lunes, 17 de octubre de 2022

LOS ESBIRROS DE LA REVOLOLUCIÓN MODERNISTA Y SU NUEVA TEOLOGÍA

Para poder entender esta crisis de fe dentro de la Iglesia, descubrimos que se la debemos a los neoteólogos que infestaron con sus falsas doctrinas el honorable rostro y espíritu  de la religión católica y en la metástasis de la revolución Conciliar de los 60's. Lo que sigue a continuación es una traducción del artículo «La nouvelle théologie où va-t-elle?» publicado por el fenecido Padre Reginald Garrigou-Lagrange, dominico y uno de los grandes tomistas del siglo XX, profesor durante años en el Angelicum en Roma, hoy Universidad Pontificia de Santo Tomás de Aquino, destacando que entre sus alumnos estuvo Karol Wojtyla, futuro Juan Pablo II. Se hizo notorio con sus primeras obras en las que atacó una por una las tesis del Modernismo. Fue consultor del Santo Oficio y de otras congregaciones romanas. Muchos le adjudican la paternidad de la Encíclica Humani Generis en la que Pío XII condenó la Nouvelle Theologie y la extravagancias del padre jesuita Pierre Teilhard de Chardin.

En este magistral artículo repasa la corriente teológica conocida como nouvelle théologie. Esta corriente, si bien no es un modernismo tan radical y aparente, manteniendo en muchos aspectos una apariencia mucho más moderada, es igual o tanto más peligrosa que el modernismo radical y es una de las corrientes que mas han penetrado en la Iglesia tras el Concilio Vaticano II. Merece la pena leerlo detenidamente para entender muchos de los sofismas actuales que se plantean en teología.

La Nueva Teología ¿Dónde Nos Lleva? (Reginald Garrigou-Lagrange)

En un libro reciente: Conversion et gràce chez S. Thomas d’Aquin (1) , («Conversión y gracia en Santo Tomás de Aquino«) el Padre Henri Bouillard escribe: «ya que el espíritu evoluciona, una verdad inmutable sólo puede mantenerse en virtud de una evolución simultánea y correlativa de todas las ideas, cada una proporcionada a la otra. Una teología que no es actual será una teología falsa.» (2)

Y en las páginas que le preceden y siguen el autor demuestra que la teología de Santo Tomás, en algunas de sus más importantes secciones, no es actual. Por ejemplo la idea de Santo Tomás de la gracia santificante era como forma (un principio básico de las operaciones sobrenaturales, el que las virtudes infusas y los siete dones tienen como su principio). «Las ideas empleadas por Santo Tomás son simplemente conceptos Aristotélicos aplicados a la teología.» (3)

Y más aun: «al renunciar al sistema Aristotélico el pensamiento moderno abandonó las ideas, diseño y opuestos dialécticos que sólo tienen sentido como funciones de ese sistema.» (4) Por lo que el pensamiento moderno abandonó el concepto de forma.

¿Cómo puede el lector evadir la conclusión de que, dado que ya no es actual, la teología de Santo Tomás es una teología falsa?

Pero entonces, ¿por qué los Papas nos han instruido tan frecuentemente en seguir la doctrina de Santo Tomás? ¿Por qué La Iglesia dice en el Código de Derecho Canónico, Can. 1366, n.2: «Los profesores deben versar, de todas las formas, sobre la filosofía racional y la teología, entrenar a los estudiantes sobre estos temas de acuerdo al método, doctrina y principios del Doctor Angélico (Santo Tomás) y deben estimar estos como sagrados»? (5)

Más aun, ¿Cómo puede «una verdad inmutable» mantenerse a sí misma si los conceptos que se unen mediante el verbo ser-estar son esencialmente variables o mudables?

Una relación inmutable sólo se puede concebir como tal si hay algo inmutable en los dos términos que ella une. De lo contrario, para todas las intenciones y propósitos, sería como decir que las olas del mar pueden ser grapadas juntas.

Por supuesto, las dos ideas que se unen en una afirmación inmutable algunas veces se confunden al principio y luego se distinguen la una de la otra, tal como las ideas de naturaleza, persona, sustancia, accidente, transubstanciación, la Presencia Real, pecado, pecado original, gracia, etc. Pero si éstas no son fundamentalmente inmutables ¿cómo entonces será inmutable la afirmación que las une con el verbo «ser-estar»? ¿Cómo puede uno sostener que la Presencia Real de la sustancia del Cuerpo de Cristo en la Eucaristía requiere transubstanciación si las ideas son fundamentalmente variables? ¿Cómo puede uno afirmar que el pecado original ocurrió en nosotros a través de la falta voluntaria del primer hombre si el concepto de pecado original es esencialmente inestable? ¿Cómo puede uno sostener que el juicio particular después de la muerte es eternamente irrevocable si se dice de estas ideas que pueden cambiar? Finalmente, ¿cómo puede uno mantener que todas estas proposiciones son invariablemente verdaderas si la idea de lo que es la verdad debe cambiar, y si uno debe sustituir la definición tradicional de lo que es la verdad (la conformación del juicio con la realidad intuitiva y sus leyes inmutables) por la que ha sido propuesta en años recientes por la filosofía de la acción: la conformidad del juicio con las exigencias de la acción o la vida humana, las que siempre están evolucionando?

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1. ¿Retienen las Fórmulas Dogmáticas Su Inmutabilidad?
El Padre Henri Bouillard (6) responde: «La afirmación que es expresada en ellas permanece.» Pero, añade: (7)

«¿Quizá uno deba preguntarse si todavía es posible atestiguar la contingencia de las ideas implicadas en las definiciones conciliares? ¿No comprometería esto el carácter irreformable de estas definiciones? El Concilio de Trento (sesión 6, capítulo 7, canon 10) por excelencia, en su enseñanza sobre la justificación emplea la idea de causa formal. Consecuentemente ¿no amparó el Concilio este término y le confirió un carácter definitivo a la idea de la gracia como forma? De ninguna manera. Ciertamente no fue la intención del Concilio el canonizar una idea Aristotélica, ni siquiera una idea teológica concebida bajo la influencia de Aristóteles. El Concilio sencillamente deseó afirmar, contra los Protestantes, que la justificación es una renovación interior. Persiguiendo ese fin se usaron algunas ideas teológicas del momento. Pero uno puede modificar otras por esas sin modificar el sentido de la enseñanza.» (Énfasis mío)

Indudablemente el Concilio no canonizó la idea Aristotélica de la forma con todas sus relaciones con otras ideas del sistema Aristotélico. Pero la aprobó como una idea humana estable en el sentido que hablamos de que todo lo que constituye formalmente una cosa (en este caso, la justificación) (8). En este sentido, se habla de la gracia santificante como distinta de la gracia actual al decir que ella es una regalo sobrenatural, infusa que es inherente al alma y por la que el hombre es formalmente salvado (9). Si el Concilio definió la fe, esperanza y caridad como virtudes infusas permanentes su principio radical (gracia habitual o santificante) debe ser también un regalo infuso permanente, y de ahí que, distinto de la gracia actual o de una acción divina transitoria.

Pero ¿cómo puede uno mantener el sentido de esta enseñanza del Concilio de Trento, específicamente que «la gracia santificante es la causa formal de la salvación»? ni siquiera digo si «uno sustituye con un equivalente verbal» sino que digo como el Padre Bouillard «si uno sustituye con otra idea».

Si es otra idea entonces ya no es más la de causa formal: entonces ya tampoco es verdadero decir con el Concilio: «la gracia santificante es la causa formal de la salvación.» Es necesario contentarse con decir que la gracia fue definida en la época del concilio como la causa formal de la salvación, pero hoy es necesario definirla de otra manera, y que esta definición anticuada ya no es actual y por lo tanto ya tampoco es verdadera porque una doctrina que ya no es actual, como dijimos, es una doctrina falsa.(10)

La respuesta sería: la idea de la causa formal uno la puede sustituir por otra idea equivalente. Aquí uno queda satisfecho con meras palabras (al insistir primero sobre otra y luego sobre una equivalente) especialmente ya que no es una equivalencia verbal, sino que es otra idea. ¿Qué pasa incluso con la idea de lo que es la verdad? (11)

Así la pregunta bien seria continúa resurgiendo: ¿Se mantiene como verdadera la proposición conciliar: mediante la conformidad con el objeto fuera de la mente y con sus leyes inmutables o en su lugar mediante la conformidad con los requerimientos de la vida humana que siempre está cambiando? (12)

Uno ve el peligro de esta nueva definición de la verdad que ya no es la adecuación del intelecto con la realidad sino la conformidad de mente y vida (13). Cuando en 1906 Maurice Blondel propuso esta sustitución él no pudo prever todas las consecuencias para la fe. ¿No estaría el mismo aterrorizado o al menos muy contrariado? (14) ¿A qué «vida» se refiere en esta definición de: «conformidad de mente y vida»? Se refiere a la vida humana. Y entonces ¿cómo puede uno evitar la definición modernista: «La verdad no es más inmutable que el hombre mismo en cuanto que ella evoluciona junto con él, en él y a través de él.» (15) (Denz. 2058) Uno entiende por qué Pío X dijo de los modernistas: «ellos pervierten el eterno concepto de la verdad.» (16) (Denz. 2058).

Es muy peligroso decir: «Las ideas cambias, las afirmaciones permanecen.» Si incluso la idea de la verdad está cambiando, la afirmación no permanece verdadera en el mismo sentido, no de acuerdo con el mismo significado. Entonces el significado del Concilio ya no se mantiene como uno lo hubiese deseado.

Desafortunadamente la nueva definición de la verdad se ha esparcido entre esos que olvidan lo que Pío X había dicho: «Le encomendamos a los profesores tener bien presente en mente que ellos no pueden dejar de lado a Santo Tomás, especialmente en las cuestiones metafísicas, sin graves desventajas. Un pequeño error en principio, dice Santo Tomás, es un gran error en conclusión.» (17) (Encíclica Pascendi)

Además, ninguna definición de la verdad es ofrecida en la nueva definición de teología: «La teología no es más que una experiencia religiosa o espiritual que encuentra su expresión intelectual.» Y así siguen aseveraciones como: «si la teología pueda ayudarnos a entender la espiritualidad, la espiritualidad causará, en el mejor de los casos, que nuestras categorías teológicas broten y estaremos obligados a formular diferentes tipos de teología… Porque cada gran espiritualidad correspondía a una gran teología.» ¿Significa esto que dos teologías pueden ser verdaderas incluso si sus tesis principales son contradictorias y opuestas? La respuesta será que no si uno mantiene la definición tradicional de la verdad. La respuesta será que sí si uno adopta la nueva definición de la verdad, concebida no en relación al ser y a las leyes inmutables sino en relación a las diferentes experiencias religiosas. Estas definiciones sólo buscan reconciliarnos con el modernismo.

Debe recordarse que en Diciembre 1 de 1924 el Santo Oficio condenó 12 proposiciones tomadas de la filosofía de la Acción entre las cuales estaba la número 5 o la nueva definición de la verdad: «La verdad no se encuentra en ningún acto particular del intelecto donde se dé la conformidad con el objeto como dicen los Escolásticos sino que en su lugar la verdad siempre está en un estado de devenir y consiste en un alineamiento progresivo del entendimiento con la vida, de hecho es un proceso perpetuo mediante el cual el intelecto se esfuerza por desarrollar y explicar eso que le presenta la experiencia o la acción le requiere: por cuyo principio, más aun, así como en toda progresión, nunca nada está determinado o fijado.» (18) La última de estas proposiciones condenadas es: «Incluso luego de que la Fe ha sido recibida el hombre no debe descansar en los dogmas de la religión y aferrarse a ellos fija e inamoviblemente sino que siempre solícito debe moverse hacia delante hacia una verdad más profunda e incluso evolucionar hacia nuevos conceptos y hasta corregir eso que él cree.» (19)

Muchos que no acogieron estas advertencias ahora han vuelto a estos errores.

Pero entonces, ¿cómo se puede mantener que la gracia santificante es esencialmente gracia sobrenatural, gratis, de ninguna manera debida a la naturaleza humana ni a la naturaleza angelical?

Santo Tomás articuló claramente este principio con la luz de la Revelación; las facultades, los «hábitos» y sus actos son especificados por su objeto formal; o el objeto formal de la inteligencia huma e incluso el de la inteligencia angelical son inmensamente inferiores al objeto propio de la inteligencia divina (20). Pero si uno deja de lado toda metafísica en orden a ser saciado con estudio histórico e introspección psicológica, el texto de Santo Tomás se hace ininteligible. Desde este punto de vista ¿que será mantenido por la doctrina tradicional sobre que la distinción no es contingente sino necesitada en virtud del orden de la gracia y el de la naturaleza?

Sobre este asunto hay un libro reciente del Padre Henri de Lubac, Surnaturel(Etudes historiques) (21), sobre la posible impecabilidad de los ángeles en el orden natural en el que él escribe: «Nada es dicho por Santo Tomás en relación a una distinción, que luego será falsificada por un número de teólogos Tomistas, entre ‘Dios autor del orden natural’ y ‘Dios autor del orden sobrenatural’… como si la beatitud natural… en el caso de los ángeles tuviera que resultar de una actividad infalible, no-pecar»(22).

Por el contrario, Santo Tomás frecuentemente distingue el fin último sobrenatural del fin último natural (23), y en relación al diablo, dice (24): «El pecado del diablo no fue en relación a nada que le compete al orden natural, sino de acuerdo a algo sobrenatural» (25).

Así uno se volvería completamente desinteresado de la pronuntiata maiora (pronunciamientos mayores) de la doctrina filosófica de Santo Tomás, esto es, en las 24 tesis Tomistas aprobadas en 1916 por la Sagrada Congregación de los Estudios.

Todavía más, el Padre Gaston Fessard, S.J. en Les Etudes, Noviembre de 1945,26 habla de la «bienvenida somnolencia que protege al Tomismo canonizado, pero también, como Péguy ha dicho: ‘lo enterró’ y por su parte las escuelas de pensamiento dedicadas a lo contrario están llenas de vida».

En la misma revista en Abril de 1946 se dijo que el neo-Tomismo y las decisiones de la Comisión Bíblica son «una barandilla, pero no una respuesta». Y se propuso que el Tomismo fuera reemplazado, como si León XIII y la encíclica Aeternis Patris hubiesen sido burladas, como si Pío X al revivir las mismas recomendaciones hubiese tomado una ruta falsa? Y ¿sobre qué sendero terminan esos que fueron inspirados por esta nueva teología? ¿Dónde sino en el camino del escepticismo, la fantasía y la herejía? Su Santidad Pío XII recientemente dijo en un Discurso públicado en L’Osservatore Romano el 19 de Diciembre de 1946:

«Hay una buena cantidad de charla (pero sin la claridad necesaria de conceptos) sobre una ‘nueva teología’, la que debe estar en transformación constante siguiendo el ejemplo de todas las otras cosas en el mundo las cuales están en un estado constante de flujo y movimiento sin nunca llegar a su término. Si fuésemos a aceptar tal opinión ¿qué sería de los dogmas inmutables de la Fe Católica; y qué sería de la unidad y estabilidad de la Fe?« (27).

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2. Aplicación de Nuevos Principios a las Doctrinas del Pecado Original y la Eucaristía
Algunos dirán sin duda que exageramos, pero incluso un error pequeño en relación a las primeras ideas y primeros principios tiene consecuencias incalculables que no se prevén por esos que a su vez han sido burlados. Las consecuencias de los puntos de vista nuevos, algunas de las cuales ya hemos revisado, han ido más allá de los pronósticos de los autores que hemos citado. No es difícil ver estas consecuencias en algunas publicaciones escritas a máquina que han sido enviadas (algunas desde 1934) al clero, seminarios e intelectuales Católicos; uno encuentra en ellas las aseveraciones más singulares y le negación del pecado original y la Presencia Real.

Algunas veces, en estas mismas publicaciones circulantes, antes de que tales novedades sean propuestas el lector es condicionado al decírsele: Esto puede parecer alocado al principio, sin embargo, si usted mira de cerca, no es ilógico. Y muchos terminan creyéndolo. Esos con inteligencias superficiales lo adoptarán, y el edicto: «una verdad que no es actual, ya no es verdadera» saldrá a camino. Algunos se ven tentados a concluir: «Parece que la doctrina de los dolores eternos en el infierno ya no es actual, y por lo tanto ya no es verdadera». Se dice en el Evangelio que un día la caridad será congelada en muchos corazones y ellos serán seducidos por el error.

Es una obligación de conciencia estricta para los teólogos tradicionales el responder. De otra manera, ellos negarían gravemente su deber y serán hechos responsables de esto delante de Dios. 

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En los archivos copiados y distribuidos en Francia en años recientes (al menos desde 1934, algunos de los cuales este escritor tiene), son enseñadas las doctrinas más fantásticas y falsas sobre el pecado original.

En estos mismos archivos, el acto de la Fe Cristiana no se define como una verdad sobrenatural e infalible de acuerdo a las verdades reveladas en base a la autoridad de Dios Quien las revela (28), sino como una creencia del espíritu en relación a un punto de vista sobre el universo. Esta perspectiva refleja lo que es posible y más probable, pero no demostrable. La Fe se convierte en un ensamble de opiniones probables. Desde este punto de vista, Adán parece ser no un hombre individual de quien desciende la especie humana, sino que es, en su lugar, un colectivo.

Así, desde este punto de vista, se hace imposible asirse a la doctrina revelada del pecado original como es explicado por San Pablo, Rom. 5, 18: «Por lo tanto como por la ofensa de uno vino la condenación sobre todos los hombres; así mismo por la justicia de uno, vino la justificación de la vida sobre todos los hombres» (29). Todos los Padres de la Iglesia, quienes eran intérpretes autorizados de Las Escrituras en su enseñanza sagrada constante, siempre han significado que Adán era un hombre individual así como después de Cristo y no un colectivo.30 Pero lo que se no propone ahora es una probabilidad con un significado contrario al significado de la enseñanza del Concilio de Orange y Trento, Denz. 175, 789, 791, 793 (31).

Más lejos, desde este punto de vista, la Encarnación de La Palabra sería meramente un momento en la evolución universal.

La hipótesis de la evolución material del mundo es extendida hacia el orden espiritual. El mundo sobrenatural está en evolución hacia la venida plena de Cristo.

El pecado, en cuanto a que afecta el alma, es algo espiritual y por tanto intemporal. Así, es de poca importancia para Dios que el pecado haya tomado lugar al principio de la historia de la humanidad o durante el curso de la historia.

El deseo entonces es cambiar no sólo el modo expositivo de la teología, sino incluso la naturaleza de la teología, tanto como la del dogma. Ya no se considera el punto de vista de la fe infusa por la Revelación divina e interpretada por la Iglesia en sus Concilios. Ya no es más una cuestión de los Concilios sino un reemplazo de los mismos con un punto de vista biológico concebido tortuosamente por una tenue luz artificial; sólo para llegar a los puntos de vistas más fantásticos que recuerdan aquellos del evolucionismo Hegeliano que permite que los dogmas sean retenidos sólo en nombre.

Esta es la manera de los racionalistas, la escuela más deseada por los enemigos de la fe, que lo reduce todo a meras opiniones cambiables de manera que no se retenga valor en ellas. ¿Qué permanece de la palabra de Dios dado al mundo para la salvación de las almas?

En los artículos titulados «Cómo creo» uno lee (32):

«Si nosotros queremos, nosotros los otros Cristianos, conservarle a Cristo las cualidades que son la base de Su poder y nuestra adoración, no podemos hacer nada mejor o incluso nada más que aceptar completamente las ideas más modernas sobre la Evolución. Bajo presión, la unión de Ciencia y filosofía ocurre, y el Mundo se impone a sí mismo más y más sobre nuestra experiencia y nuestros pensamientos como un sistema vinculado por actividades que gradualmente nos levantan hacia la libertad de conciencia. La única interpretación satisfactoria de este proceso es esa que lo considera como irreversible y convergente. Así antes de que nosotros llegáramos había un Centro cósmico universal, hacia donde todo apunta, donde Todo es sentido o donde todo se mezcla entre sí. ¡Ah!, es el polo físico de lo universal. La evolución es necesaria para localizar y reconocer la plenitud de Cristo… Al descubrir el vértice del mundo, la evolución permite que Cristo y todo lo que Él dio en servicio de que el mundo tenga sentido, y también hace que la evolución sea posible.

Yo estoy perfectamente al tanto de las proporciones asombrosas de esta idea… pero, al imaginar una maravilla paralela, no puedo hacer nada más sino notar, en términos de la realidad física, las expresiones jurídicas en que La Iglesia deposita su Fe… he llegado decididamente al descubrimiento de que sólo puedo ir en esa dirección que me permite progresar, y consecuentemente salvar mi Fe.

En primer lugar, el Catolicismo me engañó con su estrecha definición del Mundo y por su fracaso al entender el rol de la Materia. Ahora reconozco que por medio de la Encarnación de Dios se me fue revelado que sólo soy capaz de salvarme al unirme al universo. Y mi más profundas esperanzas ‘panteístas’ son guiadas, reafirmadas y satisfechas gracias a esta misma confianza (en el universo). El Mundo a mi alrededor se vuelve divino…

Una convergencia general de las religiones hacia un Cristo-universal, quien fundamentalmente satisface a cada uno: esta me parece ser la única conversión posible para el Mundo y la única forma imaginable para la Religión del futuro» (33).

Así el mundo material habrá evolucionado hacia el espíritu y el mundo del espíritu evolucionaría naturalmente, es decir, hacia lo sobrenatural y hacia la plenitud de Cristo. Así la Encarnación del Mundo, el cuerpo místico, el Cristo universal serían momentos de la Evolución y basándose en este punto de vista de un progreso constante desde el principio parecería que no hubo una caída al principio de la historia de la humanidad sino un progreso constante del bien que triunfa sobre el mal de acuerdo a las mismas leyes de la evolución. El pecado original en nosotros sería el resultado de las culpas del hombre, las que habrían ejercido una influencia mortal sobre la humanidad.

Véase entonces qué permanece de los dogmas Cristianos en esta teoría que se distancia de nuestro Credo en proporción a su acercamiento al evolucionismo Hegeliano.

En el trabajo citado anteriormente el escrito dice: «He tomado el único camino que me parece posible para alcanzar el progreso y consecuentemente para salvar mi Fe». Esto por lo tanto significa que la Fe de por sí sólo salva si ella progresa y cambia tanto que uno ya no pueda reconocer la Fe de los Apóstoles ni la de los Padres de los Concilios. Es una manera de aplicar el principio de la nueva teología: «Una doctrina que ya no es actual, ya no es verdadera» y para algunos es suficiente que ya no sea actual en ciertos sectores. De aquí surge que la verdad está siempre in fieri, nunca inmutable. La Fe es la conformidad del juicio, no con el ser y sus leyes necesarias, sino con la vida, la que está evolucionando constantemente y por siempre. Es aquí exactamente hacia donde las proposiciones condenadas por el Santo Oficio en Diciembre 1 de 1924 nos llevan y ya las hemos citado anteriormente (34): «Ninguna proposición abstracta puede tener en sí misma una verdad inmutable. Incluso luego de que la Fe ha sido recibida el hombre no debe descansar en los dogmas de la religión y aferrarse a ellos fija e inamoviblemente sino que siempre solícito debe moverse hacia delante hacia una verdad más profunda e incluso evolucionar hacia nuevos conceptos y hasta corregir eso que él cree»(35).

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Tenemos otro ejemplo de la misma desviación en las publicaciones escritas a máquina sobre la Presencia Real, las cuales han estado circulando por algunos meses entre el clero. Estas dicen, formalmente, que el problema real de la Presencia Real no estuvo bien presentado: «La respuesta a todas las dificultades que fueron presentadas fue: Cristo está presente en la manera de una sustancia… Esta explicación no tocó el problema real. Añadimos que en su claridad engañosa se suprimió el misterio religioso. Estrictamente hablando ahí no queda un misterio, no hay nada más que una maravilla».

Así es Santo Tomás el que no sabía cómo presentar el problema de la Presencia Real y su solución: la presencia del Cuerpo de Cristo a modo de sustancia (36) sería ilusoria; su claridad es una claridad engañosa.

Se nos advierte que la nueva explicación propuesta «implica evidentemente que el método de reflexión sustituye al método escolástico por uno Cartesiano y Espinozano».

Un poco más allá en cuanto a la transubstanciación uno lee: «Esta palabra no deja de tener sus inconveniencias, así como el pecado original. Ellas responden a una manera en la que los escolásticos concebían y definían esta transformación y su definición es inadmisible«.

Aquí el escritor se distancia no sólo de Santo Tomás sino del Concilio de Trento (37) porque el Concilio definió la transubstanciación como verdadera por la fe e incluso dijo: «un cambio que la Iglesia Católica de la manera más apropiada llama transustanciación» (38). Hoy estos nuevos teólogos dicen:

«No sólo es esta palabra inconveniente… ella se corresponde con una definición y concepto inadmisibles».

En la perspectiva escolástica, en la que la realidad de las cosas es ‘la substancia’, la cosa podría no cambiar, sólo si la sustancia cambia… por la transubstanciación. De acuerdo al punto de vista actual, donde, en virtud de la ofrenda que fue hecha de acuerdo a un rito determinado por Cristo, el pan y el vino se convirtieron en el símbolo eficaz del sacrificio de Cristo y consecuentemente de la presencia espiritual y su ser religioso fue cambiado, no sólamente su substancia (39). Y también: «Esto es lo que podemos designar como transubstanciación».

Pero está claro que esta ya no es la transubstanciación definida por el Concilio de Trento: «esa conversión singular de toda la substancia del pan en el cuerpo y de la substancia entera del vino en la sangre, las especies del pan y el vino sólo permanecen» (40). Es evidente que el sentido del Concilio no es mantenido con la introducción de estos nuevos conceptos. El pan y el vino se han convertido sólo en «los símbolos eficaces de la presencia espiritual de Cristo».

Esto nos trae particularmente cerca a la posición modernista que no afirma la Presencia Real del Cuerpo de Cristo en la Eucaristía sino que solamente dice desde un punto de vista práctico y religioso: Compórtate en relación a la Eucaristía de la misma manera que te comportarías en relación a la humanidad de Cristo.

En estas mismas publicaciones circulantes se hace exactamente lo mismo con el misterio de la Encarnación: «Aunque Cristo es verdaderamente Dios uno no puede decir que, por causa de Él, Dios estaba presente en la tierra de Judea… Dios no estaba más presente en Palestina que lo que estaba en cualquier otro sitio. El signo eficaz de la presencia divina se manifestó en Palestina en el Primer Siglo de nuestra época y esto es todo lo que uno puede decir» (41).

Finalmente el mismo escritor añade: «El problema de la causalidad de los sacramentos es un problema falso, nacido de un método falso al proponer la pregunta».


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Nosotros no creemos que los autores que hemos tratado han abandonado la doctrina de Santo Tomás. En vez de eso ellos nunca se adhirieron a ella ni siquiera la entendieron muy bien. Esto es entristecedor e inquietante.

¿No sería que sólo los escépticos pueden ser formados a través de este tipo de enseñanza ya que nada cierto se propone en lugar de Santo Tomás? Más aun ellos pretenden someterse a la enseñanza de la Iglesia, pero ¿cuál es la substancia de esta sumisión?

Un profesor de teología me escribió:

«En efecto, el concepto mismo de la verdad ha sido puesto en debate y sin darse cuenta plenamente de esto así han vuelto al modernismo tanto en pensamiento como en acción. Los escritos de los que me hablas son muy leídos en Francia. Es cierto que ellos ejercen una gran influencia en las almas de tipo promedio. Tienen poco efecto en las personas serias. Es necesario escribirle a esos que tienen el deseo sincero de ser iluminados».

Seguramente la Iglesia no sólo reconoció la autoridad de Santo Tomás en el ámbito de la teología sino, por extensión, también en la filosofía. Contrario a sus aseveraciones la Encíclica Aeternis Patris de León XIII habla sobre todo de la filosofía de Santo Tomás. De la misma manera las 24 tesis Tomistas propuestas en 1916 por la Sagrada Congregación de los Estudios son de orden filosófico, y si estas pronunciata maiora de Santo Tomás no son certificadas entonces ¿cómo puede tener valor esta teología si ellas son constantemente reiteradas en filosofía? Finalmente ya hemos citado a Pío X quien escribió: «Le encomendamos a los profesores tener bien presente en mente que ellos no pueden dejar de lado a Santo Tomás, especialmente en las cuestiones metafísicas, sin graves desventajas.Un pequeño error en principio, dice Santo Tomás, es un gran error en conclusión«.

¿De dónde vienen estas tendencias? Un buen analista me escribió:

«Estamos cosechando los frutos de una asistencia no vigilada a las clases universitarias. Esos que han intentado asistir a las clases de los maestros del pensamiento modernista con la intención de convertirlos se han permitido ser convertidos por ellos. Poco a poco llegan a aceptar sus ideas, sus métodos, su desprecio por el escolasticismo, su historicismo, su idealismo y todos sus errores. Si este es el resultado de esos que han sido formados, seguramente es peligroso para los otros».

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Conclusión: ¿A dónde va la Nueva Teología?

Ella vuelve al modernismo. Porque aceptó la proposición que era intrínseca al modernismo: esa de sustituir, como si fuese ilusoria, la definición tradicional de la verdad: adequatio rei et intellectus (la adecuación del intelecto con la realidad) por la definición subjetiva: adequatio realis mentis et vitae (la adecuación del intelecto con la vida). Eso quedó definido más explicitamente en la proposición citada, la que surgió de la filosofía de la acción y que fue condenada por el Santo Oficio en Diciembre 1 de 1924: «La verdad no se encuentra en ningún acto particular del intelecto donde se dé la conformidad con el objeto como dicen los Escolásticos sino que en su lugar la verdad siempre está en un estado de devenir y consiste en un alineamiento progresivo del entendimiento con la vida, de hecho es un proceso perpetuo mediante el cual el intelecto se esfuerza por desarrollar y explicar eso que le presenta la experiencia o la acción le requiere: por cuyo principio, más aun, así como en toda progresión, nunca nada está determinado o fijado.»18 (v. Monitore ecclesiastico, 1925, t. I, p. 194.)

La verdad ya no es la conformidad del juicio con la realidad intuitiva y sus leyes inmutables sino la conformidad del juicio con las exigencias de la acción y con la vida que continúa evolucionando. La filosofía del ser u ontología es sustituida por la filosofía de la acción que define la verdad no ya como una función del ser sino de la acción.

Por lo tanto es modernismo repetido: «La verdad no es más inmutable que el hombre mismo en cuanto que ella evoluciona junto con él, en él y a través de él» (42). También Pío X dijo de los modernistas: «ellos pervierten el concepto eterno de la verdad».

Esto es lo que nuestro mentor el Padre M.B.Schwalm previó en sus artículos en Revue thomiste (de 1896 a 1898) (43) sobre la filosofía de la acción, sobre el dogmatismo moral del Padre Laberbtonnière, sobre la crisis de la apologética contemporánea, sobre las ilusiones del idealismo y sobre los peligros que todos estos significaban para la Fe.

Pero mientras algunos pensaban que el Padre Schwalm había exagerado, poco a poco ellos concedieron el derecho a citar la nueva definición de la verdad, y más o menos cesaron de defender de la definición tradicional de la verdad tanto como la conformidad del juicio con el ser intuitivo y las leyes inmutables de la no-contradicción, la causalidad, etc. Para ellos la verdad ya no es eso que es, sino eso que deviene y está siempre y constantemente cambiando.

Por lo que dejar de defender la definición tradicional de la verdad al permitir que sea ilusoria es entonces necesario sustituir por lo vitalista y evolucionario. Esto lleva entonces a un relativismo completo y es un error serio.

Más aun, esto lleva a decir lo que los enemigos de la Iglesia quieren llevarnos a decir. Cuando uno lee sus trabajos recientes uno ve que están completamente contentos y ellos mismos proponen interpretaciones de nuestros dogmas, ya sea en relación al pecado original, el mal cósmico, la Encarnación, la Redención, la Eucaristía, la integración universal final, el Cristo cósmico, la convergencia de todas las religiones hacia un centro cósmico universal.44

Uno entiende por qué el Santo Padre en su reciente discurso publicado en Septiembre 19 de 1946, edición de L’Oservartore Romano, dijo cuando hablaba de la «nueva teología»: «si fuésemos a aceptar tal opinión ¿qué sería de los dogmas inmutables de la Fe Católica; y qué sería de la unidad y estabilidad de la Fe?«.

Aun más, ya que la Providencia sólo permite el mal por una razón buena, y ya que vemos entre nosotros una excelente reacción en contra de los errores que hemos enfatizado aquí, podemos esperar que estas desviaciones sean la ocasión de una verdadera renovación doctrinal, conseguida mediante un profundo estudio de la obra de Santo Tomás, cuyo valor es más y más aparente cuándos se compara con el desarreglo intelectual de hoy (45).

Notas

1. 1944, p. 219.
2. Énfasis añadido.
3. ibid, p. 213ss.
4. p. 224.
5. «Philosophiae rationalis ac theologiae studia et alumnorumin his disciplinis institutionem professores omnino pertractent ad Angelici Doctoris rationem, doctrinam, et principia, eaque sancte teneant.» (Código de Derecho Canónico, Can. 1366, n.2)
6. op. cit., p. 221.
7. ibid.
8. He explicado esto más completamente en Le Sens commun, la philosophie de l’etre et les formules dogmatiques 4ta edición, 1936, p. 362ss.
9. CF. Denzinger, 789, 821.
10. Más aun está definido que las virtudes infusas (sobre todo las vvirtudes teologales), que se derivan de la gracia habitual, son cualidades, principios permanentes de operaciones meritorias sobrenaturales; es por lo tanto necesario que la gracia habitual o gracia santificante (por la que estamos en el estado de gracia), de la que estas virtudes proceden como de su fuente, sean ellas mismas una cualidad infusa permanente y de ninguna manera una moción como lo es la gracia actual. Por lo tanto es mucho antes de Santo Tomás que la Fe, la esperanza y la caridad eran concebidas como virtudes infusas. ¿Qué podría ser más claro? ¿Por qué volverse a la era de Santo Tomás con el pretexto de adelantarse a estas preguntas y poner en duda las verdades más ciertas y fundamentales? Hacer esto es una indicación del desarreglo intelectual de nuestros tiempos.
11. El Sr. Maurice Blondel escribió en Les Annals de Philosophie chrétienne, Junio 15 de 1906, p. 235: «Por la abstracta y quimérica adaequatio vei et intellectus uno sustituye la investigación metódica l’adaequatio realis mentis et vitae.» No está falto de gran responsabilidad el que uno llame «quimérica» la definición tradicional de la verdad definida por siglos en la Iglesia y que uno hable de ella al sustituirla con otra en cada área que comprende la Fe teológica.

¿Han corregido las subsecuentes obras de Blondel esta desviación? Somos incapaces de asegurar eso. Él también dice en L’Ètre et les ètres, 1935, p. 415: «Cualquier evidencia intelectual, incluso la de los mismos principios absolutos y que tienen un valor ontológico imponen sobre nosotros una forma restringida de certeza.» En orden a admitir el valor ontológico de estos principios uno debe tener una elección libre y por medio de esta elección su valor ontológico se hace por lo tanto sólo probable. Pero es necesario admitirlo de acuerdo a la necesidad de la acción secundum conformitatem mentis et vitae. No puede ser de otra manera si uno sustituye lafilosofía de la acción por la filosfía del ser u ontología. Así la verdad no se definió como una función del ser sino de la acción. Todo fue cambiado. Un error en relación a la primera idea de la verdad da paso a un error en relación a todo el resto. Ver también en La Pensée de Blondel (1934) V.I, p. 39, 130-136, 347, 355; y V. II. P. 65 ss., 90, 96-196.
12. per conformitatem cum ente extramentali et legibus eius immutabilibus, an per conformitatem cum exigentiis vitae humanae quae semper evolvitur?
13. “ya no adaequatio rei et intellectus, sino conformitas mentis et vitae.”
14. Otro teólogo, quien citaremos más adelante, nos pide decir que al momento del Concilio de Trento la transubstanciación fue concebida como el cambio, la conversión de la substancia del pan en el Cuerpo de Cristo, pero que hoy se ha venido a pensar en la transubstanciación sin el cambio de substancia, significando que la substancia del pan, que permanece, se convierte en el signo eficaz del Cuerpo de Cristo. Y que esto pretende ¡¡¡conservar el sentido del Concilio!!!
15. “Veritas non est immutabilis plusquam ipse homo, quippe quae cum ipso, in ipso et per ipsum evolvitur”. (Denz. 2058)
16. “aeternam veritatis notionem pervertunt.” (Denz 2080)
17. “Magistros autem monemus, ut rite hoc teneant Aquinatem vel parum deserere,praesertim in re metaphysica, non sine magno detrimento esse. Parvus error in principio, sic verbis ipsius Aquinatis licet uti, est magnus in fine.” (Encíclica Pascendi)
18. “conformitas cum obiecto, ut aiunt scholastici, sed veritas est semper in fieri, consistitque in adaequatione progressiva intellectus et vitae, scil. in motu quodam perpetuo, quo intellectus evolvere et explicare nititur id quod parit experientia vel exigit actio: ea tamen lege ut in toto progressu nihil unquam ratum fixumque habeatur.” La última de estas proposiciones condenadas es: “Etiam post fidem conceptam, homo non debet quiescere in dogmatibus religionis, eisque fixe et immobiliter adhaerere, sed semper anxius manere progrediendi ad ulteriorem veritatem, nempe evolvendo in novus sensus, immo et corrigendo id quod credit.”
19. Estas proposiciones condenadas se encuentran en Monitore ecclesiastico, 1925, p. 194; en Documentation catholique, 1925, V. I. p. 771 ss., y en Praelectiones Theologiae naturalis por el Padre Descoqs, 1932, VI, p. 150, V. II, p. 287ss.
20. La Deidad o la íntima vida de Dios, cf. 1a , q. 12, a.4.
21. 1946, p. 254.
22. Ibid, p. 275.
23. CF. 1st, q. 23, a. 1: “Finis ad quemres creatae ordinatur a Deo est duplex. Unus, qui excedit proportionem naturae creatae et facultatem, et hic finis est vita aeterna, quae in divina visione consistit: quae est supra naturm cuiuslibet creaturae, ut supra habitum est» 1st, q. 12, a. 4. «Alius autem finis est naturae creatae proportionatus, quem scil. res creata potest attingere sec. Virtutem suae naturae.” Item Ist. Iind, q. 62, a. 1: “Est autem duplex hominis beatitudo, sive felicitas, ut supra dictum est,» q. 3. A. 2 ad 4; 1. 5, a.5. «Una quidem proportionata humanae naturae, ad quam scil. homo prevenire potest per principia suae naturae. Alia autem est beatitudo, naturam hominis excedens.»
Item de Veritate, q. 14, a. 2 : “Est autem duplex hominis boum ultimum. Quorum unum est proportionatum naturae … haec est felicitas de qua philosophi locuti sunt … Aliud est bonum naturae humanae proportionem excedens.” Si uno ya no admite la distinción clásica entre el orden de la naturaleza y el orden de la gracia, uno diría que la gracia es el logro normal obligatorio de la naturaleza, y la concesión de tal favor no permanece menos, uno diría, libre, como la creación y todo lo que le sigue, porque la creación ya no es necesaria. A lo que el Padre Descoqs, S.J. en su pequeño libroAutour de la crise du Transformism 2da. edición, 1944, p. 84, muy legítimamente responde: “Esta explicación nos parece estar en distinguida oposición a la más explícita enseñanza Católica. También contiene una concepción evidentemente errónea de la gracia. La creación nunca es una gracia en el sentido teológico de la palabra, la gracia sólo se puede encontrar en relación a la naturaleza. En tal perspectiva, el orden natural desaparece.»
24. De malo, 1.16, a.3.
25. “Peccatum diaboli non fuit in aliquo quod pertinet ad ordinem naturalem, sed secundum aliquid supernaturale.” Item 1a, 1.63, a. I. ad 3.
26. p. 269-270.
27. “Plura dicta sunt, at non satis explorata ratione ‘de nova theologia’ quae cum universis semper volventibus rebus, una volvatur, semper itura, numquam perventura. Si talis opinio amplectenda esse videatur, quid fiet de numquam immutandis catholicis dogmatibus, quid de fidei unitate et stabilitate?”
28. propter auctoritatem Dei revelantis.
29. “Sicut per nsius delictum in omnes homines in condemnationem, sic et per unius iustitiam in omnes homines in justificationem vitae. Sicutenim per inoboedientiam unius peccatores constituti sunt multi, ita per unius oboeditionem iusti constituentur multi.” Rom. V, 18.
30. CF. L’Épitre aux Romains, del Padre M. J. Lagrange, O.P. 3ra. Edición, Comentario en el capítulo V.
31. Las dificultades para las ciencias positivistas y para la prehistoria fueron expuestas en el artículo “Polygenism du Dict, de théol. Cath.» Los autores de este artículo, A. y J. Bouyssonie, distinguieron claramente, sección 2536, el alcance de la filosofía como ser «Donde el naturalista, en tanto que él es uno, es incompetente.» Hubiese estado bien si, en ese mismo artículo, la pregunta se hubiese tratado desde tres puntos de vista: el de las ciencias positivas, el de la filosofía y el de la teología, particularmente en relación al dogma y el pecado original.

De acuerdo a varios teólogos, la hipótesis de que antes de Adán había hombres en la tierra que eran de la raza humana, no es contraria a la fe. Pero de acuerdo a la Escritura, la especie humana que está esparcida sobre la tierra entera proviene de Adán, Gén. III. 5…20, Sab. X, I: Rom V 12,18,19; Hechos XVII 26.

También al leer el punto de vista filosófico una intervención libre de Dios al crear el alma humana era necesaria, e incluso para preparar el cuerpo para recibirla. El engendrar una naturaleza inferior no puede de ninguna manera producir este estado superior de su especie; más proviene de menos, contrario al principio de causalidad.

Finalmente, tal como en el artículo citado, 2535, “De acuerdo a los mutacionistas (de hoy) una única semilla dio paso a la nueva especie. La especie fue iniciada por un individuo excepcional (superior).»
32. p. 15.
33. Énfasis añadido. El mismo tipo de ideas casi fantásticas se encuentran en un artículo del Padre Teilhard de Chardin, “Vida y Planetas», publicado en les Études, Mayo de 1946, especialmente p. 158-160 y 168. —- Ver también Cahiers du Monde nouveau, Agosto de 1946, también del Padre de Chardin, “Un grand Evènement qui se dessine: le Planetisation humaine.”

Yo también he citado recientemente una obra del mismo autor tomada de Études, 1921, V. II, p. 543, donde él habla de «La imposibilidad de determinar nuestro comienzo absoluto en el orden del fenómeno.» — A lo que los Sres. Sale y Lafont respondieron legítimamente en L’Évolution regressive, p. 47: “¿No es la creación un comienzo absoluto?” La Fe nos dice que Dios diariamente crea el alma de los bebés, y que en el principio Él creó el alma espiritual del primer hombre. Para Él el milagro es un comienzo absoluto, lo que para nada es repugnante a la razón.
CF: sobre este punto, P. Descoqs, S.J., Autour de la crise du transformisme, 2da. edición, 1944, p. 85.
Finalmente, tal como recalcó el Padre Descoqs, ibid, p. 2 y 7, los teólogos no deberían estar hablando tanto de evolucionismo y transformismo ya que las mejores mentes como la del P. Lemolue, Profesor en el Museum escribe: «La evolución es un tipo de dogma que los sacerdotes no creen, pero que sostienen por su gente. Por lo que es necesario tener el coraje para decirlo, de manera que los hombres de la próxima generación conduzcan su investigación con otros métodos.» CF. Conclusión de V. 5 de L’Encyclopédia française (1937). Dr. H. Rouvière, profesor en el Departamento de Medicina de Paris, miembro de la Academia de Medicina, también escribe en Anatomie philosophique, La finalité dans l’Évolution, p. 37: “La doctrina del transformismo colapsa sobre sí misma… la mayoría de los biólogos se han distanciado de ella porque los defensores del transformismo nunca han producido la menor prueba para soportar su teoría y todo lo conocido acerca de la evolución contradice sus contenciones.»
34. «Nulla propositio abstracta potest haberi ut immutabiliter vera.” “Etiam post fidem conceptam, homo non debet quiescere in dogmatibus religionis, eisque fixe et immobiliter adhaerere, sed semper anxius manere progrediendi ad ulteriorem veritatem, nempe evolvendo in novos sensus, immo et corrigendo id quod credit.” CF: Monitore ecclesiastico, 1925, p. 194.
35. CF: Monitore ecclesiastico, 1925, p. 194.
36. praesentia corporis Christi per modum substantiae.
37. Ses. XIII, cap. 4 y can. 2 (Denz. 877, 884).
38. “quam quidem conversionem catolica Eclesia aptissime transsubstantiationem appelat.”
39. En el mismo artículo leemos: “En la perspectiva escolástica la idea de cosa-signose perdió. En un universo Agustiniano, donde una cosa material no es sólo ella misma sino un signo de realidades espirituales, uno puede decir que una cosa, siendo mediante la voluntad de Dios el signo de otra cosa, lo que era por naturaleza, se podría convertir en otra sin un cambio de apariencia.»

En la perspectiva escolástica la idea de cosa-signo no se perdió para nada. Santo Tomás dice 1ra, q. 1, a. 10: “Auctor S. Scripturae est Deus, in cuius potestate est, ut non solum voces ad significandum accommodet (quod etiam homo facere potest) sed etiam res ipsas.” Así Isaac quien preparado para ser sacrificado es la figura de Cristo, y el maná es la figura de la Eucaristía. Santo Tomás nota esto cuando habla de este sacramento. Pero por la consagración de la Eucaristía el pan no sólo se convierte en el signo del Cuerpo de Cristo, y el vino en el signo de Su Sangre como los sacramentales de los Protestantes se piensan que son. CF. D.T.C. art. Sacramentaire; pero como fue formalmente definido en el Concilio de Trento, la sustancia del pan es cambiada en el Cuerpo de Cristo, el que fue hecho presente per modum substantiae bajo la especie de pan. Y esto no sólo es pertinente para los teólogos de la era del Concilio en relación a la consagración. Esta es la verdad inmutable definida por la Iglesia.
40. “conversio totius substantiae panis in Corpus et totius substantiae vini in Sanguinem, manentibus duntaxat speciebus panis et vini.” Denz. 884.
41. Santo Tomás claramente distingue la triple presencia de Dios: primero, la presencia general de Dios en todas las criaturas que él trajo a la existencia (1ra. q. 8, a. 1);
2do, la presencia especial de Dios en los justos por la gracia. Él está en ellos como en un templo, reconocido por un objeto reconocible cuasi-experimentado., q. 43, a. 3; 3ro, la presencia del Verbo en la humanidad de Jesús mediante la unión hipostática. Así que es cierto que luego de la Encarnación Dios estaba más presente en la Tierra en Judea que en cualquier otro sitio. Pero cuando uno piensa que Santo Tomás ni siquiera había sabido como presentar estos problemas, entonces uno se escapa hacia todo tipo de vuelos de la fantasía y retorna al modernismo con la indiferencia que puede ser leída en cada una de estas páginas.
42. “Veritas non est immutabilis plusquam ipse homo, quippe quae cum ipso, in ipso et per ipsum evolvitur”. (Denz. 2058)
43. 1896, p. 36, sección 413; 1897, p. 62, 239, 627; 1898, p. 578.
44. Autores tales como Téder y Papus, en su explicación de martinist doctrine, enseñan un panteísmo místico y un nuevo-gnosticismo por el que todo sale de Dios por emanación (hay entonces una caída, un mal cósmico, un pecado original sui generis), y todo aspira a ser re-integrado en la divinidad, y todo llegará allí. Esto está en muchas obras ocultistas recientes sobre el Cristo moderno, y plenitud en términos de luz astral, ideas que de ninguna manera son las de la Iglesia y que son inversiones blasfemas porque son siempre la negación panteísta de lo verdaderamente sobrenatural, y regularmente son incluso la negación de la distinción entre el bien moral y el mal moral en orden a permitir sólo eso que es un bien útil o deseable incluyendo el mal cósmico o físico, el cual con la reintegración de todo, sin excepción, desaparecerá.
45. Ciertamente nosotros admitimos que la verdadera experiencia mística, la que procede en los justos de los dones del Espíritu Santo, sobre todo, el don de la sabiduría, confirma la fe, porque nos demuestra que los misterios revelados se corresponden con nuestras más profundas esperanzas y provocan la más alta de esas esperanzas. Reconocemos que hay una verdad de la vida, una conformidad del espíritu con la vida del hombre de buena voluntad y una paz que es el signo de la verdad. Pero esta experiencia mística supone la fe infusa, y el acto de la fe misma supone la fe en los misterios revelados.

Del mismo modo, como lo expresa el Concilio Vaticano, somos capaces de tener, por la luz natural de la razón, la certeza de que Dios existe como el autor de la naturaleza. Solamente por eso, es necesario que los principios de estas pruebas, en particular el de la causalidad, sean verdaderos per conformitatem ad ens extramentale, y que ellos sean demostrables mediante pruebas suficientemente objetivas (sujetas a priore al libre albedrío de hombres de buena voluntad), y no sólamente mediante una prueba suficientemente subjetiva, como lo es esa Kantiana de la existencia de Dios.

Finalmente la verdad práctica de la prudencia (per conformitatem ad intentionem rectam) supone que nuestra intención está verdadera y estrictamente fijada en el último fin del hombre, y el juicio del final de los hombres debe ser verdaderosecundum mentis conformitatem ad realitatem extramentalem. CF. I II. Q. 19, a. 3, ad 2.

Fuente : Infovaticana- año 2013.

martes, 20 de julio de 2021

EXORCISMO A DISTANCIA CONTRA HITLER DEL PAPA PIO XII

 


El Papa Pacelli exorcizó «varias veces» y a distancia a Adolf Hitler, por considerarlo una persona poseída; un endemoniado; un hombre tan diabólico en sus programas de dominio y de exterminio, hasta el punto de estar dominado por las fuerzas del Mal. Así lo declaró Sor Pascalina, secretaria particular del Pontífice.

Ocurrió durante la guerra, y «varias veces». Se trata de algo inusual, ya que los exorcismos se hacen normalmente sobre personas poseídas por el demonio o víctimas de ataques diabólicos. En el exorcismo el Papa invocaba a Dios para que liberase a aquella persona de la influencia diabólica que sufría el Führer y en base a la cual actuaba. Estos hechos de Pío XII fueron revelados por el historiador y jesuita alemán Peter Gumpel, teólogo relator del proceso de beatificación del Pontífice Pacelli, en el trascurso de una mesa redonda celebrada junto con el senador Giulio Andreotti en torno al tema «Pío XII, constructor de la paz», en Roma. Gumpel nos desvela el testimonio jurado de Sor Pascalina Lehnert, en el curso del proceso del Siervo de Dios Eugenio Pacelli, quién declaró que «el cardenal alemán Michael von Faulhaber y otros obispos estaban persuadidos de que Hitler estaba endemoniado, así que alertaron al Santo Padre, y éste, cuando se empezó la guerra, no sólo hizo oraciones, sino que recurrió al exorcismo sobre Hitler en su Capilla privada, presentes nosotras, las religiosas».

Pío XII contra Hitler
En contra de los panfletos que han definido sin ningún fundamento a Pío XII como «el Papa de Hitler», el motivo central de la intervención de los ponentes ha sido la réplica documentada a «cuarenta años de calumnias o de pérdida de la memoria en las relaciones de este Papa. La estrategia para proteger a Pacelli de las calumnias es, según Andreotti, la de no jugar a defenderse sino la de pasar al ataque».

Gratitud de los judíos
 En los esfuerzos de Pío XII por evitar la guerra y limitar sus efectos y sobre todo salvar al mayor número posible de judíos (cerca de 700-800 mil según el historiador judío Lapide), emerge el tema de las relaciones Hitler-Pacelli. El pontífice no se encontró con él nunca ni tuvo relación directa con él, sin embargo Gumpel, ha citado en el juicio, las palabras de Pacelli al final de su mandato en Berlín en diciembre de 1929, años antes de la ascensión al poder del dictador en 1933: «Este hombre está completamente poseído, todo lo que no le sirve lo destruye; todo lo que dice y escribe lleva la marca de su egocentrismo; este hombre es capaz de eliminar todo aquello que le resulta un obstáculo. No llego a comprender cómo en Alemania, incluso entre las personas mejores, no se percatan de lo que escribe y dice».

Un Hitler furioso
Los historiadores consideran que Pío XII en el año 1940 compartió el proyecto de algunos generales alemanes de expulsar a Hitler del poder. El relator Gumpel ha recordado las diversas protestas del Papa contra el nazismo, como el radiomensaje de la Navidad del 1942, en contra del programa hitleriano «Nuevo Orden», así como las denuncias de las muertes de miles de personas, tan sólo por razón de nacionalidad o de raza. La fiel secretaria del Papa, Sor Pascalina, supo por medio del cardenal von Faulhaber que el Führer estaba furioso con Pío XII, y había exclamado contra el Pontífice, diciendo: «¿De dónde saca tanta fuerza para resistirme y obstaculizar aquello que yo quiero, ese miserable, que no tiene otra cosa que piel y huesos. No puedo destruir Roma, algo que me hubiera dado mucho placer. ¡A cuántos judíos ha salvado, y no he sido capaz de apoderarme de él!».

Fuente : Religión en libertad.

En otra publicación redactaré el lado oscuro de Hitler de como se se inició en el arte de las ciencias ocultas , que como conocemos adoptó desde cuando era un niño y adiestrado por un monje apóstata. 




miércoles, 10 de junio de 2020

SOBRE EL PODER SECRETO




SOBRE EL PODER SECRETO 
Padre Leonardo Castellani

 Juan Manuel de Prada: Insensatos y expertos


Es sabido que el poder secreto es el dinero. Es un secreto a voces: ya San Pablo en su tiempo dijo: “pecunia, cui obediunt omnia…” No dijo: “Cui obediunt OMNES”; dijo “al cual obedecen todas las cosas”; no dijo “todos los hombres”, porque no todos los hombres obedecen al dinero, y los que lo obedecen servilmente, esos son más bien cosas que hombres. El avaro no es un hombre, dijo Aristóteles: hay tres vidas humanas (buenas o malas según el uso) la vida de placer o pueril, la vida “política” o de acción, y la vida de la contemplación “theoretikós bios”; más la vida del avaro no es vida humana pues el dinero que es un medio se convierte en una aberración vuelto fin. Estas tres vidas aristotélicas corresponden más o menos a las vidas estética, ética y religiosa de Kierkgor.

Algunos piensan que el poder secreto son las mujeres; pero esas son menos secretas todavía. Todos más o menos somos esclavos de ellas, de acuerdo; a no ser que seamos tiranos. Para el cristiano son simplemente hermanas, dijo San Pablo. Pero San Pablo ya no está en la Casa Rosada.

Más hoy en día otros creen existe un poder secreto nada bueno que desde entre bambalinas mueve los títeres de la historia contemporánea, en parte al menos. Si se descarrió fiero la Revolución Francesa, la cual comenzó con buen pie; si hubo una terrible guerra civil en España, y otras dos peores mundiales, eso y otras calamidades proceden del Poder Secreto Mundial, el MRM (Movimiento Revolucionario Mundial) o los “Illuminati” como los llama el comandante William Carr. ¿Son los judíos? No son los judíos. ¿Son los masones? No del todo ¿Son los llamados Tiburones de las Finanzas Refrigeradas? ¿Es el Comunismo? ¿Es el Capitalismo? Es algo más secreto que todo eso, que se sirve y se aprovecha de unos y de otros.

Los libros del Comandante Carr no son despreciables: ha escrito no menos de cinco sobre este tema, que lo obsesionaba. William Carr era un canadiense católico, miembro del Intelligence Service (contraespionaje) de Inglaterra, durante la Segunda Guerra Mundial; y en la Primera comandó una goleta y tripuló un submarino. Ha muerto hace poco en un sanatorio de los EEUU, después de soportar pacientemente una parálisis de muchos años. Yo he traducido del inglés el principal de sus libros, “The Pawns in the Game”, con el título equivalente de “Los títeres en el tablado”; por desgracia no ha podido aún ser editado.

Algunos dirán quizás que es un libro exagerado o fanático. Se debe conceder que es un poco simplista en algunos puntos. Pero los puntos en que suministra información directa de prima fuente (por ej., acerca de la guerra de España, donde estuvo) merecen mucha consideración. Es un hombre que por su oficio debía saber y averiguar cosas ocultas; y ejerció su oficio muchos años.

Carr sostiene que existe en el mundo actual una logia secreta de hombres poderosos, la cual intriga por medio del dinero principalmente, y con toda clase de maniobras, incluso criminales, para llevar avante lo que él denomina “Movimiento Revolucionario Mundial”, MRM. El fin final de esta logia es llegar a un Estado Mundial Ateo, presidido por ellos. Para rastrearlos, Carr se remonta a los prolegómenos de la Revolución Francesa, mostrando en ella la influencia de directivas secretas; cosa que también ha puesto en claro y demostrado en sus poderosos libros el historiador francés Agustín Cochin, y otros. Lo mismo en la Revolución Española; lo cual también ha sido averiguado en parte por los franquistas. Y en las dos guerras mundiales. En suma, su tesis es que las pericias desastrosas de la historia contemporánea, comunismo incluido, no son causales, sino que son coordinadas y coaligadas. Si el unificante y coagulante son los que él llama “Iluminados”, o algún otro poder, grupo o sociedad, eso es materia discutible. Sea quien fuere, él lo llama, no sin razón, satánico.

El libro más ruidoso y mejor escrito sobre este asunto es el del húngaro Louis Marschalko que ha hecho “sensación” en Norteamérica, titulado (en su traducción inglesa) The World Conquerors (Los Conquistadores del Mundo), editado en Londres en 1958. La obra de 300 apretadas páginas se circunscribe al Comunismo, fue escrito a raíz del sangriento aplastamiento de Hungría por Rusia, y abunda en información concreta de historia contemporánea. Su lectura consterna. Al fin del primer capítulo estampa esta frase:

“Así los conquistadores del mundo comenzaron su marcha con intención de subyugar al globo y hacerse los amos de todas las naciones”.

Al fin del libro, a modo de epígrafe, estampa tres citaciones: de Disraelí, de Winston Churchil y de Oscar Leví (que fue Primer Ministro de la Reina Victoria, constructor del Imperio y descendiente de un judío italiano) tomada de su libro La Vida De Lord Jorge Bentinck, dice así:

“El Pueblo de Dios coopera con los ateos: los más habilidosos juntadores de dinero se alían con los Comunistas; la Raza escogida y separada toca las manos de las sórdidas y sobajadas castas de Europa; y todo esto porque desean destrozar este desagradecido Cristianismo que les debe a ellos hasta su nombre cuya tiranía ya no pueden más soportar”

Esta cita de Disraelí concuerda con la de Bernard Lazaré; este fue un israelita amigo de Charles Peguy, que escribió un resonante libro a propósito del choque de Dreyfus y Drunimond en Francia a fines del siglo pasado (XIX). L’Antisemitisme. Dice así en la pag. 350:

“El judío no se satisface con descristianizar, él judaíza. Destruye la fe católica o protestante, suscita la indiferencia religiosa, más para imponer su propia idea acerca del mundo, la moral y la vida en aquellos cuya fe ha arruinado. Trabaja en su tarea secular, la aniquilación de la religión de Cristo”.

El libro de Marschalko es antisemita, o por lo menos les carga la romana a los judíos, los de W. Carr no lo son. Carr cree que en el conciliábulo siniestro que intriga en el mundo para destruir la Tradición y fomentar la Revolución Total, hay judíos ciertamente, o más bien (no de Judá sino de Judas, es decir, malos judíos), lo mismo que hay cristianos y protestantes apóstatas; pero que toda la raza no está comprometida, y cuenta con hombres rectos y bien intencionados, no menos que con muchos indañinos e indiferentes… Lo cual parece obvio.

Por increíble que todo esto parezca, resulta que coincide con un informe a la Santa Sede de Monseñor Miguel D’Herbigny autor de dos libros admirables (Un Newman Ruse y De Vera Religione), fundador de Collegium Russicum de Roma, que dominaba el ruso y anduvo por Rusia; en el cual informa sobre el secreto acerca de una Conspiración Mundial contra la Iglesia, concluye que ella existe. No tengo a mano el texto de ese informe, pero recuerdo bien que concluye afirmando que en algún lugar del mundo, o en varios de ellos, un grupo de poderosos (un trust bancario tiene hoy día un poder brutal, puede canalizar el gran dinero, que no es suyo y que “rejunta” sin arriesgar nada, en producir una revolución en Méjico, por ejemplo), dedicados con actividad y astucia diabólica a derruir la vieja torre creada por la “gens romana” sobre la piedra de un pescador judío y una palabra de Cristo; a fin de crear una imitación invertida de ella. Son hombres que disponen de un poder financiero inmenso, recursos pecuniarios prácticamente ilimitados, gran habilidad de maniobra politiquera; poseídos (por una razón o por otra) de un odio acérrimo al Catolicismo. No es propiamente la Masonería, aunque es posible que de ella se sirvan. No es la raza judía como tal, aunque sea la mentalidad “judaica”. No es una de las religiones o escuelas filosóficas visiblemente establecidas en el mundo. Es un conciliábulo o mafia secreta que unifica y orienta los desordenados movimientos antirreligiosos que surgen acaso… Esta mafia apoyó con dinero y hombres, según el noble francés, el establecimiento “imperial” del bolchevismo. Su acción secreta: no tanto que no se pueda columbrar a veces. Quiere ser secreta.

No parece imposible. Cuando hay movimientos que van al mismo fin, su unión o alianza es fácil: basta que surja una cabeza; como Solano Lima, que quiere “coordinar” a conservadores y peronistas, sandié, y no lo sigue ninguno. Fuera broma, yo creo bastante lo de D’Herbigny cuando estoy con pesadillas… La Iglesia Católica es una (aunque con unidad hoy debilitada), porque Cristo tiene un Vicario en la tierra; ¿por qué no podría el diablo tener también su Vicario para unificar sus huestes? “Todo esto es mío y a quién yo quiero se lo doy”, parece que dijo el diablo a Cristo en este Domingo Primero de Cuaresma; y Cristo no le respondió:” ¡Mentiroso!”

El diablo es la mona de Dios; y los católicos creemos, con el Dante que de él deriva todo mal.

“Si él fue tan bello como ahora hirsuto

Y contra su Hacedor alzó la frente

Dél conviene provenga todo luto.”

Es decir que así como hay una intención en los sucesos tan enmarañados de este mundo, que llamaremos Providencia; bien puede y aún debe haber una contra-intención; más los instrumentos de estas dos intenciones contrarias no son sino una, su causa tiene también que ser una.

Los que no creen en el diablo, los espiritistas, los vendedores de Coca-Cola y los distribuidores de Reader Digest, dicen que todas las cosas que suceden, incluso las que parecen demoníacas, suceden por azar. Yo les preguntaría cómo es posible que ayer justamente tuviera yo que perder la llave del departamento; que el portero andaba con licencia; que mi sobrino, que tiene un duplicado, anduviera en Rosario, que llamo a un cerrajero y el teléfono nunca funciona (¡milagro en Buenos Aires!) y que estoy muerto de sueño y en el hotel “Buen Reposo” me dan una cama con chinches… Y otras cosas peores que en el pasado me han ido pasando. Por suerte, son ya pasadas; y como decía un optimista del Ministerio de Relaciones Exteriores, lo mejor que tiene esta vida es haberla pasado.

Fuera broma, pasan cosas en este mundo mundillo que… Bueno, es hora de acabar. Hombres demoníacos, o sea perversos, los ha habido siempre en el mundo; que estos puedan unirse, aunque sea por las colas (como las zorras de Sansón) no es nada imposible; que tengan mucho dinero, o sea “habilidad para rejuntar propiedad” (como dice pulcramente Disraelí) es justo y adecuado; que dediquen su dinero (en parte), su habilidad y su pasión (en total), a querer edificar en el mundo actual la Torre de Babel de una sociedad sin fronteras, sin clases, sin religiones y sin privaciones, es el sueño eterno de la Humanidad caída y sublevada; y ahora lleva el nombre de Revolución. Y velay la idea de Carr, L. Marschalko y D’Herbigny, apoyada en gavillas por los hechos.

Y ahora la Iglesia Romana les estorba enormemente, Lenín lo dijo.

Esto pensé anoche no pudiendo dormir, más apenas salió el sol, me dí cuenta que nadie lo iba a creer; pero que no obstante siendo mi necesidad o manía escribir artículos, nadie en el mundo me podía prohibir hacer con mi sueño o insomnio un ensayo humorístico; y allá tú si no lo crees o si lo crees, como le dijo el gallego ordenanza al optimista de Relaciones Exteriores al chismearle que su… Bueno, basta de cuchufletas.

Amigo mío, está entrando en pleno delito de genocidio – como le dijo el Negro Mota al Espejo de luna.

Publicado en la revista Dinámica Social; Nro. 136, Mayo de 1962



lunes, 15 de julio de 2019

EL MOVIMIENTO CARISMÁTICO - Jose Sarto y Francisco Putti presbíteros

 el movimiento carismático pdf

ADVERTENCIA 
Aunque esto no lo encontramos descrito en este libro es importante anotar que en los reajustes anti-doctrinales que se estimularon en las reformas religiosas del Concilio Vaticano II , por un lado destacaron dos individuos uno con gran poder ya que este fue el liberal Cardenal Leo Suenens y su compañero de conspiración el teólogo dominico Ives Congar , terminaron en conclusión infiltrar la herejía de los pentecostales herejes y protestantes con el objetivo de contaminar la piedad católica de la Iglesia Universal con el divertido nombre troyano de Movimiento Carismático Católico , y para sorpresa de todo católico de esa y lo será en todas las épocas autorizada por el iscariote "Papa" Paulo VI estampando su firma para autodemolición de la fe , así como otras abominaciones impensables. 
De esta lectura , el lector sabrá dimensionar la catástrofe pos-conciliar que aun deja sus diabólicas huellas y sus pestilentes deformaciones como engañosos presagios en la modernidad y la eclesialidad del pueblo de Dios. 

Que Nuestra Señora del Santísimo Rosario , Patrona y Protectora de los reinos del Perú , ruegue ante su Divino Hijo , envíe la restauración de su Iglesia ,tan rasgada por las intolerables herejías modernistas. Amén!.

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jueves, 27 de junio de 2019

MARITAIN CABALLO DE TROYA DENTRO DEL CONCILIO











Publicado en la Revista ROMA ,revista de Tradición Católica , No 98 -Buenos Aires Marzo de 1987.
Nuestra Señora de Fátima nos dejó una esperanza que el mal nunca triunfa : Al fin mi Inmaculado Corazón Triunfará.

¡Credo Unum Deum!

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domingo, 23 de diciembre de 2018

EL APOSTÁTICO ESPÍRITU DE JUAN PABLO II


Secuencias por años, traicionando a Cristo.




Fuente : Libro Parte de Guerra , Autor : Dr- Julio Vargas Prada. Páginas. 25-27 ,Ed. 1997. Lima-Perú.

¿Como podría un "Papa" ser santo , con semejantes herejías ?
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martes, 7 de agosto de 2018

EL ENUNCIADO FARISEÍSMO DE BERGOGLIO-PENA DE MUERTE


Cuando escribimos “La Iglesia Traicionada” en el año 2010, dedicamos un capítulo de la misma a analizar el libro “El Jesuita”, larguísimo reportaje al entonces Cardenal Bergoglio, realizado por Sergio Rubín y Francesca Ambrogetti de Parreño, y publicado en Buenos Aires, por Editorial Vergara, en ese mismo año 2010. En las páginas cincuenta y uno y siguientes de nuestra obra, asentábamos algo que cobra ahora una triste actualidad, ante la heterodoxa modificación del punto 2267 del Catecismo, declarando la absoluta ilicitud de la pena de muerte. Lo transcribo:


         “En la misma línea ideológica [judaizante], y para seguir avivando el fuego semita, Su Eminencia  sale del ámbito espiritual y artístico para recalar en el terreno moral.


         Con un simplismo impropio de un hombre de estudio, y con un relativismo aún más impropio en un hombre de Fe, sostiene que “antes se sostenía que la Iglesia Católica estaba a favor [de la pena de muerte] o, por lo menos, que no la condenaba”. Pero ahora en cambio, merced al progreso de la conciencia, se sabe que “la vida es algo tan sagrado que ni un crimen tremendo justifica la pena de muerte” (p. 87).


         Entendamos el argumento evolucionista de Bergoglio para valorar adecuadamente lo que dirá después. La aceptación de la licitud de la pena de muerte -que aparece taxativamente exigida como tal, tanto en las páginas vetero y neotestamentarias como en un sinfín de doctrineros católicos y de textos pontificios- debe percibirse como un déficit, un tramo oscuro en el devenir de la conciencia que busca la luz. Lo mismo se diga de las sociedades. En la medida en que “la conciencia moral de las culturas va progresando, también la persona, en la medida en que quiere vivir más rectamente, va afinando su conciencia y ese es un hecho no sólo religioso sino humano” (p.88).


         Para el Cardenal, está claro, no por un análisis per se del hecho, que lo valore inherentemente, sino por la evolución de la conciencia, tanto la Iglesia como la Humanidad, saben hoy que la pena de muerte debe ser rechazada. Clarísimo caso de aquella ruinosa cronolatría que protestara Maritain en Le Paysan de la Garonne. Pero entonces, ¡cómo no deplorar, en consecuencia, aquellos momentos aún involutivos en los que se juzgó erróneamente que algo podría justificar la pena de muerte, incluso “un crimen tremendo”! ¡Cómo no maldecir los tiempos eclesiales y sociales en los que la conciencia aún juzgaba que bajo determinadas condiciones, circunstancias y requisitos era legítima la aplicación del castigo capital!


         Este era el sequitur lógico del razonamiento bergogliano. Pero un tema irrumpe en el diálogo y la ineluctable evolución de la conciencia se puede permitir una excepción. ¿Y cuál será ese tema? Dejémoselo explicar al interesado: “Uno no puede decir: ‘te perdono y aquí no pasó nada’. ¿Qué hubiera pasado en el juicio de Nüremberg si se hubiera adoptado esa actitud con los jerarcas nazis? La reparación fue la horca para muchos de ellos; para otros la cárcel. Entendámonos: no estoy a favor de la pena de muerte, pero era la ley de ese momento y fue la reparación que la sociedad exigió siguiendo la jurisprudencia vigente” (p. 137).


         El pequeño detalle –advertido precisamente por los kelsenianos de estricta observancia- de que “la ley de ese  momento”, vigente positivamente en Alemania, no volvía criminales a los jerarcas nazis, se le olvida al Cardenal. El otro detalle más “pequeño” aún, de que en Nüremberg no se dejó tropelía legal por cometer, ni aberración jurídica por aplicar, ni derechos humanos de los acusados por conculcar, ni tortura aborrecible por aplicar, ni mentira por aducir, tampoco cuenta. Ese otro detallecito de que la horca y el tormento atroz para los germanos no fue “la reparación que la sociedad exigió” sino la venganza monstruosa de la judeomasonería, tras los triunfantes genocidios de los Aliados, en Hiroshima y Nagasaki, ninguna importancia tiene. El Cardenal está en contra de la pena de muerte, pero si van a matar nazis seamos comprensivos y hagamos una excepción hermenéutica. “Era la ley de ese momento”, caramba. La evolución de la conciencia podía esperar un ratito más.


         El Cardenal, además, como feligrés y miembro dirigente del judeocristanismo, ya tiene dónde tranquilizar sus escrúpulos, supuesto que le acometieran. “Hace poco” –les confía a sus socios biográficos- “estuve  en una sinagoga  participando de una ceremonia. Recé mucho y, mientras lo hacía, escuché una frase de los textos sapienciales que nos recordaba: ’Señor, que en la burla sepa mantener el silencio’. La frase me dio mucha paz y mucha alegría” (p. 151).


         Lo que no sabemos es si Su Eminencia se refiere a la burla propia o a la que él le propina a Jesucristo al visitar obsecuentemente la morada de los negadores de su divinidad y artífices de su asesinato. Porque el prete podrá hacer silencio ante la merecida chacota que lo tenga por objeto, pero Dios no se deja burlar (Gál.6, 7). Y el día en que regrese en pos de Su Justicia irrefragable y definitiva, los que se pasaron la vida sinagogueando, a fuer de felones, sabrán qué quería decir Marechal cuando mentaba en el Altísimo “la vara de hiel de su rigor”.


         Agreguemos apenas un par de cosas, en las actuales circunstancias. La primera, para quienes creen que cuando insistimos en la maldita vigencia del sofisma hebreo de la reductio ad Hitlerum, estamos afiliados al Nacionalsocialismo. No; tratamos de estar filiados a la verdad histórica, que es algo bien distinto. En grosera evidencia queda el funcionamiento de aquella falacia. Con los nazis se acabaron los axiomas providistas de “toda vida vale” y otros semejantes.  Toda vida vale; desde la de la ballena hasta la de la mascota hogareña. Pero las tronchadas de modo crudelísimo bajo el tribunal más abyecto de la historia contemporánea, ésas no cuentan. Siempre habrá un eufemismo para justificarlas.


         ¿Alguna vez, como lo dijera Federico Mihura Seeber, sacarán al Nazismo del Cuarto de Barba Azul de la Historia; aquel en el cual no se puede ingresar so pena de morir si uno descubre y grita la verdad? ¿Alguna vez los católicos escucharán la voz de León XIII, que ciceronianamente exigía escribir la historia, tomando por ley primera la de la veracidad y por segunda la del rechazo a la mentira?

-Art. 2267 del C:I:C al que Francisco quiere a fuerza cambiar el Divino Magisterio de la Iglesia.-

         Lo segundo es que admitimos que se pueda distinguir entre lo doctrinal y lo prudencial en tan delicada materia; dejando a salvo los principios perennes sobre la legitimidad de la pena de muerte, mas desaconsejando su aplicación sin causas, condiciones, requisitos y protagonistas de probada licitud. Pero aquí, al mejor estilo bergogliano, se ha fusilado sin misericordia a la recta doctrina, conculcándola a sabiendas; a pesar de los funestísimos efectos en cascada que tamaño cambio puede implicar potenciando el relativismo ético.


         Bergoglio, por caso, ya aceptó el pañuelo verde abortero que le entregó el crápula de Nicolás Fuster, en vez de enroscárselo en el cuello al osado, y pedirle a algún guardia suizo que lo desalojara de la plaza de San Pedro. Ahora, las mismas aborteras usarán esta reforma catequística para enrostrarles a los católicos que si no legalizan la “interrupción voluntaria del embarazo” las están condenando a muerte, lo que sería contrario al neodogma francísquico. Porque entre las demencias de este cambio doctrinal está la de no querer distinguir entre persona culpable e inocente. Como si la Iglesia, durante los dos milenios que dio razones en pro de la pena capital, lo hubiera hecho pensando en liquidar seres humanos indiscriminadamente.


         Lo tercero por agregar es aún más importante. En el artículo del Catecismo reformado por Bergoglio, se dice que “la pena de muerte es inadmisible a la luz del Evangelio”. Imposible reunir aquí la cantidad de pruebas en contrario que durante veinte siglos han aportado los estudiosos de la doctrina católica. Patrólogos, escolásticos, pontífices, doctores: una legión de sabios estudió el tema y supo resolverlo sin faltar a la caridad ni a la ortodoxia.


         Acaso sirva recordar uno de esos textos evangélicos significativos, hoy olvidados por el ghandismo eclesiástico dominante o por la vulgar sodomización de los cuadros jerárquicos. Está en el capítulo diecinueve del Evangelio de San Lucas, Parábola de las Diez Minas o De las minas y los talentos, y dice: “Pero mis enemigos, los que no me querían por Rey, sean apresados y degollados en mi presencia” (Ls. 17, 27).


         Por cierto que lo antedicho exige una lectura en clave parusíaca, y que nadie está pensando en una degollina literal que, de sobrevenir, nos tendría a nosotros por primeros destinatarios. Parafraseando a Bernanós habría que decir en estos días: “seremos degollados por curas bergoglianos”. Pero aún leída la perícopa en perspectiva sobrenatural, es evidente que Nuestro Señor no rechazó la licitud de analogar Su Mensaje Salvífico con la posibilidad de la muerte como pena, sanción y castigo, para todos aquellos que, rechazándolo, le declararan enemistad a su Divina Realeza.


Resultado de imagen para bergoglio         Ahora falta que Bergoglio modifique los Santos Evangelios porque le resultan inadmisibles a la moderna conciencia de la dignidad humana.

         Según la bibliográficamente caudalosa “Enciclopedia dei Papi”, fue el Pontífice Benedicto IX el que renunció a su cargo, vendiéndoselo por 1500 libras al Arcipreste Juan de Graciano, futuro Gregorio VI. Dirán los celosos investigadores si el dato es corroborable. Desde aquí, simplemente, damos por iniciada la colecta para juntar 1500 libras. Por las dudas se pueda repetir la historia.

La Pena de muerte :                             Vídeo 1 


                                                              Vídeo 2

Vídeo 3

 

Fuente : http://www.ncsanjuanbautista.com.ar/2018/08/la-pena-de-muerte-antonio-caponnetto.html
Con añadidos vídeos e imágenes por el autor de esta página.

 A manera de conclusión en esta página , resulta chocante que un "Papa" sea tan necio y soberbio como malicioso de enmendar el Santo Evangelio por so capricho de empadronar el humanismo dentro del seno de la Iglesia. ¡Que tal herejía inaudita!
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