sábado, 26 de septiembre de 2026

FULTON JOHN SHEEN : DOS CARAS PARA CAER EN ERROR DOCTRINAL.

YO TENÍA UNA OPINIÓN FAVORABLE DE FULTON SHEEN, PERO ME HE QUEDADO DE PIEDRA LEYENDO ESTE ARTÍCULO ¿QUÉ OS PARECE? QUE LO BEATIFIQUE LA NUEVA IGLESIA SINODALISTA ANTICATÓLICA DA QUE PENSAR, DESPUÉS DE HABER TENIDO PARADO EL PROCESO.

FULTON SHEEN: LA SOTANA SIN LA FE
Fuente : Miguel_Echeverria




El obispo que hoy beatifica la Iglesia conciliar escribió que Cristo está «oculto en todas las religiones» y que el buen musulmán se salva «por sus sacramentos». No se torció en 1965: en 1951 ya había dejado de predicar la fe.
Hoy, 24 de septiembre de 2026, el cardenal Tagle, en nombre de León XIV, eleva a los altares en San Luis (Misuri) a Fulton John Sheen, el obispo más famoso que ha dado la Iglesia en los Estados Unidos. Treinta millones de espectadores semanales en los años cincuenta, un Emmy, la capa magna ante la pizarra, las conversiones de comunistas célebres, la Hora Santa diaria durante sesenta años. Pocos nombres gozan de tanto crédito entre los católicos que conservan la fe, y no solo entre los conservadores: hay sitios tradicionalistas, y hasta sedevacantistas, que lo citan como autoridad.
Este artículo sostiene una tesis sencilla, y la sostiene con sus propios textos: Sheen no se torció en 1965. Primero dejó de predicar la doctrina y después encontró en el Concilio la teología que justificaba haber dejado de predicarla. Y por eso es el retrato exacto del obispo medio de la Iglesia conciliar —la sotana de siempre sin la fe de siempre— y el patrono natural de toda la «línea media» que hoy vive de esa misma fórmula.1
Lo que enseñaba
Conviene empezar por lo que Sheen sabía, porque eso es lo que hace grave lo demás.
En 1931 publicó Old Errors and New Labels, con un capítulo que los tradicionalistas reimprimen todavía: «A Plea for Intolerance», alegato por la intolerancia de la verdad frente al error. En sus charlas de radio pedía perdón al pueblo ruso por «esa falsa tolerancia» de Occidente que había ayudado a forjar sus cadenas. En 1948, en Communism and the Conscience of the West, describió la contraiglesia del Anticristo: una Iglesia simia, con todas las notas externas de la verdadera y vaciada de contenido divino.
Y en 1952, en The World’s First Love, dedicó un capítulo a los musulmanes. Con palabras de Belloc: «Si el Islam es una herejía, es entonces la única herejía que nunca ha declinado». Advertía del «muy grave peligro» de que el islam se afirmase sobre un Occidente descristianizado «como una gran potencia mundial anticristiana».
Ese es el Sheen que se recuerda. Pero no es todo el Sheen de antes del Concilio.
El método: dejar de predicar
En ese mismo capítulo de 1952 hay una frase que pasa inadvertida. El islam se convertirá, escribe, «no mediante la enseñanza directa del Cristianismo, sino mediante el advenimiento de los musulmanes a la veneración de la Madre de Dios»; los misioneros «se contentarán con expandir y desarrollar esa devoción».
No es una frase aislada: es un método, y él mismo lo describió. En su autobiografía cuenta así el paso de la radio a la televisión comercial, en 1951:
«El enfoque debía ser diferente. Ya no hablaba en nombre de la Iglesia y bajo el patrocinio de sus obispos. El nuevo método debía ser uno más ecuménico, dirigido a católicos, protestantes, judíos y a todos los hombres de buena voluntad. Ya no era una presentación que hablaba directamente sobre la doctrina cristiana.»2
Y en el mismo capítulo: «Ni una sola vez hubo un intento de lo que podría llamarse proselitismo». Al periodista de Cosmopolitan le dijo en 1952 que en sus sermones televisados no había nada «que no pueda encontrarse en Aristóteles».
El último escalón anterior al Concilio lo sube en agosto de 1958, con Pío XII todavía vivo. En las Jornadas Católicas de la Exposición Universal de Bruselas declara que «las protestas de la Reforma en aquel tiempo tenían razón», que «cada una de las cientos de sectas cristianas tiene alguna fracción, fragmento o pedazo de la verdad divina» y que los protestantes, aunque separados de la roca, «no están separados de Aquel que puso esa roca».3 Siete años antes de Unitatis redintegratio, la teoría de los «elementos de verdad» fuera de la Iglesia ya está en boca del obispo más popular de América.
Preconciliar no quiere decir fiel. El Sheen de los años cincuenta es un conservador de presentación que lleva dentro el método de la religión nueva. Lo que le faltaba era la doctrina que lo justificase. Se la dio el Concilio.
Cristo «oculto en todas las religiones»
Sheen murió en diciembre de 1979. Pocos meses después apareció su autobiografía, Treasure in Clay (en español, Tesoro en vasija de barro). No es una entrevista mal transcrita ni un sermón improvisado: es el balance escrito que dejó de su vida. En el capítulo dedicado a las misiones —él había sido dieciséis años director nacional de la Propagación de la Fe y miembro de la Comisión conciliar de Misiones— escribe:
«Cristo se esconde en todas las religiones del mundo, aunque hasta ahora su rostro permanece oculto como lo fue para Moisés… Siempre he sostenido, en charlas dirigidas a misioneros, que no se trata tanto de llevar a Cristo a los pueblos como de sacar a Cristo de ellos.»
La misión queda invertida. El misionero ya no lleva lo que el pagano no tiene, sino que extrae lo que el pagano ya posee. Pío IX había mandado a los obispos «arrojar de la mente de los hombres aquella a par impía y funesta opinión de que en cualquier religión es posible hallar el camino de la eterna salvación» (Singulari quadam, 1854; Denz. 1646). El Syllabus condena como error que «los hombres pueden encontrar en el culto de cualquier religión el camino de la salvación eterna» (prop. 16).
«Por sus sacramentos»
La frase siguiente es la más grave del libro, y casi nadie la ha subrayado:
«El buen hindú, el buen budista, el buen confuciano, el buen musulmán se salvan todos por Cristo, y no por el budismo, el islam o el confucianismo, sino a través de sus sacramentos, sus oraciones, su ascetismo, su moralidad, su vida buena.»
Pongámosla al lado de lo que definió el Concilio de Florencia en la bula Cantate Domino (1442):
«Firmemente cree, profesa y predica que nadie que no esté dentro de la Iglesia Católica, no solo paganos, sino también judíos o herejes y cismáticos, puede hacerse partícipe de la vida eterna… y que es de tanto precio la unidad en el cuerpo de la Iglesia, que sólo a quienes en él permanecen les aprovechan para su salvación los sacramentos y producen premios eternos los ayunos, limosnas y demás oficios de piedad» (Denz. 714).
No hace falta interpretar. Florencia enumera lo que fuera de la Iglesia no aprovecha: sacramentos, ayunos, limosnas, oficios de piedad. Sheen enumera aquello por lo que se salvan el hindú y el musulmán: sacramentos, oraciones, ascetismo, moralidad. Es la proposición contradictoria de una definición dogmática, término por término.6
Mahoma y el círculo de 360 grados
En el mismo capítulo: «La plenitud de la verdad es como un círculo completo de 360 grados. Cada religión del mundo tiene un segmento de esa verdad». Pío XI había descrito exactamente esa idea en Mortalium animos (1928): la «falsa opinión que considera todas las religiones más o menos buenas y laudables», y había sentenciado que quien la apoya «abandona por completo la religión divinamente revelada».
Y sobre el islam, el mismo hombre que en 1952 lo llamaba herejía y amenaza anticristiana escribe ahora que los musulmanes «han rechazado a Cristo», pero que eso «puede deberse en parte al escándalo, en aquellos países, de los teólogos en guerra que disputaban sobre la Trinidad y la Unión Hipostática», y que «Mahoma sacó al pueblo de esos conflictos y del politeísmo hacia el reconocimiento de la soberanía absoluta de Dios». Las «querellas» que ofrece como atenuante son los dogmas de Nicea y Calcedonia. San Juan lo llama de otro modo: «¿Quién es el mentiroso sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ese es el anticristo» (1 Jn 2, 22).
El Concilio, «golpe maestro del Espíritu Santo»
Sheen fue padre conciliar y no lo vivió como una prueba. Haber estado presente y haber tomado parte fue, escribe, «una de las grandes bendiciones que el Señor concedió a mi vida». Del capítulo sobre el mundo de Gaudium et spes dice que fue «un golpe maestro bajo la inspiración del Espíritu Santo» que permitió a los obispos «ver la nueva dirección que la Iglesia debe tomar». Celebra que el Concilio siguiera a los obispos americanos en «su acento en la libertad religiosa», la misma que el Syllabus condenaba («Todo hombre es libre en abrazar y profesar la religión que, guiado por la luz de la razón, tuviere por verdadera», prop. 15).
Y a quienes se resistieron les reserva este juicio:
«Siempre que hay un derramamiento del Espíritu Santo, como en un Concilio General de la Iglesia, hay siempre una exhibición de fuerza añadida del anti-Espíritu o de lo demoníaco… Si un Concilio General no provocara turbulencia, casi podría dudarse de la acción de la Tercera Persona de la Trinidad.»7
El razonamiento se cierra sobre sí mismo: la resistencia al Concilio prueba que el Concilio viene del Espíritu Santo. En 1978, cuando una fiel de Kansas le pregunta por una capilla de la Fraternidad San Pío X, Sheen le responde que la reforma de Pablo VI no introdujo «cambios doctrinales», que la misa «simplemente pasó del latín a la lengua vernácula» y que debe apartarse cuanto antes de esa «secta cismática».8 A Montini, en 1969, lo había llamado «el Papa epifánico», con quien «se cierra una puerta de la historia» y «entramos en una era nueva».
Rochester: la kipá, el sábado y el seminario
En octubre de 1966 Pablo VI lo nombra obispo de Rochester. Allí la doctrina se hace práctica.
El Código de Derecho Canónico de 1917 es terminante: «En modo alguno es lícito a los fieles asistir activamente o tomar parte en las funciones sagradas de los acatólicos» (c. 1258 §1); quien lo hace espontáneamente y a sabiendas «es sospechoso de herejía» (c. 2316).
En la sinagoga, «por derecho»
El 30 de enero de 1967, tres semanas después de tomar posesión, Sheen entra por primera vez en su vida en una sinagoga, el Temple B’rith Kodesh, y habla ante unas 2.500 personas. El diario diocesano publica la foto con este pie: «El obispo Sheen fue el único en llevar la kipá… La costumbre de la kipá no se observa generalmente en las sinagogas judías liberales». El presidente del consejo judío local y el rabino le regalan una menorá.9
Tres semanas después vuelve al mismo templo para clausurar un coloquio con el rabino Marc Tanenbaum, del American Jewish Committee. El diario diocesano recoge sus palabras: «Esto significa para nosotros hoy que en esta sinagoga Dios es adorado por derecho, mediante una lectura y una ley que Dios mismo dio». Y: «hermanos llamados por el mismo Dios».
El Concilio de Florencia, en la misma bula, enseña que las prescripciones de la Ley mosaica «cesaron una vez venido nuestro Señor Jesucristo» y que después de promulgado el Evangelio «sin pérdida de la salvación eterna, no pueden guardarse»; y «denuncia consiguientemente como ajenos a la fe de Cristo a todos los que, después de aquel tiempo, observan la circuncisión y el sábado» (Denz. 712).
Pero hay algo más grave que el culto. Cristo dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie va al Padre sino por mí» (Jn 14, 6). Y a los judíos que lo rechazaban: «Ni me conocéis a mí ni a mi Padre; si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre» (Jn 8, 19). Quien rechaza al Hijo no conoce al Padre, porque no hay otro acceso a Él. El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob es el Padre de Nuestro Señor Jesucristo, y quien niega a Cristo no lo tiene: «Todo el que niega al Hijo tampoco tiene al Padre» (1 Jn 2, 23). A qué Dios se dirige hoy el culto de la sinagoga, que rechaza a Cristo, es para nosotros un enigma. Sheen, en cambio, dice compartirlo: «hermanos llamados por el mismo Dios»; «tenemos el mismo Dios, y somos su pueblo».10
El servicio de sábado
El 2 de febrero de 1968, viernes por la noche, Sheen asiste al servicio ordinario del sábado en la congregación Mount Neboh de Manhattan, predica desde el púlpito judío y recibe un premio de «hermandad». La agencia judía JTA lo registró como la primera vez en la archidiócesis de Nueva York que un prelado católico se dirigía a los fieles «desde un púlpito judío en el sábado hebreo». Hay foto de agencia: Sheen, en hábito coral, de pie entre dos oficiantes con el manto ritual, mientras el cantor eleva la copa.11
No es la asistencia pasiva a un funeral por razón de cargo que el c. 1258 §2 tolera. Es la participación activa, en el rito que Florencia declara incompatible con la fe de Cristo.
El seminario
En septiembre de 1967 anuncia la integración de su seminario diocesano, St. Bernard’s, con la Colgate Rochester Divinity School, bautista, y con Bexley Hall, episcopaliana. El objeto, según su carta: que los seminaristas lleguen «a conocer los elementos de bondad y de verdad que poseen otras religiones». Ese mismo curso contrata a un profesor laico, autor de un libro sobre Teilhard de Chardin, para un curso que, en palabras de su carta pastoral, «contrastará el fondo escolástico tradicional y el fondo teilhardiano de las verdades dogmáticas».12
El c. 1366 §2 del Código mandaba enseñar en los seminarios la filosofía y la teología «según el método, la doctrina y los principios del Doctor Angélico». Sheen, doctor por Lovaina y premio Cardenal Mercier de filosofía, pone a Teilhard a su lado.
En 1968 un ministro protestante predica en las misas dominicales de su catedral. En 1969 Sheen predica en el oficio de la Tercera Iglesia Presbiteriana: las diferencias entre confesiones son «meras riñas de enamorados». En 1972 declara en Houston que votará por el ingreso de la Iglesia en el Consejo Nacional de Iglesias. En 1973, ante tres mil personas en un mitin interconfesional: «Cristo está en toda la gente y no solo en ciertas denominaciones».13
Teilhard y Buckley
En 1967 publica Footprints in a Darkened Forest. En el capítulo sobre el origen del hombre da la evolución por hecho y escribe que, dentro de cincuenta años, cuando se hayan apagado las disputas sobre el vocabulario «desafortunado» de Teilhard, este «aparecerá, como San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Ávila, como el genio espiritual del siglo XX».14 Pío XII había reprobado en Humani generis (1950) a quienes dan la evolución por demostrada «con temerario atrevimiento», y todo el sistema que Teilhard representa. Sheen lo pone junto a los dos grandes doctores místicos de la Iglesia.
El 6 de enero de 1970 William F. Buckley lo entrevista en su programa Firing Line. Le pregunta si decir «no puedo creer en la divinidad de Cristo» es motivo de excomunión. Sheen responde:
«No. La Iglesia no excomulgaría a un hombre por decir eso. No sería una afirmación verdadera, pero no sería excomulgable.»15
El Código de 1917 castigaba con excomunión ipso facto a todo apóstata, hereje o cismático (c. 2314); y la divinidad de Cristo es el primer artículo de la fe. En la misma entrevista Sheen celebra que el Concilio pasara «de la rigidez de la excomunión al paciente soportar las ofensas» y lamenta que la Iglesia anterior hubiera tenido «una especie de monopolio sobre Dios», un «capitalismo teológico monopolista».
«El cambio no estaba en mí»
En esa entrevista hay una frase que resume el caso mejor que cualquier comentario. Hablando de sí mismo, Sheen dice:
«En realidad, el cambio no estaba en mí; el cambio estaba en lo de fuera.»
Tiene razón, y esa es la acusación. El Sheen de 1980 no se retracta expresamente del Sheen de 1931 o de 1952; simplemente escribe lo contrario, y el cambio se presenta como madurez. En su autobiografía se arrepiente de haber predicado contra el comunismo en Río de Janeiro («desearía no haber dicho nada sobre el comunismo») en presencia de «ese apóstol de los pobres, el arzobispo Helder Câmara». El hombre que había hecho del anticomunismo su tarjeta de visita cierra su vida canonizando al principal obispo de la «Iglesia de los pobres».
No hubo conversión porque no hacía falta. El método ya estaba desde 1951; el Concilio solo le dio nombre.
El retrato del obispo medio
Sheen no es Küng ni Schillebeeckx. Nunca escribió un tratado negando un dogma. Conservó la sotana, la capa, el rosario, la Hora Santa, el lenguaje de la cruz y del pecado. Por eso importa. El modernismo que describió San Pío X en Pascendi no se presenta como negación, sino como reinterpretación: conserva las fórmulas y cambia lo que significan. Sheen es ese patrón hecho biografía, y tiene cuatro rasgos que se reconocen en el obispo medio de la Iglesia conciliar:
La forma sin la doctrina. La piedad exterior intacta y la doctrina de la salvación sustituida. El fiel ve la sotana y no lee el capítulo de las misiones.
El método antes que el dogma. Primero se deja de predicar la doctrina para no ofender; después se descubre que no hacía falta predicarla, porque el otro ya la tenía.
La obediencia como único criterio. «Allí donde está Pedro, está la Iglesia», encabeza el capítulo de sus audiencias papales; y de ahí concluye que quien no acepta la reforma de Montini es una «secta cismática» y que la resistencia al Concilio es «lo demoníaco». La obediencia desligada de la fe es lo que permitió a miles de obispos consagrados con el rito de siempre aplicar sin objeción la religión nueva.
La ruptura sin retractación. Nada se desdice; todo se reescribe. La continuidad de la persona oculta la ruptura de la doctrina.
Por qué lo beatifican
La Iglesia conciliar no beatifica a Sheen a pesar de su imagen tradicional, sino gracias a ella. Su causa demuestra al católico dudoso que se puede tener todo: la estética de antes sin la fe de antes; la capa magna y Cristo «oculto en todas las religiones»; la Hora Santa y el servicio del sábado en la sinagoga.
Ese éxito alcanza incluso a los medios tradicionales. Se cita al Sheen de 1948 que anunciaba la contraiglesia sin advertir que él mismo acabó siendo uno de sus obispos. Se venden sus libros preconciliares sin leer su autobiografía. El volumen de literatura favorable es enorme, pero no pesa más que un solo documento: el capítulo de las misiones de Treasure in Clay, puesto al lado de la bula Cantate Domino.
El patrono de la línea media
Todo lo anterior cabe en una fórmula, y la fórmula no es solo de Sheen. Es la de toda una franja de la Iglesia conciliar que se presenta como su ala sana: ciertos obispos de aire tradicional, movimientos y organizaciones como el Opus Dei, las parroquias «conservadoras» y los medios que las acompañan. Es la línea media.
Su rasgo común es el de Sheen: se conserva la forma tradicional y se entrega el contenido. El rosario, las devociones de siempre, las peregrinaciones, la adoración, las celebraciones solemnes, la sotana y el latín en las ocasiones señaladas; todo eso se mantiene, y se mantiene con esmero. Pero detrás de ese formato devocional está entero el Vaticano II: el ecumenismo, que trata a las sectas como «hermanos separados» con su parte de verdad; la renuncia a evangelizar, que llama «proselitismo» a la predicación de la fe; el sincretismo práctico, que reza junto a quienes rechazan a Cristo y los declara hijos del mismo Dios; la libertad religiosa, la misa nueva recibida como «mera traducción», la obediencia a Roma como único criterio de verdad.
Es la misma operación que Sheen hizo en su persona: la sotana sin la fe. Y es más eficaz que el modernismo abierto, porque el fiel que se escandalizaría ante una misa con guitarras no se escandaliza ante una capa magna, y el católico que huye de un teólogo progresista se queda tranquilo con un obispo que reza el rosario. La forma tranquiliza; el contenido pasa.
No es casual que Sheen viera en Wojtyła a «uno de los mayores Pontífices de todos los tiempos» ni que contara como la cima de su vida el abrazo que se dieron en la catedral de San Patricio el 2 de octubre de 1979: el gran comunicador de la televisión reconoció a su igual.16 Wojtyła había sido actor de verdad —en el Teatro Rapsódico de Cracovia, durante la ocupación— y nunca dejó de serlo: los gestos histriónicos, los brazos abiertos a la multitud, el perfil siempre ofrecido a la cámara, una puesta en escena de inspiración más hollywoodiense que litúrgica. En los dos, la liturgia se volvió espectáculo, y la sotana, vestuario.
Por eso la beatificación de hoy es algo más que el reconocimiento de un predicador famoso. Sheen va a ser el patrono de la línea media: el santo que la estructura conciliar ofrece a quienes quieren seguir sintiéndose católicos de siempre sin dejar de pertenecer a la religión nueva. Su vida es la prueba que ellos necesitan de que ambas cosas son compatibles.
No lo son. Fulton Sheen fue consagrado obispo en 1951, con el Pontifical de siempre, por nombramiento de Pío XII. No es un producto de la reforma: es un obispo católico que se pasó con armas y bagajes a la religión nueva. Quien sostiene la contradictoria de una definición dogmática es hereje, y no es la Iglesia la que ha cambiado. Los que hoy lo elevan a los altares —por decreto de Bergoglio, firma de León XIV y mano de Tagle— canonizan a uno de los suyos. Lo coherente es eso. Lo incoherente sería que los católicos lo aplaudieran.

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Debo agregar no solo confieso mi extrañeza y mi indignación de como un buen número de la Jerarquía de la Iglesia pueden traicionar con impunidad a Nuestro Señor Jesucristo , y deformar no solo sus consciencias sino extenderlos a los fieles para descarriarlos con el peligro de condenación. Esto prueba que el tercer secreto aludido a Fátima nos revela la claudicación y caída del Clero tal como sucedió hace milenios con los ángeles prevaricadores , pues la cola del Dragón no da tregua en el espacio tiempo en donde encuentra oportunidad para entablar su última batalla , que por decirlo jamás ganarán. Lástima por ese Obispo caído , aunque sean 1,000 sacerdotes, 800 seminaristas, 200 diáconos, 90 obispos y 4 cardenales...se presten para la beatificación de Fulton Sheen., hay un dicho la mayoría no hace la verdad , pero beato o santo no lo es , si seguimos la exigencia tradicional del Magisterio y el escrutinio divino de la Iglesia su veredicto ha de ser perfectamente acertado y eficaz para confirmar que el candidato sea reconocido en el Cielo y propuesto a los altares sabiendo que ningún hombre o mujer de la Iglesia no ha de errar en doctrina infalible, y los "santones" posconciliares y sinodales solo son una burla desagradable ante la presencia de Dios cuyo y bajo engaño solo destapa tamaña ignominia contra la fe y la salud de la Religión. Así sea.

Pax et bonum.


jueves, 11 de junio de 2026

MAXIMILIANO KOLBE Y EL ODIO DE LA MASONERIA CONTRA EL PAPA Y LA IGLESIA 1917

 



En el Bicentenario de la Masonería el Hermano Maximiliano Kolbe en 1917, en la época de las apariciones de Nuestra Señora de Fátima y en vísperas de la revolución bolchevique en Rusia, el padre Maximiliano Kolbe estaba en Roma (*) como estudiante de teología en la famosa Universidad Gregoriana.


En 1917 se cumplió el bicentenario de la fundación (oficial) de la masonería (**) sociniana, y los masones acudieron en masa a Roma para celebrar el acontecimiento. Su presencia en la Ciudad Eterna fue pública y flagrante. Pancartas, carteles y volantes estaban por todas partes. El joven fraile presenció con sus propios ojos —y registró los acontecimientos en sus cuadernos— procesiones blasfemas de masones hacia el Vaticano, donde cantaban canciones en honor a Satanás.


Algunas de sus pancartas decían: “Satanás reinará en el Vaticano y el Papa será su esclavo”.

Escuchemos la historia del propio Padre Maximiliano (***) :

“…la masonería de Roma aparecía cada vez más en público y exhibía sus estandartes, representando al Arcángel Miguel pisoteado y derrotado por Lucifer, a la vista de todos desde las ventanas del Vaticano, y distribuía panfletos difamando al Santo Padre.”
Los masones decían: ¡Hasta aquí puede llegar una sociedad secreta! ¡Y hasta aquí puede llegar una organización no religiosa de librepensadores! Fue como si estos enemigos de la Iglesia de Cristo sintieran que estaban al borde de una gran victoria y se quitaran las máscaras.


Y, en cierto sentido, lograron una gran victoria. Acabamos de celebrar el aniversario de la Primera Guerra Mundial, en la que la flor y nata de la juventud europea fue enviada al matadero para suicidarse en los campos de batalla, y el mundo aún no se ha recuperado del todo de las consecuencias sociales de este acontecimiento.

Al mismo tiempo, los revolucionarios rusos derrocaron al zar cristiano, mataron a toda su familia (incluidos sus hijos) e instalaron un régimen comunista anti-Dios y anti-humano, responsable de la muerte de millones de personas.


La religión católica y el nombre de Jesucristo fueron progresivamente eliminados de la vida social y del espacio público, como sucede hoy, hasta el punto que muchos de nosotros hoy tenemos que rogar a nuestros amos tolerancia y la preservación de nuestras vidas, aunque sólo sea para poder seguir existiendo.

¿Y qué decir de aquellas palabras escuchadas en su momento por el hermano Maximiliano Kolbe y grabadas en su corazón: «Satanás reinará en el Vaticano y el Papa será su esclavo»


“Este odio mortal hacia la Iglesia, hacia Cristo y hacia su Vicario”, dijo Maximiliano Kolbe, “deriva del principio de la masonería: la destrucción de toda religión (falsa) [que tenga orígenes diabólicos y no les interese realmente, pues ya se han enrolado bajo el estandarte de Lucifer, para justificar ante el pueblo el ataque que solo les interesa: el que se dirige contra la religión católica], sino de la única religión querida por Dios y fundada por su Hijo Jesucristo, nuestro Redentor. Por todo el mundo, las células dispersas de esta mafia trabajan de las más diversas maneras, de forma más o menos visible, para lograr el mismo objetivo. Para ello, los seguidores del diablo se valen de toda una horda de asociaciones con diferentes nombres y propósitos, que bajo su influencia continúan difundiendo la indiferencia religiosa y debilitando la moralidad”.


Los ideales de la masonería –los ideales de la Revolución Francesa– de libertad secularizada, igualdad y fraternidad, separados de Dios, disonantes e incompatibles entre sí excepto para los ciegos y los dementes: son ahora el aire que respiramos en nuestras sociedades.

Pax et bonum



(*) En la Roma Aeterna no conciliar ni posconciliar.
(**) Masonería sociedad secreta condenada por la Iglesia y los Papas preconciliares.
(***) Padre Maximiliano Kolbe sacerdote fundador de la Milicia de la Inmaculada.

miércoles, 29 de marzo de 2023

MONSEÑOR DOMENICO CELADA CONTRA LOS ASESINOS DE LA SANTA LITURGIA - 1969

 



Es muy importante recoger los testimonios y reportes de la lucha contra revolucionaria suscitada lamentablemente contra la IGLESIA en general y puntuablemente contra la Santa Misa de siempre. 

Esta carta muy poco conocida, a pesar del tiempo trascurrido nos estaba  advirtiéndonos que hubo voces potentes que se alzaron contra la ignomia y tiranía teológicas de los progresistas modernistas e infiltrados con afán de destruir todo lo católico que hasta entonces esa generación no vislumbrara la catástrofe conciliar  que iba a ocurrir en los subsiguientes años , pero no fueron pocos que con mayor luz y discernimiento profetizaron contra las obras y esbirros de satanás. Aquí la carta de Monseñor Domenico Celada que es una fuerza que nos impulsa a la defensa de la Sagrada Tradición y permanecer en ella hasta la muerte. - (el editor de esta página)

La siguiente carta tan clarividente y profética fue escrita por el compositor, musicólogo, organista y ensayista Mons. Domenico Celada en 1969. Es un documento que profetizó lo que sucedería en la Iglesia –tanto más relevante hoy cuando Traditionis Custodes intenta sofocar la fidelidad al Rito Tridentino, sin importarle la degradación litúrgica que, con la introducción de una nueva Misa, se ha perpetrado y continúa dramáticamente en estos tiempos de profunda crisis en la Iglesia Católica.  La carta abierta de Mons. Celada desenmascaró (y desenmascara) el espíritu que animó (y anima) a los saboteadores de la tradición. Mons. Celada, que enseñó música e historia del canto gregoriano en la Universidad Lateranense, dejó de sufrir por su franqueza: fue destituido de todos sus cargos. (Original en italiano aquí).


Hace tiempo que quería escribiros, ilustres asesinos de nuestra santa Liturgia. No porque espere que mis palabras tengan algún efecto sobre vosotros, que habéis caído hace mucho tiempo en las garras de Satanás y os habéis convertido en sus más obedientes siervos, sino para que todos aquellos que sufren por los innumerables crímenes cometidos por vosotros puedan recuperar su voz.

No os engañéis, señores. Las heridas atroces que habéis abierto en el cuerpo de la Iglesia claman venganza ante Dios, justo Vengador.

En 1969 Paulo VI decreta la nueva misa bastarda , llamada también "novus ordo".

Vuestro plan para subvertir la Iglesia, a través de la liturgia, es antiquísimo. Muchos de vuestros antecesores, mucho más inteligentes que vosotros, intentaron llevarlo a cabo, y el Padre de las Tinieblas ya los ha acogido en su reino. Yo recuerdo vuestra ira, vuestra mueca burlona, ​​cuando, hace unos quince años, deseasteis la muerte de ese gran pontífice, el siervo de Dios Eugenio Pacelli, porque había adivinado vuestros designios y se había opuesto a ellos con la autoridad del Triregno. Después de aquella célebre conferencia sobre la “liturgia pastoral”, sobre la que habían caído como una espada las clarísimas palabras del Papa Pío XII, dejasteis la mística Asís echando espumarajos de ira y de veneno.

Ahora lo habéis logrado, por lo pronto, al menos. Habéis creado vuestra “obra maestra”: la Nueva Liturgia.

Que esto no es obra de Dios se demuestra en primer lugar (dejando de lado las implicaciones dogmáticas) por un hecho muy simple: es terriblemente fea. Es un culto a la ambigüedad y al equívoco, y no pocas veces un culto a la indecencia. Esto es suficiente para comprender que vuestra “obra maestra” no proviene de Dios, la fuente de toda belleza, sino del antiguo desfigurador de las obras de Dios.

Sí, habéis privado a los fieles católicos de las emociones más puras, derivadas de las cosas sublimes que han sustanciado la liturgia durante milenios: la belleza de las palabras, de los gestos, de la música. ¿Qué nos habéis dado a cambio? Un muestrario de fealdades, de “traducciones” grotescas (como es sabido, vuestro padre, que está ahí abajo no tiene sentido del humor), de emociones gástricas que despiertan los maullidos de las guitarras eléctricas, de gestos y actitudes cuanto menos equívocas.

Pero, como si eso no fuera suficiente, hay otra señal que muestra que vuestra “obra maestra” no viene de Dios. Y esos son los instrumentos que utilizasteis para realizarla: el fraude y la mentira. Habéis conseguido hacer creer que un Concilio había decretado la desaparición de la lengua latina, el archivo del patrimonio de la música sacra, la abolición del tabernáculo, el giro copernicano de los altares, la prohibición de arrodillarse ante Nuestro Señor presente en la Eucaristía, y todos vuestros otros pasos progresistas, que son parte (dirían los abogados) de una “unidad de designio delictivo”.

Sabíais muy bien que la “lex orandi” es también la “lex credendi”, y que, por tanto, cambiando la una, cambiaríais la otra.

Sabíais que apuntando vuestras lanzas envenenadas contra la lengua viva de la Iglesia, habríais prácticamente matado la unidad de la fe.

Sabíais que, decretando la muerte del canto gregoriano y de la polifonía sacra, podíais introducir a vuestro antojo todas las indecencias pseudomusicales que profanan el culto divino y ensombrecen equívocamente las celebraciones litúrgicas.

Sabíais que, destruyendo tabernáculos, reemplazando altares por “mesas para el banquete eucarístico”, negando a los fieles la oportunidad de arrodillarse ante el Hijo de Dios, en poco tiempo extinguiríais la fe en la Presencia Real.

Habéis trabajado con los ojos abiertos. Os enfurecéis contra un monumento al que el cielo y la tierra habían puesto sus manos, porque sabíais que con él estabais destruyendo la Iglesia. Habéis venido a quitarnos la Santa Misa, arrancándonos incluso el corazón de la liturgia católica. (Esa misma Santa Misa para la que fuimos ordenados sacerdotes, y que nadie en el mundo podrá jamás prohibirnos, porque nadie puede pisotear el derecho natural.)

Lo sé: ahora podéis reíros de lo que voy a decir. Reíos mucho. Habéis ido tan lejos como para quitar de las Letanías de los Santos la invocación “a flagello terraemotus, libera nos, Domine” [del flagelo del terremoto, líbranos, Señor], y nunca antes la tierra tembló en tantas latitudes. Habéis quitado la invocación “a spiritu fornicationis, libera nos Domine” [del espíritu de fornicación, líbranos, Señor], y nunca hemos estado tan cubiertos como ahora por el lodo de la inmoralidad y la pornografía en sus formas más repelentes y degradantes. Habéis abolido la invocación “ut inimicos sanctae Ecclesiae humiliare digneris” [para que te dignes humillar a los enemigos de la Santa Iglesia], y nunca antes los enemigos de la Iglesia han prosperado en todas las instituciones eclesiásticas, en todos sus niveles.

Reíos, Reíos... Vuestra risa es grosera y carente de alegría. Ciertamente ninguno de vosotros conocéis, como nosotros, las lágrimas de alegría y tristeza. Ni siquiera sois capaces de llorar. Vuestros ojos bovinos, sean bolas de cristal o de metal, miran las cosas sin verlas. Sois como las vacas que miran pasar los trenes. Antes que a vosotros prefiero al ladrón que arrebata la cadenilla de oro al niño, prefiero al asaltante, prefiero al atracador armado, prefiero incluso al bruto y al profanador de tumbas. Son gente mucho menos sucia que vosotros, que le habéis robado al pueblo de Dios todos sus tesoros.

Mientras esperan a vuestro padre de allá abajo para recibiros en su reino, “donde hay llanto y crujir de dientes”, quiero que sepáis nuestra certeza inquebrantable de que esos tesoros nos serán devueltos y será una restitutio in integrum [restauración total]. Se os ha olvidado que Satanás es el eterno perdedor.


Publicado por Peter Kwasniewski para The New Liturgical Movement

Traducción: Agustín Silva Lozina


Fuente : Wanrender 

(*) Esta carta ha sido publicada en varias páginas católicas 



lunes, 17 de octubre de 2022

LOS ESBIRROS DE LA REVOLOLUCIÓN MODERNISTA Y SU NUEVA TEOLOGÍA

Para poder entender esta crisis de fe dentro de la Iglesia, descubrimos que se la debemos a los neoteólogos que infestaron con sus falsas doctrinas el honorable rostro y espíritu  de la religión católica y en la metástasis de la revolución Conciliar de los 60's. Lo que sigue a continuación es una traducción del artículo «La nouvelle théologie où va-t-elle?» publicado por el fenecido Padre Reginald Garrigou-Lagrange, dominico y uno de los grandes tomistas del siglo XX, profesor durante años en el Angelicum en Roma, hoy Universidad Pontificia de Santo Tomás de Aquino, destacando que entre sus alumnos estuvo Karol Wojtyla, futuro Juan Pablo II. Se hizo notorio con sus primeras obras en las que atacó una por una las tesis del Modernismo. Fue consultor del Santo Oficio y de otras congregaciones romanas. Muchos le adjudican la paternidad de la Encíclica Humani Generis en la que Pío XII condenó la Nouvelle Theologie y la extravagancias del padre jesuita Pierre Teilhard de Chardin.

En este magistral artículo repasa la corriente teológica conocida como nouvelle théologie. Esta corriente, si bien no es un modernismo tan radical y aparente, manteniendo en muchos aspectos una apariencia mucho más moderada, es igual o tanto más peligrosa que el modernismo radical y es una de las corrientes que mas han penetrado en la Iglesia tras el Concilio Vaticano II. Merece la pena leerlo detenidamente para entender muchos de los sofismas actuales que se plantean en teología.

La Nueva Teología ¿Dónde Nos Lleva? (Reginald Garrigou-Lagrange)

En un libro reciente: Conversion et gràce chez S. Thomas d’Aquin (1) , («Conversión y gracia en Santo Tomás de Aquino«) el Padre Henri Bouillard escribe: «ya que el espíritu evoluciona, una verdad inmutable sólo puede mantenerse en virtud de una evolución simultánea y correlativa de todas las ideas, cada una proporcionada a la otra. Una teología que no es actual será una teología falsa.» (2)

Y en las páginas que le preceden y siguen el autor demuestra que la teología de Santo Tomás, en algunas de sus más importantes secciones, no es actual. Por ejemplo la idea de Santo Tomás de la gracia santificante era como forma (un principio básico de las operaciones sobrenaturales, el que las virtudes infusas y los siete dones tienen como su principio). «Las ideas empleadas por Santo Tomás son simplemente conceptos Aristotélicos aplicados a la teología.» (3)

Y más aun: «al renunciar al sistema Aristotélico el pensamiento moderno abandonó las ideas, diseño y opuestos dialécticos que sólo tienen sentido como funciones de ese sistema.» (4) Por lo que el pensamiento moderno abandonó el concepto de forma.

¿Cómo puede el lector evadir la conclusión de que, dado que ya no es actual, la teología de Santo Tomás es una teología falsa?

Pero entonces, ¿por qué los Papas nos han instruido tan frecuentemente en seguir la doctrina de Santo Tomás? ¿Por qué La Iglesia dice en el Código de Derecho Canónico, Can. 1366, n.2: «Los profesores deben versar, de todas las formas, sobre la filosofía racional y la teología, entrenar a los estudiantes sobre estos temas de acuerdo al método, doctrina y principios del Doctor Angélico (Santo Tomás) y deben estimar estos como sagrados»? (5)

Más aun, ¿Cómo puede «una verdad inmutable» mantenerse a sí misma si los conceptos que se unen mediante el verbo ser-estar son esencialmente variables o mudables?

Una relación inmutable sólo se puede concebir como tal si hay algo inmutable en los dos términos que ella une. De lo contrario, para todas las intenciones y propósitos, sería como decir que las olas del mar pueden ser grapadas juntas.

Por supuesto, las dos ideas que se unen en una afirmación inmutable algunas veces se confunden al principio y luego se distinguen la una de la otra, tal como las ideas de naturaleza, persona, sustancia, accidente, transubstanciación, la Presencia Real, pecado, pecado original, gracia, etc. Pero si éstas no son fundamentalmente inmutables ¿cómo entonces será inmutable la afirmación que las une con el verbo «ser-estar»? ¿Cómo puede uno sostener que la Presencia Real de la sustancia del Cuerpo de Cristo en la Eucaristía requiere transubstanciación si las ideas son fundamentalmente variables? ¿Cómo puede uno afirmar que el pecado original ocurrió en nosotros a través de la falta voluntaria del primer hombre si el concepto de pecado original es esencialmente inestable? ¿Cómo puede uno sostener que el juicio particular después de la muerte es eternamente irrevocable si se dice de estas ideas que pueden cambiar? Finalmente, ¿cómo puede uno mantener que todas estas proposiciones son invariablemente verdaderas si la idea de lo que es la verdad debe cambiar, y si uno debe sustituir la definición tradicional de lo que es la verdad (la conformación del juicio con la realidad intuitiva y sus leyes inmutables) por la que ha sido propuesta en años recientes por la filosofía de la acción: la conformidad del juicio con las exigencias de la acción o la vida humana, las que siempre están evolucionando?

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1. ¿Retienen las Fórmulas Dogmáticas Su Inmutabilidad?
El Padre Henri Bouillard (6) responde: «La afirmación que es expresada en ellas permanece.» Pero, añade: (7)

«¿Quizá uno deba preguntarse si todavía es posible atestiguar la contingencia de las ideas implicadas en las definiciones conciliares? ¿No comprometería esto el carácter irreformable de estas definiciones? El Concilio de Trento (sesión 6, capítulo 7, canon 10) por excelencia, en su enseñanza sobre la justificación emplea la idea de causa formal. Consecuentemente ¿no amparó el Concilio este término y le confirió un carácter definitivo a la idea de la gracia como forma? De ninguna manera. Ciertamente no fue la intención del Concilio el canonizar una idea Aristotélica, ni siquiera una idea teológica concebida bajo la influencia de Aristóteles. El Concilio sencillamente deseó afirmar, contra los Protestantes, que la justificación es una renovación interior. Persiguiendo ese fin se usaron algunas ideas teológicas del momento. Pero uno puede modificar otras por esas sin modificar el sentido de la enseñanza.» (Énfasis mío)

Indudablemente el Concilio no canonizó la idea Aristotélica de la forma con todas sus relaciones con otras ideas del sistema Aristotélico. Pero la aprobó como una idea humana estable en el sentido que hablamos de que todo lo que constituye formalmente una cosa (en este caso, la justificación) (8). En este sentido, se habla de la gracia santificante como distinta de la gracia actual al decir que ella es una regalo sobrenatural, infusa que es inherente al alma y por la que el hombre es formalmente salvado (9). Si el Concilio definió la fe, esperanza y caridad como virtudes infusas permanentes su principio radical (gracia habitual o santificante) debe ser también un regalo infuso permanente, y de ahí que, distinto de la gracia actual o de una acción divina transitoria.

Pero ¿cómo puede uno mantener el sentido de esta enseñanza del Concilio de Trento, específicamente que «la gracia santificante es la causa formal de la salvación»? ni siquiera digo si «uno sustituye con un equivalente verbal» sino que digo como el Padre Bouillard «si uno sustituye con otra idea».

Si es otra idea entonces ya no es más la de causa formal: entonces ya tampoco es verdadero decir con el Concilio: «la gracia santificante es la causa formal de la salvación.» Es necesario contentarse con decir que la gracia fue definida en la época del concilio como la causa formal de la salvación, pero hoy es necesario definirla de otra manera, y que esta definición anticuada ya no es actual y por lo tanto ya tampoco es verdadera porque una doctrina que ya no es actual, como dijimos, es una doctrina falsa.(10)

La respuesta sería: la idea de la causa formal uno la puede sustituir por otra idea equivalente. Aquí uno queda satisfecho con meras palabras (al insistir primero sobre otra y luego sobre una equivalente) especialmente ya que no es una equivalencia verbal, sino que es otra idea. ¿Qué pasa incluso con la idea de lo que es la verdad? (11)

Así la pregunta bien seria continúa resurgiendo: ¿Se mantiene como verdadera la proposición conciliar: mediante la conformidad con el objeto fuera de la mente y con sus leyes inmutables o en su lugar mediante la conformidad con los requerimientos de la vida humana que siempre está cambiando? (12)

Uno ve el peligro de esta nueva definición de la verdad que ya no es la adecuación del intelecto con la realidad sino la conformidad de mente y vida (13). Cuando en 1906 Maurice Blondel propuso esta sustitución él no pudo prever todas las consecuencias para la fe. ¿No estaría el mismo aterrorizado o al menos muy contrariado? (14) ¿A qué «vida» se refiere en esta definición de: «conformidad de mente y vida»? Se refiere a la vida humana. Y entonces ¿cómo puede uno evitar la definición modernista: «La verdad no es más inmutable que el hombre mismo en cuanto que ella evoluciona junto con él, en él y a través de él.» (15) (Denz. 2058) Uno entiende por qué Pío X dijo de los modernistas: «ellos pervierten el eterno concepto de la verdad.» (16) (Denz. 2058).

Es muy peligroso decir: «Las ideas cambias, las afirmaciones permanecen.» Si incluso la idea de la verdad está cambiando, la afirmación no permanece verdadera en el mismo sentido, no de acuerdo con el mismo significado. Entonces el significado del Concilio ya no se mantiene como uno lo hubiese deseado.

Desafortunadamente la nueva definición de la verdad se ha esparcido entre esos que olvidan lo que Pío X había dicho: «Le encomendamos a los profesores tener bien presente en mente que ellos no pueden dejar de lado a Santo Tomás, especialmente en las cuestiones metafísicas, sin graves desventajas. Un pequeño error en principio, dice Santo Tomás, es un gran error en conclusión.» (17) (Encíclica Pascendi)

Además, ninguna definición de la verdad es ofrecida en la nueva definición de teología: «La teología no es más que una experiencia religiosa o espiritual que encuentra su expresión intelectual.» Y así siguen aseveraciones como: «si la teología pueda ayudarnos a entender la espiritualidad, la espiritualidad causará, en el mejor de los casos, que nuestras categorías teológicas broten y estaremos obligados a formular diferentes tipos de teología… Porque cada gran espiritualidad correspondía a una gran teología.» ¿Significa esto que dos teologías pueden ser verdaderas incluso si sus tesis principales son contradictorias y opuestas? La respuesta será que no si uno mantiene la definición tradicional de la verdad. La respuesta será que sí si uno adopta la nueva definición de la verdad, concebida no en relación al ser y a las leyes inmutables sino en relación a las diferentes experiencias religiosas. Estas definiciones sólo buscan reconciliarnos con el modernismo.

Debe recordarse que en Diciembre 1 de 1924 el Santo Oficio condenó 12 proposiciones tomadas de la filosofía de la Acción entre las cuales estaba la número 5 o la nueva definición de la verdad: «La verdad no se encuentra en ningún acto particular del intelecto donde se dé la conformidad con el objeto como dicen los Escolásticos sino que en su lugar la verdad siempre está en un estado de devenir y consiste en un alineamiento progresivo del entendimiento con la vida, de hecho es un proceso perpetuo mediante el cual el intelecto se esfuerza por desarrollar y explicar eso que le presenta la experiencia o la acción le requiere: por cuyo principio, más aun, así como en toda progresión, nunca nada está determinado o fijado.» (18) La última de estas proposiciones condenadas es: «Incluso luego de que la Fe ha sido recibida el hombre no debe descansar en los dogmas de la religión y aferrarse a ellos fija e inamoviblemente sino que siempre solícito debe moverse hacia delante hacia una verdad más profunda e incluso evolucionar hacia nuevos conceptos y hasta corregir eso que él cree.» (19)

Muchos que no acogieron estas advertencias ahora han vuelto a estos errores.

Pero entonces, ¿cómo se puede mantener que la gracia santificante es esencialmente gracia sobrenatural, gratis, de ninguna manera debida a la naturaleza humana ni a la naturaleza angelical?

Santo Tomás articuló claramente este principio con la luz de la Revelación; las facultades, los «hábitos» y sus actos son especificados por su objeto formal; o el objeto formal de la inteligencia huma e incluso el de la inteligencia angelical son inmensamente inferiores al objeto propio de la inteligencia divina (20). Pero si uno deja de lado toda metafísica en orden a ser saciado con estudio histórico e introspección psicológica, el texto de Santo Tomás se hace ininteligible. Desde este punto de vista ¿que será mantenido por la doctrina tradicional sobre que la distinción no es contingente sino necesitada en virtud del orden de la gracia y el de la naturaleza?

Sobre este asunto hay un libro reciente del Padre Henri de Lubac, Surnaturel(Etudes historiques) (21), sobre la posible impecabilidad de los ángeles en el orden natural en el que él escribe: «Nada es dicho por Santo Tomás en relación a una distinción, que luego será falsificada por un número de teólogos Tomistas, entre ‘Dios autor del orden natural’ y ‘Dios autor del orden sobrenatural’… como si la beatitud natural… en el caso de los ángeles tuviera que resultar de una actividad infalible, no-pecar»(22).

Por el contrario, Santo Tomás frecuentemente distingue el fin último sobrenatural del fin último natural (23), y en relación al diablo, dice (24): «El pecado del diablo no fue en relación a nada que le compete al orden natural, sino de acuerdo a algo sobrenatural» (25).

Así uno se volvería completamente desinteresado de la pronuntiata maiora (pronunciamientos mayores) de la doctrina filosófica de Santo Tomás, esto es, en las 24 tesis Tomistas aprobadas en 1916 por la Sagrada Congregación de los Estudios.

Todavía más, el Padre Gaston Fessard, S.J. en Les Etudes, Noviembre de 1945,26 habla de la «bienvenida somnolencia que protege al Tomismo canonizado, pero también, como Péguy ha dicho: ‘lo enterró’ y por su parte las escuelas de pensamiento dedicadas a lo contrario están llenas de vida».

En la misma revista en Abril de 1946 se dijo que el neo-Tomismo y las decisiones de la Comisión Bíblica son «una barandilla, pero no una respuesta». Y se propuso que el Tomismo fuera reemplazado, como si León XIII y la encíclica Aeternis Patris hubiesen sido burladas, como si Pío X al revivir las mismas recomendaciones hubiese tomado una ruta falsa? Y ¿sobre qué sendero terminan esos que fueron inspirados por esta nueva teología? ¿Dónde sino en el camino del escepticismo, la fantasía y la herejía? Su Santidad Pío XII recientemente dijo en un Discurso públicado en L’Osservatore Romano el 19 de Diciembre de 1946:

«Hay una buena cantidad de charla (pero sin la claridad necesaria de conceptos) sobre una ‘nueva teología’, la que debe estar en transformación constante siguiendo el ejemplo de todas las otras cosas en el mundo las cuales están en un estado constante de flujo y movimiento sin nunca llegar a su término. Si fuésemos a aceptar tal opinión ¿qué sería de los dogmas inmutables de la Fe Católica; y qué sería de la unidad y estabilidad de la Fe?« (27).

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2. Aplicación de Nuevos Principios a las Doctrinas del Pecado Original y la Eucaristía
Algunos dirán sin duda que exageramos, pero incluso un error pequeño en relación a las primeras ideas y primeros principios tiene consecuencias incalculables que no se prevén por esos que a su vez han sido burlados. Las consecuencias de los puntos de vista nuevos, algunas de las cuales ya hemos revisado, han ido más allá de los pronósticos de los autores que hemos citado. No es difícil ver estas consecuencias en algunas publicaciones escritas a máquina que han sido enviadas (algunas desde 1934) al clero, seminarios e intelectuales Católicos; uno encuentra en ellas las aseveraciones más singulares y le negación del pecado original y la Presencia Real.

Algunas veces, en estas mismas publicaciones circulantes, antes de que tales novedades sean propuestas el lector es condicionado al decírsele: Esto puede parecer alocado al principio, sin embargo, si usted mira de cerca, no es ilógico. Y muchos terminan creyéndolo. Esos con inteligencias superficiales lo adoptarán, y el edicto: «una verdad que no es actual, ya no es verdadera» saldrá a camino. Algunos se ven tentados a concluir: «Parece que la doctrina de los dolores eternos en el infierno ya no es actual, y por lo tanto ya no es verdadera». Se dice en el Evangelio que un día la caridad será congelada en muchos corazones y ellos serán seducidos por el error.

Es una obligación de conciencia estricta para los teólogos tradicionales el responder. De otra manera, ellos negarían gravemente su deber y serán hechos responsables de esto delante de Dios. 

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En los archivos copiados y distribuidos en Francia en años recientes (al menos desde 1934, algunos de los cuales este escritor tiene), son enseñadas las doctrinas más fantásticas y falsas sobre el pecado original.

En estos mismos archivos, el acto de la Fe Cristiana no se define como una verdad sobrenatural e infalible de acuerdo a las verdades reveladas en base a la autoridad de Dios Quien las revela (28), sino como una creencia del espíritu en relación a un punto de vista sobre el universo. Esta perspectiva refleja lo que es posible y más probable, pero no demostrable. La Fe se convierte en un ensamble de opiniones probables. Desde este punto de vista, Adán parece ser no un hombre individual de quien desciende la especie humana, sino que es, en su lugar, un colectivo.

Así, desde este punto de vista, se hace imposible asirse a la doctrina revelada del pecado original como es explicado por San Pablo, Rom. 5, 18: «Por lo tanto como por la ofensa de uno vino la condenación sobre todos los hombres; así mismo por la justicia de uno, vino la justificación de la vida sobre todos los hombres» (29). Todos los Padres de la Iglesia, quienes eran intérpretes autorizados de Las Escrituras en su enseñanza sagrada constante, siempre han significado que Adán era un hombre individual así como después de Cristo y no un colectivo.30 Pero lo que se no propone ahora es una probabilidad con un significado contrario al significado de la enseñanza del Concilio de Orange y Trento, Denz. 175, 789, 791, 793 (31).

Más lejos, desde este punto de vista, la Encarnación de La Palabra sería meramente un momento en la evolución universal.

La hipótesis de la evolución material del mundo es extendida hacia el orden espiritual. El mundo sobrenatural está en evolución hacia la venida plena de Cristo.

El pecado, en cuanto a que afecta el alma, es algo espiritual y por tanto intemporal. Así, es de poca importancia para Dios que el pecado haya tomado lugar al principio de la historia de la humanidad o durante el curso de la historia.

El deseo entonces es cambiar no sólo el modo expositivo de la teología, sino incluso la naturaleza de la teología, tanto como la del dogma. Ya no se considera el punto de vista de la fe infusa por la Revelación divina e interpretada por la Iglesia en sus Concilios. Ya no es más una cuestión de los Concilios sino un reemplazo de los mismos con un punto de vista biológico concebido tortuosamente por una tenue luz artificial; sólo para llegar a los puntos de vistas más fantásticos que recuerdan aquellos del evolucionismo Hegeliano que permite que los dogmas sean retenidos sólo en nombre.

Esta es la manera de los racionalistas, la escuela más deseada por los enemigos de la fe, que lo reduce todo a meras opiniones cambiables de manera que no se retenga valor en ellas. ¿Qué permanece de la palabra de Dios dado al mundo para la salvación de las almas?

En los artículos titulados «Cómo creo» uno lee (32):

«Si nosotros queremos, nosotros los otros Cristianos, conservarle a Cristo las cualidades que son la base de Su poder y nuestra adoración, no podemos hacer nada mejor o incluso nada más que aceptar completamente las ideas más modernas sobre la Evolución. Bajo presión, la unión de Ciencia y filosofía ocurre, y el Mundo se impone a sí mismo más y más sobre nuestra experiencia y nuestros pensamientos como un sistema vinculado por actividades que gradualmente nos levantan hacia la libertad de conciencia. La única interpretación satisfactoria de este proceso es esa que lo considera como irreversible y convergente. Así antes de que nosotros llegáramos había un Centro cósmico universal, hacia donde todo apunta, donde Todo es sentido o donde todo se mezcla entre sí. ¡Ah!, es el polo físico de lo universal. La evolución es necesaria para localizar y reconocer la plenitud de Cristo… Al descubrir el vértice del mundo, la evolución permite que Cristo y todo lo que Él dio en servicio de que el mundo tenga sentido, y también hace que la evolución sea posible.

Yo estoy perfectamente al tanto de las proporciones asombrosas de esta idea… pero, al imaginar una maravilla paralela, no puedo hacer nada más sino notar, en términos de la realidad física, las expresiones jurídicas en que La Iglesia deposita su Fe… he llegado decididamente al descubrimiento de que sólo puedo ir en esa dirección que me permite progresar, y consecuentemente salvar mi Fe.

En primer lugar, el Catolicismo me engañó con su estrecha definición del Mundo y por su fracaso al entender el rol de la Materia. Ahora reconozco que por medio de la Encarnación de Dios se me fue revelado que sólo soy capaz de salvarme al unirme al universo. Y mi más profundas esperanzas ‘panteístas’ son guiadas, reafirmadas y satisfechas gracias a esta misma confianza (en el universo). El Mundo a mi alrededor se vuelve divino…

Una convergencia general de las religiones hacia un Cristo-universal, quien fundamentalmente satisface a cada uno: esta me parece ser la única conversión posible para el Mundo y la única forma imaginable para la Religión del futuro» (33).

Así el mundo material habrá evolucionado hacia el espíritu y el mundo del espíritu evolucionaría naturalmente, es decir, hacia lo sobrenatural y hacia la plenitud de Cristo. Así la Encarnación del Mundo, el cuerpo místico, el Cristo universal serían momentos de la Evolución y basándose en este punto de vista de un progreso constante desde el principio parecería que no hubo una caída al principio de la historia de la humanidad sino un progreso constante del bien que triunfa sobre el mal de acuerdo a las mismas leyes de la evolución. El pecado original en nosotros sería el resultado de las culpas del hombre, las que habrían ejercido una influencia mortal sobre la humanidad.

Véase entonces qué permanece de los dogmas Cristianos en esta teoría que se distancia de nuestro Credo en proporción a su acercamiento al evolucionismo Hegeliano.

En el trabajo citado anteriormente el escrito dice: «He tomado el único camino que me parece posible para alcanzar el progreso y consecuentemente para salvar mi Fe». Esto por lo tanto significa que la Fe de por sí sólo salva si ella progresa y cambia tanto que uno ya no pueda reconocer la Fe de los Apóstoles ni la de los Padres de los Concilios. Es una manera de aplicar el principio de la nueva teología: «Una doctrina que ya no es actual, ya no es verdadera» y para algunos es suficiente que ya no sea actual en ciertos sectores. De aquí surge que la verdad está siempre in fieri, nunca inmutable. La Fe es la conformidad del juicio, no con el ser y sus leyes necesarias, sino con la vida, la que está evolucionando constantemente y por siempre. Es aquí exactamente hacia donde las proposiciones condenadas por el Santo Oficio en Diciembre 1 de 1924 nos llevan y ya las hemos citado anteriormente (34): «Ninguna proposición abstracta puede tener en sí misma una verdad inmutable. Incluso luego de que la Fe ha sido recibida el hombre no debe descansar en los dogmas de la religión y aferrarse a ellos fija e inamoviblemente sino que siempre solícito debe moverse hacia delante hacia una verdad más profunda e incluso evolucionar hacia nuevos conceptos y hasta corregir eso que él cree»(35).

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Tenemos otro ejemplo de la misma desviación en las publicaciones escritas a máquina sobre la Presencia Real, las cuales han estado circulando por algunos meses entre el clero. Estas dicen, formalmente, que el problema real de la Presencia Real no estuvo bien presentado: «La respuesta a todas las dificultades que fueron presentadas fue: Cristo está presente en la manera de una sustancia… Esta explicación no tocó el problema real. Añadimos que en su claridad engañosa se suprimió el misterio religioso. Estrictamente hablando ahí no queda un misterio, no hay nada más que una maravilla».

Así es Santo Tomás el que no sabía cómo presentar el problema de la Presencia Real y su solución: la presencia del Cuerpo de Cristo a modo de sustancia (36) sería ilusoria; su claridad es una claridad engañosa.

Se nos advierte que la nueva explicación propuesta «implica evidentemente que el método de reflexión sustituye al método escolástico por uno Cartesiano y Espinozano».

Un poco más allá en cuanto a la transubstanciación uno lee: «Esta palabra no deja de tener sus inconveniencias, así como el pecado original. Ellas responden a una manera en la que los escolásticos concebían y definían esta transformación y su definición es inadmisible«.

Aquí el escritor se distancia no sólo de Santo Tomás sino del Concilio de Trento (37) porque el Concilio definió la transubstanciación como verdadera por la fe e incluso dijo: «un cambio que la Iglesia Católica de la manera más apropiada llama transustanciación» (38). Hoy estos nuevos teólogos dicen:

«No sólo es esta palabra inconveniente… ella se corresponde con una definición y concepto inadmisibles».

En la perspectiva escolástica, en la que la realidad de las cosas es ‘la substancia’, la cosa podría no cambiar, sólo si la sustancia cambia… por la transubstanciación. De acuerdo al punto de vista actual, donde, en virtud de la ofrenda que fue hecha de acuerdo a un rito determinado por Cristo, el pan y el vino se convirtieron en el símbolo eficaz del sacrificio de Cristo y consecuentemente de la presencia espiritual y su ser religioso fue cambiado, no sólamente su substancia (39). Y también: «Esto es lo que podemos designar como transubstanciación».

Pero está claro que esta ya no es la transubstanciación definida por el Concilio de Trento: «esa conversión singular de toda la substancia del pan en el cuerpo y de la substancia entera del vino en la sangre, las especies del pan y el vino sólo permanecen» (40). Es evidente que el sentido del Concilio no es mantenido con la introducción de estos nuevos conceptos. El pan y el vino se han convertido sólo en «los símbolos eficaces de la presencia espiritual de Cristo».

Esto nos trae particularmente cerca a la posición modernista que no afirma la Presencia Real del Cuerpo de Cristo en la Eucaristía sino que solamente dice desde un punto de vista práctico y religioso: Compórtate en relación a la Eucaristía de la misma manera que te comportarías en relación a la humanidad de Cristo.

En estas mismas publicaciones circulantes se hace exactamente lo mismo con el misterio de la Encarnación: «Aunque Cristo es verdaderamente Dios uno no puede decir que, por causa de Él, Dios estaba presente en la tierra de Judea… Dios no estaba más presente en Palestina que lo que estaba en cualquier otro sitio. El signo eficaz de la presencia divina se manifestó en Palestina en el Primer Siglo de nuestra época y esto es todo lo que uno puede decir» (41).

Finalmente el mismo escritor añade: «El problema de la causalidad de los sacramentos es un problema falso, nacido de un método falso al proponer la pregunta».


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Nosotros no creemos que los autores que hemos tratado han abandonado la doctrina de Santo Tomás. En vez de eso ellos nunca se adhirieron a ella ni siquiera la entendieron muy bien. Esto es entristecedor e inquietante.

¿No sería que sólo los escépticos pueden ser formados a través de este tipo de enseñanza ya que nada cierto se propone en lugar de Santo Tomás? Más aun ellos pretenden someterse a la enseñanza de la Iglesia, pero ¿cuál es la substancia de esta sumisión?

Un profesor de teología me escribió:

«En efecto, el concepto mismo de la verdad ha sido puesto en debate y sin darse cuenta plenamente de esto así han vuelto al modernismo tanto en pensamiento como en acción. Los escritos de los que me hablas son muy leídos en Francia. Es cierto que ellos ejercen una gran influencia en las almas de tipo promedio. Tienen poco efecto en las personas serias. Es necesario escribirle a esos que tienen el deseo sincero de ser iluminados».

Seguramente la Iglesia no sólo reconoció la autoridad de Santo Tomás en el ámbito de la teología sino, por extensión, también en la filosofía. Contrario a sus aseveraciones la Encíclica Aeternis Patris de León XIII habla sobre todo de la filosofía de Santo Tomás. De la misma manera las 24 tesis Tomistas propuestas en 1916 por la Sagrada Congregación de los Estudios son de orden filosófico, y si estas pronunciata maiora de Santo Tomás no son certificadas entonces ¿cómo puede tener valor esta teología si ellas son constantemente reiteradas en filosofía? Finalmente ya hemos citado a Pío X quien escribió: «Le encomendamos a los profesores tener bien presente en mente que ellos no pueden dejar de lado a Santo Tomás, especialmente en las cuestiones metafísicas, sin graves desventajas.Un pequeño error en principio, dice Santo Tomás, es un gran error en conclusión«.

¿De dónde vienen estas tendencias? Un buen analista me escribió:

«Estamos cosechando los frutos de una asistencia no vigilada a las clases universitarias. Esos que han intentado asistir a las clases de los maestros del pensamiento modernista con la intención de convertirlos se han permitido ser convertidos por ellos. Poco a poco llegan a aceptar sus ideas, sus métodos, su desprecio por el escolasticismo, su historicismo, su idealismo y todos sus errores. Si este es el resultado de esos que han sido formados, seguramente es peligroso para los otros».

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Conclusión: ¿A dónde va la Nueva Teología?

Ella vuelve al modernismo. Porque aceptó la proposición que era intrínseca al modernismo: esa de sustituir, como si fuese ilusoria, la definición tradicional de la verdad: adequatio rei et intellectus (la adecuación del intelecto con la realidad) por la definición subjetiva: adequatio realis mentis et vitae (la adecuación del intelecto con la vida). Eso quedó definido más explicitamente en la proposición citada, la que surgió de la filosofía de la acción y que fue condenada por el Santo Oficio en Diciembre 1 de 1924: «La verdad no se encuentra en ningún acto particular del intelecto donde se dé la conformidad con el objeto como dicen los Escolásticos sino que en su lugar la verdad siempre está en un estado de devenir y consiste en un alineamiento progresivo del entendimiento con la vida, de hecho es un proceso perpetuo mediante el cual el intelecto se esfuerza por desarrollar y explicar eso que le presenta la experiencia o la acción le requiere: por cuyo principio, más aun, así como en toda progresión, nunca nada está determinado o fijado.»18 (v. Monitore ecclesiastico, 1925, t. I, p. 194.)

La verdad ya no es la conformidad del juicio con la realidad intuitiva y sus leyes inmutables sino la conformidad del juicio con las exigencias de la acción y con la vida que continúa evolucionando. La filosofía del ser u ontología es sustituida por la filosofía de la acción que define la verdad no ya como una función del ser sino de la acción.

Por lo tanto es modernismo repetido: «La verdad no es más inmutable que el hombre mismo en cuanto que ella evoluciona junto con él, en él y a través de él» (42). También Pío X dijo de los modernistas: «ellos pervierten el concepto eterno de la verdad».

Esto es lo que nuestro mentor el Padre M.B.Schwalm previó en sus artículos en Revue thomiste (de 1896 a 1898) (43) sobre la filosofía de la acción, sobre el dogmatismo moral del Padre Laberbtonnière, sobre la crisis de la apologética contemporánea, sobre las ilusiones del idealismo y sobre los peligros que todos estos significaban para la Fe.

Pero mientras algunos pensaban que el Padre Schwalm había exagerado, poco a poco ellos concedieron el derecho a citar la nueva definición de la verdad, y más o menos cesaron de defender de la definición tradicional de la verdad tanto como la conformidad del juicio con el ser intuitivo y las leyes inmutables de la no-contradicción, la causalidad, etc. Para ellos la verdad ya no es eso que es, sino eso que deviene y está siempre y constantemente cambiando.

Por lo que dejar de defender la definición tradicional de la verdad al permitir que sea ilusoria es entonces necesario sustituir por lo vitalista y evolucionario. Esto lleva entonces a un relativismo completo y es un error serio.

Más aun, esto lleva a decir lo que los enemigos de la Iglesia quieren llevarnos a decir. Cuando uno lee sus trabajos recientes uno ve que están completamente contentos y ellos mismos proponen interpretaciones de nuestros dogmas, ya sea en relación al pecado original, el mal cósmico, la Encarnación, la Redención, la Eucaristía, la integración universal final, el Cristo cósmico, la convergencia de todas las religiones hacia un centro cósmico universal.44

Uno entiende por qué el Santo Padre en su reciente discurso publicado en Septiembre 19 de 1946, edición de L’Oservartore Romano, dijo cuando hablaba de la «nueva teología»: «si fuésemos a aceptar tal opinión ¿qué sería de los dogmas inmutables de la Fe Católica; y qué sería de la unidad y estabilidad de la Fe?«.

Aun más, ya que la Providencia sólo permite el mal por una razón buena, y ya que vemos entre nosotros una excelente reacción en contra de los errores que hemos enfatizado aquí, podemos esperar que estas desviaciones sean la ocasión de una verdadera renovación doctrinal, conseguida mediante un profundo estudio de la obra de Santo Tomás, cuyo valor es más y más aparente cuándos se compara con el desarreglo intelectual de hoy (45).

Notas

1. 1944, p. 219.
2. Énfasis añadido.
3. ibid, p. 213ss.
4. p. 224.
5. «Philosophiae rationalis ac theologiae studia et alumnorumin his disciplinis institutionem professores omnino pertractent ad Angelici Doctoris rationem, doctrinam, et principia, eaque sancte teneant.» (Código de Derecho Canónico, Can. 1366, n.2)
6. op. cit., p. 221.
7. ibid.
8. He explicado esto más completamente en Le Sens commun, la philosophie de l’etre et les formules dogmatiques 4ta edición, 1936, p. 362ss.
9. CF. Denzinger, 789, 821.
10. Más aun está definido que las virtudes infusas (sobre todo las vvirtudes teologales), que se derivan de la gracia habitual, son cualidades, principios permanentes de operaciones meritorias sobrenaturales; es por lo tanto necesario que la gracia habitual o gracia santificante (por la que estamos en el estado de gracia), de la que estas virtudes proceden como de su fuente, sean ellas mismas una cualidad infusa permanente y de ninguna manera una moción como lo es la gracia actual. Por lo tanto es mucho antes de Santo Tomás que la Fe, la esperanza y la caridad eran concebidas como virtudes infusas. ¿Qué podría ser más claro? ¿Por qué volverse a la era de Santo Tomás con el pretexto de adelantarse a estas preguntas y poner en duda las verdades más ciertas y fundamentales? Hacer esto es una indicación del desarreglo intelectual de nuestros tiempos.
11. El Sr. Maurice Blondel escribió en Les Annals de Philosophie chrétienne, Junio 15 de 1906, p. 235: «Por la abstracta y quimérica adaequatio vei et intellectus uno sustituye la investigación metódica l’adaequatio realis mentis et vitae.» No está falto de gran responsabilidad el que uno llame «quimérica» la definición tradicional de la verdad definida por siglos en la Iglesia y que uno hable de ella al sustituirla con otra en cada área que comprende la Fe teológica.

¿Han corregido las subsecuentes obras de Blondel esta desviación? Somos incapaces de asegurar eso. Él también dice en L’Ètre et les ètres, 1935, p. 415: «Cualquier evidencia intelectual, incluso la de los mismos principios absolutos y que tienen un valor ontológico imponen sobre nosotros una forma restringida de certeza.» En orden a admitir el valor ontológico de estos principios uno debe tener una elección libre y por medio de esta elección su valor ontológico se hace por lo tanto sólo probable. Pero es necesario admitirlo de acuerdo a la necesidad de la acción secundum conformitatem mentis et vitae. No puede ser de otra manera si uno sustituye lafilosofía de la acción por la filosfía del ser u ontología. Así la verdad no se definió como una función del ser sino de la acción. Todo fue cambiado. Un error en relación a la primera idea de la verdad da paso a un error en relación a todo el resto. Ver también en La Pensée de Blondel (1934) V.I, p. 39, 130-136, 347, 355; y V. II. P. 65 ss., 90, 96-196.
12. per conformitatem cum ente extramentali et legibus eius immutabilibus, an per conformitatem cum exigentiis vitae humanae quae semper evolvitur?
13. “ya no adaequatio rei et intellectus, sino conformitas mentis et vitae.”
14. Otro teólogo, quien citaremos más adelante, nos pide decir que al momento del Concilio de Trento la transubstanciación fue concebida como el cambio, la conversión de la substancia del pan en el Cuerpo de Cristo, pero que hoy se ha venido a pensar en la transubstanciación sin el cambio de substancia, significando que la substancia del pan, que permanece, se convierte en el signo eficaz del Cuerpo de Cristo. Y que esto pretende ¡¡¡conservar el sentido del Concilio!!!
15. “Veritas non est immutabilis plusquam ipse homo, quippe quae cum ipso, in ipso et per ipsum evolvitur”. (Denz. 2058)
16. “aeternam veritatis notionem pervertunt.” (Denz 2080)
17. “Magistros autem monemus, ut rite hoc teneant Aquinatem vel parum deserere,praesertim in re metaphysica, non sine magno detrimento esse. Parvus error in principio, sic verbis ipsius Aquinatis licet uti, est magnus in fine.” (Encíclica Pascendi)
18. “conformitas cum obiecto, ut aiunt scholastici, sed veritas est semper in fieri, consistitque in adaequatione progressiva intellectus et vitae, scil. in motu quodam perpetuo, quo intellectus evolvere et explicare nititur id quod parit experientia vel exigit actio: ea tamen lege ut in toto progressu nihil unquam ratum fixumque habeatur.” La última de estas proposiciones condenadas es: “Etiam post fidem conceptam, homo non debet quiescere in dogmatibus religionis, eisque fixe et immobiliter adhaerere, sed semper anxius manere progrediendi ad ulteriorem veritatem, nempe evolvendo in novus sensus, immo et corrigendo id quod credit.”
19. Estas proposiciones condenadas se encuentran en Monitore ecclesiastico, 1925, p. 194; en Documentation catholique, 1925, V. I. p. 771 ss., y en Praelectiones Theologiae naturalis por el Padre Descoqs, 1932, VI, p. 150, V. II, p. 287ss.
20. La Deidad o la íntima vida de Dios, cf. 1a , q. 12, a.4.
21. 1946, p. 254.
22. Ibid, p. 275.
23. CF. 1st, q. 23, a. 1: “Finis ad quemres creatae ordinatur a Deo est duplex. Unus, qui excedit proportionem naturae creatae et facultatem, et hic finis est vita aeterna, quae in divina visione consistit: quae est supra naturm cuiuslibet creaturae, ut supra habitum est» 1st, q. 12, a. 4. «Alius autem finis est naturae creatae proportionatus, quem scil. res creata potest attingere sec. Virtutem suae naturae.” Item Ist. Iind, q. 62, a. 1: “Est autem duplex hominis beatitudo, sive felicitas, ut supra dictum est,» q. 3. A. 2 ad 4; 1. 5, a.5. «Una quidem proportionata humanae naturae, ad quam scil. homo prevenire potest per principia suae naturae. Alia autem est beatitudo, naturam hominis excedens.»
Item de Veritate, q. 14, a. 2 : “Est autem duplex hominis boum ultimum. Quorum unum est proportionatum naturae … haec est felicitas de qua philosophi locuti sunt … Aliud est bonum naturae humanae proportionem excedens.” Si uno ya no admite la distinción clásica entre el orden de la naturaleza y el orden de la gracia, uno diría que la gracia es el logro normal obligatorio de la naturaleza, y la concesión de tal favor no permanece menos, uno diría, libre, como la creación y todo lo que le sigue, porque la creación ya no es necesaria. A lo que el Padre Descoqs, S.J. en su pequeño libroAutour de la crise du Transformism 2da. edición, 1944, p. 84, muy legítimamente responde: “Esta explicación nos parece estar en distinguida oposición a la más explícita enseñanza Católica. También contiene una concepción evidentemente errónea de la gracia. La creación nunca es una gracia en el sentido teológico de la palabra, la gracia sólo se puede encontrar en relación a la naturaleza. En tal perspectiva, el orden natural desaparece.»
24. De malo, 1.16, a.3.
25. “Peccatum diaboli non fuit in aliquo quod pertinet ad ordinem naturalem, sed secundum aliquid supernaturale.” Item 1a, 1.63, a. I. ad 3.
26. p. 269-270.
27. “Plura dicta sunt, at non satis explorata ratione ‘de nova theologia’ quae cum universis semper volventibus rebus, una volvatur, semper itura, numquam perventura. Si talis opinio amplectenda esse videatur, quid fiet de numquam immutandis catholicis dogmatibus, quid de fidei unitate et stabilitate?”
28. propter auctoritatem Dei revelantis.
29. “Sicut per nsius delictum in omnes homines in condemnationem, sic et per unius iustitiam in omnes homines in justificationem vitae. Sicutenim per inoboedientiam unius peccatores constituti sunt multi, ita per unius oboeditionem iusti constituentur multi.” Rom. V, 18.
30. CF. L’Épitre aux Romains, del Padre M. J. Lagrange, O.P. 3ra. Edición, Comentario en el capítulo V.
31. Las dificultades para las ciencias positivistas y para la prehistoria fueron expuestas en el artículo “Polygenism du Dict, de théol. Cath.» Los autores de este artículo, A. y J. Bouyssonie, distinguieron claramente, sección 2536, el alcance de la filosofía como ser «Donde el naturalista, en tanto que él es uno, es incompetente.» Hubiese estado bien si, en ese mismo artículo, la pregunta se hubiese tratado desde tres puntos de vista: el de las ciencias positivas, el de la filosofía y el de la teología, particularmente en relación al dogma y el pecado original.

De acuerdo a varios teólogos, la hipótesis de que antes de Adán había hombres en la tierra que eran de la raza humana, no es contraria a la fe. Pero de acuerdo a la Escritura, la especie humana que está esparcida sobre la tierra entera proviene de Adán, Gén. III. 5…20, Sab. X, I: Rom V 12,18,19; Hechos XVII 26.

También al leer el punto de vista filosófico una intervención libre de Dios al crear el alma humana era necesaria, e incluso para preparar el cuerpo para recibirla. El engendrar una naturaleza inferior no puede de ninguna manera producir este estado superior de su especie; más proviene de menos, contrario al principio de causalidad.

Finalmente, tal como en el artículo citado, 2535, “De acuerdo a los mutacionistas (de hoy) una única semilla dio paso a la nueva especie. La especie fue iniciada por un individuo excepcional (superior).»
32. p. 15.
33. Énfasis añadido. El mismo tipo de ideas casi fantásticas se encuentran en un artículo del Padre Teilhard de Chardin, “Vida y Planetas», publicado en les Études, Mayo de 1946, especialmente p. 158-160 y 168. —- Ver también Cahiers du Monde nouveau, Agosto de 1946, también del Padre de Chardin, “Un grand Evènement qui se dessine: le Planetisation humaine.”

Yo también he citado recientemente una obra del mismo autor tomada de Études, 1921, V. II, p. 543, donde él habla de «La imposibilidad de determinar nuestro comienzo absoluto en el orden del fenómeno.» — A lo que los Sres. Sale y Lafont respondieron legítimamente en L’Évolution regressive, p. 47: “¿No es la creación un comienzo absoluto?” La Fe nos dice que Dios diariamente crea el alma de los bebés, y que en el principio Él creó el alma espiritual del primer hombre. Para Él el milagro es un comienzo absoluto, lo que para nada es repugnante a la razón.
CF: sobre este punto, P. Descoqs, S.J., Autour de la crise du transformisme, 2da. edición, 1944, p. 85.
Finalmente, tal como recalcó el Padre Descoqs, ibid, p. 2 y 7, los teólogos no deberían estar hablando tanto de evolucionismo y transformismo ya que las mejores mentes como la del P. Lemolue, Profesor en el Museum escribe: «La evolución es un tipo de dogma que los sacerdotes no creen, pero que sostienen por su gente. Por lo que es necesario tener el coraje para decirlo, de manera que los hombres de la próxima generación conduzcan su investigación con otros métodos.» CF. Conclusión de V. 5 de L’Encyclopédia française (1937). Dr. H. Rouvière, profesor en el Departamento de Medicina de Paris, miembro de la Academia de Medicina, también escribe en Anatomie philosophique, La finalité dans l’Évolution, p. 37: “La doctrina del transformismo colapsa sobre sí misma… la mayoría de los biólogos se han distanciado de ella porque los defensores del transformismo nunca han producido la menor prueba para soportar su teoría y todo lo conocido acerca de la evolución contradice sus contenciones.»
34. «Nulla propositio abstracta potest haberi ut immutabiliter vera.” “Etiam post fidem conceptam, homo non debet quiescere in dogmatibus religionis, eisque fixe et immobiliter adhaerere, sed semper anxius manere progrediendi ad ulteriorem veritatem, nempe evolvendo in novos sensus, immo et corrigendo id quod credit.” CF: Monitore ecclesiastico, 1925, p. 194.
35. CF: Monitore ecclesiastico, 1925, p. 194.
36. praesentia corporis Christi per modum substantiae.
37. Ses. XIII, cap. 4 y can. 2 (Denz. 877, 884).
38. “quam quidem conversionem catolica Eclesia aptissime transsubstantiationem appelat.”
39. En el mismo artículo leemos: “En la perspectiva escolástica la idea de cosa-signose perdió. En un universo Agustiniano, donde una cosa material no es sólo ella misma sino un signo de realidades espirituales, uno puede decir que una cosa, siendo mediante la voluntad de Dios el signo de otra cosa, lo que era por naturaleza, se podría convertir en otra sin un cambio de apariencia.»

En la perspectiva escolástica la idea de cosa-signo no se perdió para nada. Santo Tomás dice 1ra, q. 1, a. 10: “Auctor S. Scripturae est Deus, in cuius potestate est, ut non solum voces ad significandum accommodet (quod etiam homo facere potest) sed etiam res ipsas.” Así Isaac quien preparado para ser sacrificado es la figura de Cristo, y el maná es la figura de la Eucaristía. Santo Tomás nota esto cuando habla de este sacramento. Pero por la consagración de la Eucaristía el pan no sólo se convierte en el signo del Cuerpo de Cristo, y el vino en el signo de Su Sangre como los sacramentales de los Protestantes se piensan que son. CF. D.T.C. art. Sacramentaire; pero como fue formalmente definido en el Concilio de Trento, la sustancia del pan es cambiada en el Cuerpo de Cristo, el que fue hecho presente per modum substantiae bajo la especie de pan. Y esto no sólo es pertinente para los teólogos de la era del Concilio en relación a la consagración. Esta es la verdad inmutable definida por la Iglesia.
40. “conversio totius substantiae panis in Corpus et totius substantiae vini in Sanguinem, manentibus duntaxat speciebus panis et vini.” Denz. 884.
41. Santo Tomás claramente distingue la triple presencia de Dios: primero, la presencia general de Dios en todas las criaturas que él trajo a la existencia (1ra. q. 8, a. 1);
2do, la presencia especial de Dios en los justos por la gracia. Él está en ellos como en un templo, reconocido por un objeto reconocible cuasi-experimentado., q. 43, a. 3; 3ro, la presencia del Verbo en la humanidad de Jesús mediante la unión hipostática. Así que es cierto que luego de la Encarnación Dios estaba más presente en la Tierra en Judea que en cualquier otro sitio. Pero cuando uno piensa que Santo Tomás ni siquiera había sabido como presentar estos problemas, entonces uno se escapa hacia todo tipo de vuelos de la fantasía y retorna al modernismo con la indiferencia que puede ser leída en cada una de estas páginas.
42. “Veritas non est immutabilis plusquam ipse homo, quippe quae cum ipso, in ipso et per ipsum evolvitur”. (Denz. 2058)
43. 1896, p. 36, sección 413; 1897, p. 62, 239, 627; 1898, p. 578.
44. Autores tales como Téder y Papus, en su explicación de martinist doctrine, enseñan un panteísmo místico y un nuevo-gnosticismo por el que todo sale de Dios por emanación (hay entonces una caída, un mal cósmico, un pecado original sui generis), y todo aspira a ser re-integrado en la divinidad, y todo llegará allí. Esto está en muchas obras ocultistas recientes sobre el Cristo moderno, y plenitud en términos de luz astral, ideas que de ninguna manera son las de la Iglesia y que son inversiones blasfemas porque son siempre la negación panteísta de lo verdaderamente sobrenatural, y regularmente son incluso la negación de la distinción entre el bien moral y el mal moral en orden a permitir sólo eso que es un bien útil o deseable incluyendo el mal cósmico o físico, el cual con la reintegración de todo, sin excepción, desaparecerá.
45. Ciertamente nosotros admitimos que la verdadera experiencia mística, la que procede en los justos de los dones del Espíritu Santo, sobre todo, el don de la sabiduría, confirma la fe, porque nos demuestra que los misterios revelados se corresponden con nuestras más profundas esperanzas y provocan la más alta de esas esperanzas. Reconocemos que hay una verdad de la vida, una conformidad del espíritu con la vida del hombre de buena voluntad y una paz que es el signo de la verdad. Pero esta experiencia mística supone la fe infusa, y el acto de la fe misma supone la fe en los misterios revelados.

Del mismo modo, como lo expresa el Concilio Vaticano, somos capaces de tener, por la luz natural de la razón, la certeza de que Dios existe como el autor de la naturaleza. Solamente por eso, es necesario que los principios de estas pruebas, en particular el de la causalidad, sean verdaderos per conformitatem ad ens extramentale, y que ellos sean demostrables mediante pruebas suficientemente objetivas (sujetas a priore al libre albedrío de hombres de buena voluntad), y no sólamente mediante una prueba suficientemente subjetiva, como lo es esa Kantiana de la existencia de Dios.

Finalmente la verdad práctica de la prudencia (per conformitatem ad intentionem rectam) supone que nuestra intención está verdadera y estrictamente fijada en el último fin del hombre, y el juicio del final de los hombres debe ser verdaderosecundum mentis conformitatem ad realitatem extramentalem. CF. I II. Q. 19, a. 3, ad 2.

Fuente : Infovaticana- año 2013.