que esta habla  solo de fuero interno o privado. Este “derecho”, al decir de la DH, <<está realmente fundado en la dignidad misma de la persona humana>>; pero esta expresión es filosóficamente inexacta en cuanto que no es la persona el sujeto de la “dignidad”, sino que es la naturaleza en que dicho sujeto subsiste la que le confiere mayor o menor dignidad. De ahí que la DH hubiese debido hablar de dignidad de la naturaleza humana, no de la persona. La DH confunde el fuero interno  y el externo, la naturaleza y la persona, ya que al querer ser una enseñanza pastoral y a dogmática renuncio al léxico de la filosofía y la teología escolásticas, específicamente al del tomismo, y echó  mano de expresiones inexactas y “poéticas” más que teológico – filosóficas.
Pio IX definió en la Quanta Cura (8 de diciembre de 1864), en sintonía con el magisterio constante de la Iglesia, que la libertad religiosa en el fuero externo << es contraria a la doctrina de la Sagrada Escritura, de la Iglesia y de los Santos Padres>>, y que, << el Estado [católico] tiene la obligación de reprimir con sanciones penales a los violadores de la religión católica>>.
Se ve que las innovaciones no estriban solo en un cambio de palabras. Van más lejos. En realidad, incitan a una subversión total de la Iglesia. Visto que la filosofía moderna sobrevalora al hombre hasta volverlo juez de todas las cosas, la nueva doctrina “pastoral” establece la “religión del hombre”  eliminando todo lo que pueda significar una imposición a su libertad o una represión de su espontaneidad. Ignora así la caída y atenúa la noción de pecado, no comprende el sentido de la renuncia evangélica y propugna una religión natural fundada en datos psicológicos y sociológicos.

REMEDIO PARA EL MAL: FIDELIDAD A LA TRADICION
San Pablo sintetiza la norma del magisterio eclesiástico al escribir: << Pero aunque nosotros o un ángel del cielo os anunciase otro evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea anatema>>.




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Como quiera que no hemos de ser eternos en este mundo, procuremos estar siempre dispuestos para recibir con cristiana resignación todas las disposiciones de Dios Nuestro Señor, considerando que Él, como Padre amoroso, hará siempre lo más conveniente para la eterna salud de nuestras almas, si nosotros sabemos aprovecharnos de sus disposiciones divinas y siempre sabias y justas.
Mons. Ezequiel Moreno
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(13). En efecto, no somos nosotros los jueces de la palabra de Dios; ella es la que nos juzga y pone en evidencia nuestro conformismo con la moda del mundo.
VALOR DE LA TRADICION
El valor de la tradición es tal, que son infalibles no sólo las encíclicas y los demás documentos del magisterio ordinario universal o del sumo pontífice cuando quieren definir una verdad como divinamente revelada y obligar a creerla, sino también las doctrinas confirmadas por una enseñanza continua de las mismas efectuada por varios papas y durante un amplio lapso de tiempo (quod semper, ubique et ad ómnibus creditum est). En consecuencia, no debe aceptarse un acto del magisterio ordinario universal o de un papa que pugne con la enseñanza dogmática garantizada por la tradición magisterial de varios papas a lo largo de un considerable lapso de tiempo (14).
Entre los ejemplos de tal género en la historia  de la Iglesia resaltan los de Honorario  y los de San Pedro.
Honorario I vivió en el tiempo en el que la Herejia monotelita hacía estragos en la Iglesia de Oriente negando la existencia de dos voluntades (divina y humana) en Jesucristo; los monotelitas renovaban el absurdo que Eutiques introdujo en el dogma al pretender que en Jesucristo no había más que una sola naturaleza, compuesta de la unión de la naturaleza divida y de la humana (monofisismo).
 El patriarca de Constantinopla, Sergio, insinuó hábilmente en el ánimo de Honorio I que la predicación de dos voluntades en el Salvador causaba solo divisiones en el pueblo fiel. Condescendiendo con los deseos del patriarca, que eran también los del emperador de Constantinopla, el papa Honorio I prohibió que se hablara de las dos voluntades en el Hijo de Dios hecho hombre, aunque no enseñó tal doctrina  heterodoxa.
El pontífice no se dio cuenta de que su prohibición dejaba el campo libre, por omisión, a la difusión de la Herejia. Por esa razón los fieles no le debían prestar obediencia en dicho caso. El acto de Honorio I fue censurado más tarde por el VI Concilio ecuménico, que fue el tercero  que se celebró en Constantinopla y que acusó a Honorio nada menos que de Herejia, y por el papa San León II, que confirmó los actos del concilio en cuestión, si bien excluyó la Herejia personal de Honorio. Entre los que habían seguido enseñando, contra la prohibición de Honorio, las dos voluntades presentes en Jesucristo figuraba el gran San Máximo,  llamado el confesor porque selló con el martirio su fidelidad a la doctrina católica tradicional.
  
EL ERROR “PASTORAL”DE PEDRO
San Pablo nos narra, en la epístola a los Gálatas (2, 11-21), la disputa que mantuvo San Pedro en cuanto a dos diversos modos pastorales de obrar, los cuales, tenían a lo que parece, pese a su pastoralidad, consecuencias doctrinales y dogmáticas.
Corría el año 49 en Antioquia. Algunos cristianos judaizantes empezaron a criticar la actividad misionera de San Pablo y San Bernabé, afirmando que no bastaba el bautismo para salvarse, sino que eran necesarias la circuncisión y la observancia de la ley ceremonial mosaica del Antiguo Testamento (Act 15,1 y ss.). Estos querían imponer a los cristianos el judaísmo cual “hermano mayor y predilecto”, como si la Antigua Alianza no hubiese sido “revocada jamás”, mientras que San Pablo, inspirado por el Espíritu Santo e inmune de error debido a la inerrancia bíblica, había escrito que en adelante, con la Encarnación del Verbo y su muerte en la cruz, el que se salvaba lo hacía sólo “ por la fe [Cristo] sin las obras de la ley [ceremonial] mosaica” ( Rom 3, 28). El apóstol apeló a San Pedro contra los judaizantes. El jefe de los apóstoles convocó el primer concilio ecuménico de la Iglesia en Jerusalén, en el año 50.
Los Apóstoles definieron cum petro et sub Petro [con pedro y bajo pedro] que <> (Act 15,11), sin embargo, el santo apóstol Santiago pro bono pacis, sugirió un ardid pastoral para no herir la sensibilidad  de los cristianos de origen Judío: pidió que los paganos convertidos al cristianismo se abstuvieran de algunas prácticas ad tempus [momentáneamente] y en ciertos lugares (esto es, de consumir carnes inmoladas a los ídolos , carne de animales ahogados y sangre ), no porque fuesen malos en sí, sino en cuanto susceptibles de ser mal interpretadas por los que pasaban del judaísmo al cristianismo. Todo iba como la seda hasta que, al poco tiempo, se trasladó San Pedro a Antioquía. Allí  comían también al principio con los gentiles, en conformidad con la doctrina del Concilio de Jerusalén, cosa que el “ceremonial” mosaico prohibía severamente a los judíos por considerar inmundos a aquéllos. Pero luego San Pedro << se retraía y apartaba [de comer con los conversos procedentes de la gentilidad], por miedo a los judíos. Y consintieron con él en la simulación los otros judíos [conversos del judaísmo] (…).
Pero cuando yo vi que no caminaban rectamente según la verdad del evangelio, dije a Cefas delante de todos. si tú, siendo judío, vives como gentil y no como judío, ¡porque obligas a los gentiles a judaizar? >>. (Gal 2, 12 – 14).
La práctica o conducta pastoral de Cefas era ambigua, como la de Honorio I, esto es, no gravemente pecaminosa en sí, pero susceptible de llevar error dogmático judaizante. San Pedro  se había dejado “atemorizar” y se había “apartado” de los cristianos de origen no judío, como si no hubiesen sido santificados por la gracia del bautismo (a la hora  de desagradar  a alguien se procura siempre, o casi siempre, disgustar a los menos peligrosos). Dicha pastoral, sin embargo, aunque no gravemente pecaminosa de suyo, podía dejar de ser una cuestión prudencial para volverse un problema doctrinal: ¿Necesita Cristo también del ceremonial mosaico, o se basta y se obra para salvarnos? ¿Son la fe y las “buenas obras” (los diez mandamientos) los que salvan al hombre, o las “obras ceremoniales judaicas”? San Pablo se alzó públicamente contra tal peligro de perversión dogmática, e hizo saber a San Pedro con energía la peligrosidad  de las consecuencias dogmáticas de su conducta pastoral o prudencial: <<Pero cuando Cefas fue a Antioquia, en su misma cara le resistí, porque se había vuelto reprensible>>. (Gal 2, 11). Pablo se opuso a Cefas en público, no a sus espaldas.
Ciertamente, el comportamiento prudencial de Pedro no obligaba en si a nadie de iure, o por principio, a la observancia dogmático – moral del ceremonial mosaico, pero su modo de obrar, demasiado prudente, inducia a reputar por obligatorio el vínculo del judaísmo. Santo Tomas de Aquino vio en ello tan solo un pecado venial de fragilidad (S. Th., I-II, q. 103, a.4; Ad Gálatas, cap. 3, lect. 7-8) (15). Tal debilidad o pecado venial de Pedro no socavaba la infabilidad pontificia, sino que, por el contrario, la confirmaba. Su ejemplo arrastro a todos, incluso a Bernabé; sólo Pablo no lo siguió.
Es cierto y está revelado que Pedro, por aquellos días, se equivocó pastoralmente en Antioquia por omisión, aunque sin naufragar dogmáticamente, ya que no quiso obligar a nadie creer y a obrar a la manera judía, contra lo que había sido prohibido infalible y dogmáticamente por el propio Pedro y los Apóstoles reunidos en el Concilio de Jerusalén cum Petro et sub Petro. Más Cefas erró pastoral o prácticamente al obrar con excesiva prudencia, no viendo las conclusiones dogmáticas que otros sacarían de su modus operandi. Cometió solo un error de comportamiento practico o pastoral (conversationis fuit vitium, non praedicationes) [“hubo falta en el trato, no en la predicación “]  (tertuliano, De Praescriptione haereticorum, XXIII), lo cual se explica porque en el ámbito pastoral o practico el papa no se haya asistido infaliblemente por el Espíritu Santo.

NORMA PARA JUZGAR LAS NOVEDADES
La piedra de toque de las novedades surgidas durante el Concilio Vaticano II y el postconcilio estriba en el criterio siguiente: ¿se conforma con la tradición, o bien se oponen a ella o la rebajan? Si se le oponen o la  rebajan, no deben ser aceptadas.
Tradición no es lo mismo que inmovilismo; ciertamente es crecimiento, pero en la misma línea, en la misma dirección, en el mismo sentido; es crecimiento propio de seres vivos, que no dejan nunca de ser los mismos (16).
Por dicho motivo no se pueden reputar por tradiciones las formas y costumbres que la Iglesia no ha incorporado a la exposición de su doctrina o a su disciplina. La tendencia a apelar  a los antiguos usos y ritos” para justificar tales desviaciones la califico Pio XII de “arqueologismo demencial” (17).
Esto supuesto, momentos por norma el siguiente principio: es seguro que no debe ser aceptada una novedad cuando sea evidente que se aleja de la doctrina tradicional.

MODOS DIVERSOS DE CORROMPER LA TRADICION
Se puede contribuir de varias maneras a la destrucción de la tradición. Tales maneras se sitúan a lo largo de una escala que abarca desde la oposición abierta a la desviación casi imperceptible. Esta última es la más peligrosa por ser la más difícilmente reconocible.
Tenemos un ejemplo de oposición clara en las diversas actitudes de rechazo de la decisión de la Humanae Vitae de condenar los anticonceptivos, asumida por algunos teólogos (e incluso por determinadas autoridades eclesiásticas, como las conferencias episcopales de Alemania, Bélgica, Francia y Holanda). En efecto, la encíclica de Pablo VI, que declaraba ilícito el uso de los métodos anticonceptivos, se insertaba en una tradición ininterrumpida del magisterio eclesiástico desde el origen hasta la Casti Connubii de Pio XI. No aceptarla, enseñando lo opuesto a lo que prescribía o aconsejando prácticas que reprobaba, constituía un ejemplo típico de negación de una enseñanza tradicional.
Más sutil es el engaño cuando se ataca a la tradición por conducto de explicaciones  del dogma que, sin negar de iure los terminos tradicionales, son incompatibles de hecho con los datos revelados, que es lo que se hace, p. ej., al sustituir sistemáticamente tocante al hijo, aunque sin dejar de hacer profesión de fe en el misterio de la Santísima Trinidad, la expresión “consustancial con el Padre” por otra que no tiene idéntico significado, como la que reza “de la misma naturaleza que el Padre” (así han vertido distintas conferencias episcopales el “consustancial “ de la misa reformada en 1970 ). En efecto, tener la misma naturaleza  no significa compartir la misma naturaleza: dos hombres son de la misma naturaleza humana, pero no comparten una naturaleza única, numéricamente la misma, a diferencia de las tres  personas divinas.
Se dan igualmente desviaciones hacia la Herejia en conclusiones cuyo contenido rebasa el de las premisas, como cuando se afirma que el papa, en virtud de la de la colegialidad, no puede tomar una decisión si haber escuchado al colegio episcopal, que es un “grupo estable y permanente”: eso significa caer indirecta e implícitamente en el conciliarismo, que subvierte la naturaleza de la Iglesia de Cristo (cf. Lumen Gentium).
Más sutiles son los engaños  basados en la sustitución de los usos antiguos por los nuevos, especialmente en el campo litúrgico (v. gr., comunión de la mano, canon recitado en voz alta…), como que insinúan conceptos heterodoxos condenados antaño por la Iglesia (v. Pio XII, Mediator Dei). Como es evidente, no le alcanza la misma responsabilidad al que sufre la reforma que al que la promueve con estos varios modos de corromper la Tradición. No obstante, sabemos en las circunstancias actuales que los cambios constituyen un peligro para la fe. Se sigue de allí que se requiere por nuestra parte una atenta vigilancia para no llegar a asimilar, casi inconscientemente, el veneno del luteranismo. Mas si bien hay gente de buena fe que sólo tiene respecto de las novedades, por ignorancia o ingenuidad, la buena intención de aceptar una nueva expresión litúrgica de la Iglesia verdadera, hay que tener en cuenta asimismo, y sobre todo, la astucia del demonio, que se sirve hasta de las buenas intenciones para alejar a los fieles de la ortodoxia católica.
Andreas

Notas:
1)   Cf. Divinitas, 2/ 2011.
2)   A. Ottaviani, deberes del estado católico para con la religión, Roma, Universidad de Letrán, 1953.
3)   San Gregorio Nacianceno (+ 390), Hom. XVII; San Juan Crisóstomo (+407), Hom. XV super II Cor; San Ambrosio  (+ 397), Sermo contra Auxentium (386); San León Magno (+ 461), Epist, CLVI, 3San Gelasio I  (+ 496), Epist. Ad Imp. Anastasium  I (492); San Nicolás I (+ 867), Epis. Proposueramus quidem  (865); San Isidoro de Sevilla (+ 636), Sent, III, 51; Urbano II (+1099). Epist, ad Alphonsum VI (PL, 289).
4)   Cf. Catecismo holandés, 1967, y Catecismo del Episcopado belga, 1984.
5)   Cf. Asis I, octubre de 1986, y Asis III, octubre de 2011.
6)    Cf. Institutio Generalis Novus Ordo Missae, n, 7, 1970.
7)   Cf. P. Parente, voz “simbolismo” en el Dizionario di Teologia Dommatica, Roma: ed. Studium, 4 edicion, 1957.
8)   Epistola de San Judas, cap. III.
9)   Para la refutación de la “moral de situación”, véase C, Fabro, la aventura de la teología progresista, Milan, ed, Rusconi, 1974.
10)                     Cf. A. Vidigal Xavier da Siveira, La nueva misa de Pablo VI ¿Qué pensar de ella? , ed. Chire, DPF, 1978.
11)                     Cf. B. Gherardini, Concilio Ecuménico Vaticano II. Una explicación que hay que hacer, Frigento, ed. Casa Mariana, 2009, Id., He trasmitido lo que recibi. La tradición: vida y juventud de la Iglesia Frigento, 2010; Id., Quaecumque dixero vobis. La palabra de Dios y la tradición en relación con la historia y la teología, Turin, ed. Lindau, 2011; Id. Concilio Vaticano II. La explicación que falta, Turin, ed. Lindau, 2011.
12)                      Véase San Ambrosio (+397), que excomulgó al emperador Teodosio, San Agustin (+430) en la obra De Civitate Dei (V, IX, t, XLI, cols. 151y ss.); San Gelasio I, papa (+490), que hablo explícitamente  de subordinación  del Estado a la Iglesia, San Gregorio Magno, papa  8+604), que ratifico la doctrina gelasiana (Regesta, n 1819); San Gregorio VII ( + 1085), que enseño la prenitud de potestad en la jurisdicción  del Papa (1075) , en la primera epistola a Germain, obispo de Metz (25 de agosto de 1076) y en la segunda epistola a Germain (15 de marzo de 1081); San Bernardo de Claraval (+ 1173), en la epistola al papa Eugenio III sobre las dos espadas; Inocencio IV, papa, (+1254), quien reivindica  explícitamente la la plenitudo  postetatis  en Aeger cui levia (1245); Sto. Tomas de Aquino (+ 1274), en su comentario al libro cuarto  De Las  Sentencias, dist. XXXVII, ad4, Quaest. Quodlib ., XII, A. 19; S. Th ., II-II, q, 40, a. 6, ad 3, y quodlib. XII, q. XII, a, 19 ad 2; Bonifacio  VIII, papa (+1303). Que repite la doctrina de inocencio IV. En la bula Unam Sanctam (1302); Cayetano (+ 1534), De comparata auctorizate Papae et Concilii, Tract. II, pars II, cap. XIII; San Roberto Belarmino (+1621), De controversiis; Francisco Suarez (+ 1617), Defensio Fidei Catholicae; Gregorio XVI, Mirari Vos (1832); Pio IX, Quanta Cure y Syllabus (1864); León XIII, Inmortale Dei (1885) y Libertus (1888),; San Pio X, Vehementer (1906),; Pio XI, Ubi Arcano (1922), Quas Primas (1925), y Pio XII, Discurso a los juristas  católicos italianos, 6 de diciembre de 1953.
13)                     Gal I, 8.
14)                     Cf. Pio IX, Tuas Liberter, 21 de diciembre de 1863; G. Martiussi, La inmutabilidad del dogma, en La Scuola Catolica, marzo de 1903; Melchor Can, De Locis theologicis, lib. II,  Venecia, 1799; J.B. Franzelin, De Divinatraditione et Scriptura, Roma, 1870,  L. Billot, De immutabilitate Traditionis, Roma, 1904; S. G. Van Noort, tractatus de fontibus Revelationis necnon de fide divina, 3 edición, Bussum,  1920; San Cipriano, Le fonti della Rivelazione, Florencia, 1953; A. Michel, voz “Tradition”, en Dictionnaire de Theologie Catholique, cols. 1252- 1350; G. Filograssi, La Tradición divino- apostolicay el magisterio eclesiástico, en la Civilta Catolica, 1951, III, pp. 137-501; G, Proulx, Tradicion y protestantismo, Paris, 1924; Sto. Tomas de Aquino, S. Th, III, q, 64, a, 2 ad 2; B.Gherardini, Divinitas, 1 y 2, 2010. Cuidad del Vaticano; S. Cartechini, De la opinión al dogma, Roma, Civilta Catolica, 1953; j. Salaverri, De Ecclesia Christi, Madrid, ed. Bac, 1958, n 805 y ss.
15)                     San Agustin consideraba que “Pedro era reprensible, o sea, que estaba equivocado”  ( Ad Gal., cap II, lect . 3)
16)                     Cf. F. Martin Sola, La evolución homogénea del dogma católico, Friburgo, 1914; R. Garrigou – Lagrange, El sentido común. La filosofía del ser y las formulas dogmáticas, Paris, 3 edicion, 1922.
17)                     Pio XII, encíclica Mediator Dei, 20 de noviembre de 1947.







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